Matemos el miedo o el miedo nos matará a todos

Presidente Hernández

Por: Oscar Miguel Marroquín

Ellos los corruptos, los narcotraficantes, los militares, los banqueros, los pastores, los que viven en la impunidad, los escuadrones de la muerte, en fin todos ellos conocen como sembrar el miedo en nuestra mente y espíritu. Conocen muy bien como el poderoso se impone ante el débil, por siglos han buscado perfeccionar el miedo utilizando todos los medios posibles para conseguirlo, han buscado afanosamente instalar para siempre el miedo en nuestros corazones y con ello doblegar nuestra voluntad de lucha como sujetos sociales.

Podremos ser individuos, personas, ciudadanos, y quien sabe cuántas categorías más quepan en el ser que camina y trabaja todos los días, pero en todo esto nos hace falta ser sujetos sociales, sujetos de cambio, sujetos de lucha, si esto último no está en nosotros y entre nosotros, ya podemos nombrarnos esclavos modernos, vasallos, pero jamás podremos respirar con libertad el aire de la libertad.

Cuando Olivia Marcela Zúniga Cáceres se para y le grita tres verdades al dictador, solo entonces podemos afirmar que el sujeto social está siendo recuperado; cuando hombres y mujeres deciden nuevamente encender el fuego de las antorchas, hay un claro atisbo de lucha real, hay un perder el miedo desde el sujeto social sea este hombre o mujer, solo entonces podemos afirmar que ya estamos en el camino de nuestra libertad como personas humanas, podemos acentuar que el sujeto social nos conduce a la colectividad, nos conduce al derecho a la vida y a todos los demás derechos, como el que Olivia Marcela reclama: EL DERECHO A INTERPELAR AL DICTADOR.

Cuando la hija de Berta Cáceres se alza en grito contra el dictador, no creo que esto sea a título personal, hay en ese grito un despertar más social que político, hay un reclamo desde las mujeres que son parte fundamental de esto que llamamos sociedad, ahí justamente al momento de esos gritos de Olivia Marcela es que aparece el sujeto social, porque cuando rompemos con el silencio que nos han impuesto, también rompemos el miedo y el esquema del poderoso contra el débil.

Romper el miedo no es cosa de personas, es más bien cosa de sujetos sociales dispuestos a darle otro rumbo a esta sociedad que hoy por hoy está en manos de criminales, de narcotraficantes, de corruptos y de neoliberales, que buscan a como dé lugar someternos en beneficio de sus intereses personales.

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Por otra parte, no quiero dejar pasar la oportunidad para señalar que el rompimiento del miedo no pasa por el voluntarismo de instituciones políticas, este rompimiento nace desde la necesidad social para terminar con las cadenas impuestas justamente desde lo político, este rompimiento al miedo desde lo social es un poderoso recordatorio a los políticos para que comprendan que ellos no pueden ni deben seguir por encima de la sociedad, en pocas palabras, para que entiendan de una buena vez, que es desde la sociedad que se elige a los gobernantes, para que estos sirvan como mediadores entre la sociedad y el estado y no para que los políticos se sirvan de la sociedad.

En conclusión, reencender las antorchas es reiniciar el camino para romper con el miedo.     

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