La fiera está acorralada; de lo contrario, no cometería tantas torpezas

De la prepotencia al ridículo

Por: Jaime Flores

Juan Orlando Hernández es una fiera acorralada y gravemente herida que respira artificialmente. No obstante, el tanque de oxígeno que lo mantiene en el poder se está vaciando y no tarda en sonar la alarma, a lo que se suma la amenaza de una  mano invisible que lo puede desconectar y dejarlo abandonado a su suerte.

De lo contrario, no hubiese cometido la torpeza de ordenar la captura y posterior confinamiento del periodista David Romero. A todas luces es un mensaje para el resto de comunicadores. Como dice el refrán: “el entendido a señas y el burro a leña”.

Con esta ejecutoria el aprendiz de dictador no sólo se lleva entre los cascos la poca imagen que le queda (un 36 % según el estudio de percepción del Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación –ERICK-), sino que rebaja a la categoría de canes, por su obediencia, a los magistrados de la Suprema Corte, que no necesitan de más para aumentar su desprestigio.

No hay duda de que el aprendiz de dictador dio la orden. Así lo reconoce el pastor fundamentalista y Ministro de la Presidencia, Ebal Díaz, quien también -y por denuncias del propio Romero Ellner- tiene que responder ante los tribunales por una denuncia de acoso sexual en su contra. Sólo es cuestión de tiempo.

Se puede estar en contra de este polémico periodista y también se le puede acusar de cometer excesos, pero justo es reconocer que nadie en el país ha abordado la corrupción de Juan Hernández y su círculo familiar como él. Único motivo para enviarlo a las ergástulas penitenciarias.

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No todas las denuncias de Romero Ellner, las que ponen nervioso y ansioso al aprendiz de dictador y  lo obligan a tomar ansiolíticos, son aquellas que lo vinculan con su hermano, un capo del narcotráfico, quien se encuentra preso y a la espera de un juicio por ese delito en los Estados Unidos. Los gringos hacen pagar caro a quien use su territorio para realizar fechorías.

La desesperación de este aprendiz de dictador es tal que hizo caso omiso a las resoluciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH); dentro de ellas, dejar en suspenso la orden de captura que pesaba en contra del periodista.

A las denuncias de Romero Ellner, ahora se suma la de la Congresista estadounidense Norma Torres, que prácticamente lo acusó de narcotraficante: una estocada mortal. No obstante, el aprendiz de dictador tiene aire todavía para  seguirle jorobando la vida al pueblo hondureño, aunque su suerte está echada.

 Ojalá Juan Hernández acepte paladinamente lo que el futuro le depara, ya que el daño que le ha hecho a este pueblo imbecilizado por el alcohol, las telenovelas y el futbol es demasiado y tendrá que pagarlo y para él no hay otro lugar que la cárcel.

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