Choluteca bastión revolucionario de orgullo y dignidad

Presidente Hernández

Por: Oscar Miguel Marroquín

En sus torpes pensamientos, el dictador Juan Orlando Hernández cree que puede dominarse a un pueblo a fuerza de balas y sangre, tras esto, es fácil inducir que toda la capacidad de raciocinio de este mal logrado nacionalista, bien cabe en la cabeza de un alfiler, en otras palabras, una bacteria seguramente tiene más capacidad de razonamiento que este pobre imberbe abogado salido de la más inmunda cloaca que pueda imaginar ser humano alguno, digo todo esto con el perdón de la naturaleza quien le regaló un poco de oxígeno al nacer.

Los pueblos son la esencia de una nación, y cuando estos se levantan contra una dictadura no existe poder militar alguno que pueda detenerlos, justo por esa razón es que los hombres y mujeres de Choluteca no callan, no se rinden, no se venden, no doblegan sus rodillas ante los gatilleros a sueldo que en ocasiones se hacen llamar Policía Militar, pero que no son más que sicarios al servicio de un ladrón, capaces de asesinar, torturar, desaparecer a quien sea necesario a cambio de unas cuantas migajas.

De tras de estos batallones militares, existen generales y coroneles cuyos uniformes son la más fiel representación de la inmundicia humana, nada de dignidad hay en ellos, nada de orgullo, pero si mucho servilismo ante la corrupción y el narcotráfico, por más que quieran esconderlo, es imposible; la sangre de muchos hombres y mujeres que han caído frente a las balas asesinas del ejército, son la mancha que llevaran los militares sobre sus fatigas, hasta que el pueblo decida eliminar para siempre este cáncer que mata lentamente a la nación hondureña.

Afirmo lo anterior con un poco de historia de lo que ha sido el ejército catracho; por cierto, un ejército lleno de militares cobardes que en aquella guerra contra sus iguales de El Salvador, escondieron la cola entre las patas, y no cabe duda alguna que ante el avance de los salvadoreños hacia suelo hondureño, los generales y coroneles cambiaron sus trajes de gala por coloridas naguas, en un intento por esconderse de los guanacos, pero cuando de asesinar al pueblo se trata, entonces sí son valientes y altivos.

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Por todo lo anterior, los embravecidos hijos e hijas de Choluteca siguen luchando de pie, aun cuando algunos de ellos caen asesinados por las órdenes del rufián dictador; quien cree que no será alcanzado algún día por la justicia, por toda la corrupción, lavado de activos, asesinatos selectivos contra el pueblo, narcotráfico y otros tantos delitos, más equivocado no creo que pueda estar este lampiña nacionalista, pues hay que recordarle que otros ladrones y asesinos como Elías Antonio Saca y Francisco Flores, ambos expresidentes de El Salvador ya fueron sentados ante el banquillo de los acusados y, vistos por el pueblo como vulgares ladrones. No olvide pues el dictador catracho que no siempre lo protegerán sus guaruras y, que más temprano que tarde tendrá que ser apresado, juzgado y sentenciado a vivir tras las rejas.

Solo entonces los gritos combativos de hombres y mujeres del pueblo de Choluteca, se alzarán en cantos de libertad y victoria, y los nombres de los caídos serán escritos en las paredes de este hermoso lugar; entre tanto el zángano dictador Juan Orlando Hernández no volverá a conocer jamás la libertad de transitar por calles y veredas de toda Honduras.

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