Visión y equívocos sobre El Merendón y el Acuífero

Alianza

A propósito de un foro universitario sobre el tema, hoy en UNAH VS

Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

Me enojaba que los aldeanos del interior tuvieran más conciencia y compromiso con su entorno natural que la población más y mejor educada del país, algo, me decía, está fallando terriblemente en esa educación. ¡Qué bueno que hay por fin un inicio de reflexión sobre los problemas ambientales de San Pedro Sula, que afectan a la ciudad y los que la ciudad genera y afectan a otras, que son varios y profundos! Incluso en la Prensa una serie de reportajes de investigación sobre la contaminación por falta de tratamiento de aguas negras, crucial. Y que ahora la academia se plantee la problemática. ¡Magnífico! Porque la mitad del problema es la indiferencia ignorante y la otra mitad el activismo ignaro.

No voy a hablar de todos, muchos equívocos derivan de la falta de ciencia e incomprensión de la ciencia. No estoy capacitado para profundizar en muchos. Algunos deberían saltar a la vista. No voy a hablar de la necesidad de reforestar toda la Sierra de Omoa que rebasa a la ciudad, el Merendón pertinente que tenemos que cuidar sería más bien de El Cusuco hasta Baracoa. Tampoco voy a hablar de la Cota 200, que debe abordarse con sustento técnico y con una demarcación científica. Para no afectar más de lo necesario ni de manera más drástica que lo preciso. Y no solo es ley.

También es ilusa e inútil la normativa que no tiene reglamento ni autoridad concernida y vigilante en lo que respecta a los ríos y acuíferos. El Río Blanco se supone que es el último río limpio que le queda a la ciudad, pero nadie lo está vigilando, mucha gente lo contamina y la pavimentación del Piedemonte también lo ha afectado en forma drástica, debajo de Armenta. (Por fin Aguas de San Pedro está tomando muestras del agua) Solo por alusión, porque vivo a sus orillas y sobre el Acuífero de Suncery me he obligado a estudiar ¿qué cosa es eso? He comprendido que priva en la imaginación de la gente y en la discusión pública una serie de equívocos al respecto. Algunos, gravísimos.

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El principal es un concepto muy equivocado de que el acuífero es una especie de pozo estacionario, un contenedor subterráneo de agua ubicado sobre el área llamada Zona de Recarga y que tiene una cantidad limitada. Que como tenemos ahí un par de pozos importantes de Aguas de San Pedro, si nos abstenemos de extraer más agua o dejamos que llueva sobre esa superficie todo estará bien, ahí estará la reserva que puede abrevarnos a futuro. Y que en cambio si la bombeamos, se acaba. No es así. Empecemos porque, aunque es muy grande y valioso, el Acuífero S. no es capaz de garantizarle a una ciudad como San Pedro Sula cuya población crece geométricamente la totalidad del agua que necesita. Y la ciudad si fuera realmente inteligente, a smart city, ya debería haber pensado en el largo plazo, planificando la explotación publica (hoy solo privada) de otros acuíferos como el de Chotepe y en la derivación de aguas del Chamelecón para plantas de tratamiento. Asegurándose del reciclaje de aguas adecuadamente tratadas. Y educaría a su población en el uso del agua.

El acuífero es un cuerpo de agua más afín o semejante a un río amplio y lento o un lago que fluye, es decir en movimiento, que se desplaza. Un cuerpo de agua que nace en el corazón del Merendón, que sale al Valle por gravedad. Que se recarga en forma vital con el escurrimiento del agua de lluvia al Piedemonte, arenoso de la Montaña (buena parte del cual ya está construido) en donde el agua abundante de las lluvias precipitadas sobre el pico alto, se filtraba al subsuelo y abonaba a la vertiente subterránea, que ya no puede. Por corrupción puede ser, ciertamente por ignorancia de los tomadores de decisiones, unos políticos y otros patrones.

Desde el Merendón el Acuífero camina bajo la superficie. Pasa por el área donde ahora está La Cervecería Hondureña, llamada así porque somos hondureños quienes consumimos su producto, la cual empresa extrae miles de galones de agua del Acuífero al día para su proceso industrial. Y está bien, y nadie tiene que afligirse, si de todas formas nos la vamos a tomar. Dentro de límites. Esa agua es aprovechada, paga su canon al municipio y la que no se extrae, sigue su camino. Se va. Pasa por debajo del Juan Pablo y del Segundo Anillo en donde cada día más corre peligro de contaminarse por un volcamiento como el que recién vimos en Copán.

Y esa amenaza exige prevenir accidentes, con horarios de circulación y límites de velocidad del tráfico pesado. Porque el agua no se va a quedar quieta, pero se va a envenenar si se dan vuelta las cisternas que corren a alta velocidad sobre el Acuífero a todas horas complicando el tráfico desde afuera. Justo sobre la zona de recarga delimitada, de 500 manzanas que el Municipio está protegiendo, de manera poco ilustrada, con prohibiciones que no inhiben ni corrigen las invasiones, ni inducen al desarrollo inteligente, pero que está protegiendo al fin. Y lo más importante es prevenir la contaminación.

Ese lago en lento movimiento el Acuífero de Sunceri sigue caminando, después sobre el área del poblamiento de las colonias nuevas de Villas Salamanca y El Paraíso, debajo del lecho del R Bermejo, bajo El Limonar, y tantas otras, hasta ahí donde está otra gran empresa, Agua Azul que –igual- extrae decenas de miles de galones diarios… que supuestamente purifica y vende a los ciudadanos a los que les gusta pensar que esa es mejor agua, más pura, que el agua que sale de su llave, filtrada. Lo cual es otro problema, no porque la extraigan ahí las bombas, o se nos vaya de las manos, porque la que no saquen otra vez se va a ir, caminando dentro de la tierra sin que haya manera de detenerla. Agua Azul igual supongo paga cánones por lucrarse del agua del subsuelo que es de propiedad pública.

Si no porque ya, a esas alturas, el agua bajo el subsuelo, también está contaminada por las filtraciones desde áreas densamente ocupadas y desde el Bermejo, y no estamos vigilando los procesos de purificación y de repente -además de impurezas filtradas que sabemos que tiene- se está extrayendo del agua minerales que son partes consustanciales de su cualidad nutritiva. No lo sé. Me lo cuestiono. ¿Quién vigila eso?

Se promulgan normativas y establecen prohibiciones que en efecto parten de los equívocos. Se quiere prohibir taxativamente o vía tarifa los pozos y se autoriza ¿el Car Wash con cambio de aceite sobre el Acuífero? Se ha prohibido el desarrollo de la zona invitando a la contaminación, las invasiones y el abandono, por desinterés de los dueños, que es lo peor que puede pasar. Puesto que como consecuencia esa área es territorio de crimen desorganizado, de maras y depredadores que han destruido miles de árboles incluso maderables para leña, sin conciencia de los vecinos ni molestia de la autoridad que vigila el tráfico y deja transitar libremente, no se diga algún estorbo de un ICF sin recursos.

Extensas áreas de esa zona demarcada, la mayor parte a ojo de buen cubero está perfectamente abandonada y no paga impuestos porque hay una suspensión fiscal de la misma Procuraduría sobre el pago de impuestos de un suelo que no se puede usar, cultivar, construir.

En donde debería haber y lo venimos diciendo muchos desde hace décadas, un gran parque o jardín público, como el Parque Central de Nueva York o las Tullereis, de unas cien manzanas, sin pisos de cementos ni canchas asfaltadas ni grandes estructuras impermeabilizadoras del suelo, con arboledas cuidadas y praderas ajardinadas, para el esparcimiento de los sampedranos y mejora de su atmosfera.

Necesitamos eso, proteger realmente los acuíferos contra la contaminación y proteger los ríos, parques, vigilancia técnica continuada de los recursos hídricos de la ciudad, ordenanzas y normativas inteligentes, ilustradas para inducir el desarrollo sostenible y una agencia o cuerpo de gente que haga respetar esas normas.

Hay que fortalecer a DIMA para eso, por ley, desde el municipio, con formación técnica para su personal. Y luego darle el poder para protegernos. Mucho se podría lograr con poca gente y nueva tecnología, faltan luz y voluntad ilustrada. Falta visión.

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