Decisiones en Salud

 

Por: Efraín Bu Figueroa

 

En los últimos doce años, a través de 5 administraciones gubernamentales, incluyendo la golpista y la ilegalmente reelegida, han desfilado 12 secretarios de salud, lo que significa uno por año, tiempo suficiente para conocer la institución ministerial, pero insuficiente para ejecutar planes mucho menos obtener resultados.

Ese ha sido uno de los numerosos factores que han contribuido a la ya inveterada inestabilidad en la titularidad en la secretaria de salud y que ha traído como consecuencia el progresivo colapso del sistema sanitario nacional.

Lo anterior ha sido el resultado de dos situaciones:  la primera es la ignorancia de los gobernantes en el tema de salud, quienes en realidad no tendrían la obligación de dominarlo, pero si estudiarlo, comprenderlo, hacerse de asesorías oportunas y conocedoras para tomar decisiones racionales y sostenibles; y el segundo es el desinterés en solucionar las necesidades de salud de la población. A ellos, cuando son candidatos, el tema les interesa como insumo de la campaña electoral, pues se presta para realizar amplia demagogia. Recordamos a un presidente hace 25 años que prometió construir un hospital nuevo en Tegucigalpa y no llegó a construir ni siquiera un centro de salud.

Otros presidentes han creído que las necesidades de salud del pueblo se resuelven a base de caridad internacional y han encomendado algunos de ellos a sus esposas, primeras damas, a mendigar fondos alrededor del mundo, sin que esas ayudas cuando llegan a obtenerse se canalicen en el marco de reformas cualitativas a la forma de brindar el servicio.

Sí pues no es extraño, que por la ignorancia y el desinterés, los gobernantes de turno terminen con pésimas decisiones, seleccionando profesionales no idóneos en la titularidad de la secretaria, olvidando aquel viejo adagio de “zapatero a tu zapato” o estableciendo comisiones interventoras constituidas por militares, predicadores, abogados y políticos vernáculos etc. quienes jamás han observado, ni se han formado, ni han vivido, ni han practicado, ni han conocido la dramática realidad de dolor humano, físico, mental y espiritual,  que produce la enfermedad en los compatriotas que acuden a los centros de salud y hospitales del país. De ahí la insensibilidad  y grosera frialdad de estos comisionados e interventores a los sufrimientos de los pacientes que acuden a esos centros, pues las interventoras, que se han convertido en alternancias de la incapacidad de los titulares de las instituciones que intervienen,  lejos de ir a viabilizar y volver eficiente  la atención medica; en una conducta inquisidora y persecutoria se dedican a obstaculizar las decisiones inmediatas para resolver la urgencias cotidianas que el personal laborante en esas instituciones busca resolver, lo cual se traduce en lentitud y hasta parálisis de las acciones que estos centros deben dar con prontitud, oportunidad y eficacia.

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En tanto los gobernantes no se preocupen por conocer e interesarse verdaderamente en cómo enfrentar la enfermedad, apartándose de estas estrategias “apaga incendios” y focalizándose en las falencias estructurales, adoptando renovadas políticas públicas, miles de hondureños continuaran sucumbiendo en las tenebrosas redes del degradante sistema de salud pública hondureño.

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