Relatos de fantasía

Tegucigalpa.- No era la hora de la cenicienta, tampoco la de los espíritus. La noche era joven aún, una leve neblina cubría el cielo, que de pronto, se vio iluminado por lucecitas que no eran de bengala, eran potentes ráfagas detonadas a mansalva sobre un vehículo pasconeado a más no poder. Uno de los dos pasajeros murió, el otro fallecería minutos después, cuando el ulular de las motorizadas le cerró el paso.

El joven corría, no portaba ninguna arma, menos el conductor del carro, dicen los testigos. La víctima se encontraba “sometida”, esperaba ser capturado, pero se equivocó, como se equivocaron quienes presenciaron la escena. Era noche de cacería. No hubo expresión que dijera: tiene derecho a permanecer callado, hacer una llamada y buscar un abogado, si habla, todo lo que diga puede ser usado en su contra, algo así, como lo que se dice en las series policíacas.

En vez de eso, el joven acorralado por la autoridad en un callejón sin salida, fue tiroteado sin piedad. En el vecindario sus gritos de agonía aún resuenan en sus oídos, así como las comunicaciones en sus móviles: no salgan, no digan nada, no miren…¡se soltó el demonio!

Un demonio con chapa y autoridad, cargó el cuerpo y lo subió a una paila, para regresar minutos después a limpiar la escena del crimen: lavaron la sangre, recogieron los casquillos, intimidaron a uno que otro curioso—que siempre los hay—y desaparecieron con el rocío de la madrugada. La cacería, había terminado.

En el callejón de los lamentos, se pueden apreciar los agujeros del plomo utilizado, alto calibre, se presume. El equipo de ajusticiamiento logró burlar a Hollywood y sus estrellas del morbo que bravuconamente compite por “la primicia”. El reporte de las “fuentes humanas” citó el hecho como un “enfrentamiento” en una hora y lugar falso.

En una humilde vivienda, una madre llora a su vástago, como muchas otras en los países donde la inseguridad se volvió rutina, la información circunstancial y el relato de la violencia, una noticia más, a lo sumo de dos párrafos, excepto que sea algo así como la invocación a los espíritus de Monimbó que hizo “la Chayo” al reanudarse el diálogo en la Nicaragua de los Ortega-Murillo.

¿Usted cree que esto ocurrió en la Honduras de acá?, se equivoca. Sucedió en la versión de Macondo 2.0, ahí donde con más dinero necesitamos tener más chapas…eso sí… de las que matan. Hasta aquí, esta historia urbana y los relatos de fantasía. Recuerde, cualquier cosa que diga, puede ser utilizada en su contra. No es la hora de la Cenicienta, tampoco la de los espíritus.

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