Escrito de un veinteañero

Por: Edmundo Orellana

En 1897, cuando tenía 20 años, José Ingenieros escribió un artículo intitulado “Reptiles Burgueses”, en el que expresa su juvenil opinión sobre el Congreso de su país, la Argentina. Por ser un tema de permanente actualidad, lo transcribo, en lo conducente, para compartirlo con Ud. distinguido lector.

“La ley de la selección servil ha congregado a los burgueses más mediocres, a los más reptiles, en ese antro de manejos infamantes; la moral y el decoro se han asfixiado al trasponer los dinteles de sus puertas; si algún inteligente pudo llegar al foco de la infección legislativa ha sido envuelto y ahogado por la espuma gris de las olas de la corrupción ambiente. (…) ¿Y cómo dudar de que el Parlamento argentino sea un templo de los mediocres? ¿Son hombres de talento? ¿Son economistas, filósofos, hombres de ciencia, literatos o siquiera esa mezquina cosa que se llama hombres políticos? No. Son advenedizos sin más mérito que haber sabido flotar en la marea política burguesa a fuerza de incondicionales sumisiones y de pasivas obediencias, a los empresarios del gran teatro parlamentario nacional. De la misma manera que flotan las sustancias fecales en la superficie de los líquidos de un orinal.

José Ingenieros
José Ingenieros (1877 – 1925)

Se titulan “representantes del pueblo”. ¡¡Demasiado sabe el pueblo que esos reptiles no son sus representantes!!

Representan a la clase burguesa contra la clase proletaria; a los que no trabajan contra los que trabajan; a los que sufren indigestiones contra los que mueren de hambre; a los que roban en las arcas del Estado las riquezas producidas a precio de mil sudores y mil lágrimas por los que son miserablemente despojados.

Representan al estanciero caudillo contra el peón obligado a votar por su amo; al propietario contra el inquilino; al patrón contra el dependiente; al jefe de repartición contra el tinterillo; al industrial contra el obrero y, en general, al verdugo contra la víctima. La víctima es el pueblo.

La sesión es comedia y tragedia al mismo tiempo; para los actores es una representación jocosa de Goldoni, intercalada con el aburrimiento de Calderón; para el pueblo -que paga- es una tragedia sombría de Shakespeare.
Las aprobaciones se suceden a las aprobaciones. Ninguna aberración presupuestívora encuentra resistencia.

Por el contrario, la suprema preocupación de esos castrados de conciencia es votar, votar mucho, porque quien más vota trabaja más en beneficio de sus representados.

En las Cámaras…la degeneración aprobatoria ha llegado a tal punto que los votantes ya no se ponen de pie, ni alzan la mano; una ligera cerviflexión, casi unánime, sanciona con fuerza de ley todos los proyectos equivalentes a una succión lujuriosa en el pezón de esa inagotable glándula mamaria que se llama presupuesto.

Mientras los representantes desempeñan su papel en el infame escenario, en antesalas se pasean los representados; caudillejos políticos, burgueses de alto comercio, banqueros, contratistas, y toda la turba de vampiros que en levita y guantes roba impunemente al amparo de la ley y en complicidad con las instituciones.

Han hablado al miembro informante de la comisión correspondiente, de quien han tenido formal promesa de aprobación del proyecto que asegura extraordinarias delicuescencias a sus preocupaciones mandibulares.

Tanta bajeza colectiva se explica si se piensa que la diputación y la senaduría son actualmente en este país, el ideal de los abogadillos y literatos fracasados; ningún hombre de talento, ni siquiera relativo, ve en el Parlamento actual otra cosa que un parto monstruoso de este sistema republicano federal, fundado sobre los caudillajes locales, que pone la administración de lo que a todos interesa en manos de los más ineptos.

Sinceramente, mientras no se pudiera prescindir de estas gentes encargadas de oprimir y explotar, debemos declarar en voz alta que preferiríamos serlo por un tirano de talento … y no por esta legión de reptiles ignorantes que vomitan periódicamente las catorce provincias de la república en la cloaca parlamentaria nacional.

Las ventajas del gobierno de muchos son una simple cuestión de aritmética.
¿Y por qué comprendiendo la gran corrupción de los parlamentarios, los socialistas pretenden invadirlos? objetarán los enemigos.

Porque el estiércol parlamentario es un abono excelente para hacer vegetar con vigor y rapidez la propaganda socialista”.

Hasta aquí el artículo de quien fue reconocido por los jóvenes de su época como Maestro de la Juventud de América Latina.

¿Conoce Ud., amable lector, un Congreso contemporáneo al que se aplique la veinteañera opinión del autor del “Hombre Mediocre”?

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