«Hay vienen los indios!»

Por: Lorenzo García Santos

Ante el Estado fallido y lo fallido del Estado en su alcance fatal a las Clases sociales, estamentos y sociedades de la comunidad que comprende la República de Honduras los ciudadanos buscan la forma de darle respuesta y compostura a tan desventurada situación. La Clase obrera organizada fue anulada con el concurso oportunista de dirigentes traidores entronizados para el ejercicio de la colaboración con el partido de gobierno.

Los maestros ferozmente reprimidos (y vendidos por sus dirigentes corruptos que ascendieron hasta Secretarios de Estado en Educación) fueron disminuidos en sus derechos pisoteándoles su Estatuto hasta la anulación formal, descapitalizándoles su Instituto de Previsión y burlándose de su Escalafón hasta el extremo de jugar con sus jubilaciones. Aquella fuerza organizada de trabajadores, campesinos, estudiantes, pobladores, maestros y artesanos que otrora hacía pensar a los gobiernos de turno fue reducida a la mínima expresión principalmente por los gobiernos cachurecos desde Callejas despedazando el movimiento sindical e inutilizando el movimiento campesino, hasta estos días descalabrados de JOH. 

Antes 1994 las etnias nacionales habían estado silentes, defendiendo sus territorios con el costo de sus asesinatos impunes cometidos por terratenientes y comebosques, en donde siempre y en todos los Departamentos los autóctonos pusieron los muertos. En julio y octubre del año mencionado el COPINH apareció en escena por vez primera liderando dos Peregrinaciones las que convergieron lencas intibucanas y paceños, chortís de la frontera chapina, xicaques de Yoro y negros garífunas en su exigencia por la ratificación del Convenio 169 de la OIT y otras exigencias de infraestructura y asistencia médica y educativa. Quienes recordamos esa gesta conocemos de la constancia, organización, determinación y estoicismo de aquellos aborígenes pobres y desdichados que vinieron a la Capital a exigir lo suyo y a quedarse, dispuestos a morir si no los escuchaban. 

De esa lucha primaria surgió una inmensa epidemia concientizadora que tocó a las capas y estratos de las comunidades étnicas permitiendo la aparición de líderes comunales que supieron transmitir a sus poblaciones el germen de una semilla liberadora contenida en un instrumento legal llamado Convenio 169 de la OIT.

No abundaré en la figura de la asesinada Bertha Cáceres porque de todos es conocido su denodada lucha política por la mejoría de condiciones de vida de los indígenas en todos sus niveles y a partir de su instrumento de lucha llamado COPINH. Cobra mayor protagonismo su actuar organizativo después del Golpe de Estado de 2009 porque estos descendientes de Elempira mostraron brava resistencia a las macanas y gases lacrimógenos en la represión desatada por los antimotines, cobras y policías militares.

El depuesto Presidente Mel Zelaya expresó el otro día que para derrocar al gobierno espurio de JOH requería determinada cantidad de personas con arrojo y disposición. 

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De repente vemos ayer 1 de abril que una inmensa fila de lencas a manera de serpiente camina y avanza sobre los hombros de la calle pavimentada con dirección a Tegucigalpa, son los indios que ahí vienen con la misma disposición de aquel 1994, pero más fogueados, vienen exigiendo condonaciones a las deudas de los productores intibucanos, vienen exigiendo la liberación de seis de sus hermanos lencas presos por reivindicar las disposiciones del Convenio 169 y además de todos los presos políticos del régimen; de corolario exigen la desmilitarización de la sociedad.

En las crónicas de Antonio de Herrera se relata que en Cerquín (1520), una vez convocados por Lempira los jefes de tribu cares, lencas y potones para constituir una tropa federada de 2,000 guerreros para enfrentar al invasor extranjero el caudillo se dirigió a ellos en estos términos: «No es posible que tantos y tan valerosos hombres se encuentren en la miserable servidumbre de tan pocos extranjeros».

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