David Romero, el bueno y el malo “No me callarán…”

Por: Carlos Zelaya Herrera
Que triste hacer periodismo del bueno, sentir pasión por esta profesión y que esto te cueste la libertad o la vida, tal cual sucede hoy con la inminente detención de David Romero Ellner, director de Radio Globo, del programa “Interpretando la Noticia” y del medio digital El Confidencial.
Nadie puede desconocer el rol que jugó David Romero antes, durante y después del golpe de Estado del 28 de junio de 2009, contra el presidente José Manuel Zelaya Rosales.
La labor de Radio Globo en los aciagos días de la dictadura del innombrable golpista de el Progreso, alias Roberto Micheletti, constituyó en ese momento el Himalaya del periodismo hondureño, cúspide de corrección, dignidad y parte aguas en la historia contemporánea del país.
Por mi mente pasan las coberturas de movilizaciones masivas, represión salvaje, crímenes selectivos, el espíritu de indignación sembrado en el país tras el golpe de estado y posteriores actos, recorrían el mundo a través de la voz de Romero, Rony Martínez y otros compañeros.
Hicimos esa labor, la de acompañar a la Globo en la ruptura del cerco mediático que persiste a nivel local, regional y global, ese es el trabajo de los buenos periodistas, de periodistas de verdad.
Con esto no se desconocen los señalamientos en el caso de abuso sexual contra su hija; el afán de fundar un movimiento interno desde la trinchera, bien ganada por cierto, de la denuncia ante la injusticia y la asonada golpista, pero también sus ofensas y especulaciones contra los liberales, Salvador Nasralla, Libre y figuras de éste partido opositor.
Pero más solventes y potentes son las muy bien documentadas denuncias de corrupción que directamente señalan al titular del régimen, Juan orlando Hernández, su pareja, Ana García de Hernández, su entorno familiar y su gobierno en general, al que denuncia de coptado y símil de la dictadura de Alberto Fujimori, en Perú.
Así de relevante es el aporte de Romero Ellner, el bueno y el malo, pero sobre todo en este momento se trata de la persona sobre quien debe primar la solidaridad, la defensa del derecho a la libertad de expresión, opinión e investigación, pero sobre todo, del derecho a la vida.
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