El cerco inconcluso y la fragilidad del imperio en tiempo de Trump

Alianza

Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

Desde siempre se supo que Donald Trump era un payaso. Solo después, hemos venido a descubrir que es un peligroso sicópata. Quiere ser el macho alfa (por eso se revuelca con cuanta prostituta se le ofrece) de lomo plateado, aunque es más bien esclavo de cada uno de sus mas bajos instintos y caprichos. Un ignoramus, que confiesa que no lee para tomar decisiones y asegura que no le hace falta porque su supuestamente prodigiosa inteligencia le permite entender las cosas complejas a simple vista de cubero.

Pero siendo la cabeza de la mayor superpotencia de la historia, Trump no tiene una visión del planeta. No entiende los problemas profundos del calentamiento ni las tensiones regionales alrededor del globo, ni los peligros del armamentismo inútil. Y por lo mismo no puede plantear propuestas creativas ni la diplomacia inteligente que le hubieran permitido proteger mejor a su pueblo y a los pueblos amigos, y enrumbarnos a todos a una era de concordia, paz y prosperidad, que claro que era, y aun es posible.

Ha retirado a EUA de sus compromisos alrededor del mundo, dándoles la espalda a sus aliados tradicionales, desestimando acuerdos formales de paz y despreciando a terceros. Afianza su posicionamiento internacional coqueteándole a Putin y permitiéndole que avasalle impunemente a los países fronterizos, que sostenga la dictadura siria y detenga arbitrariamente –y sin acusación– a un ciudadano estadounidense, complaciéndole al racista de Netayahu sus corruptelas y amonestando suavemente al príncipe saudita, íntimo y socio, por descuartizar con motosierra a un columnista de uno de los grandes diarios del mundo. Al fin y al cabo, todos ellos han logrado, al igual que su cuate, el dictador norcoreano, y que JOH y Jimmy Morales, lo mismo que Trump anhela, subordinar a la justicia ante gravísimas imputaciones de delitos públicos y actos de corrupción monstruosos y traición a su patria, ¡sin que nadie se atreva a formularles un cargo! Y lo mismo sucede con su política frente a la migración.

Lo que ocupan los EUA y lo saben, desde hace mucho, es una nueva ley de migración, que no esta sobre la mesa. Trump exige un muro que supuestamente atajará las oleadas de inmigrantes a quienes no detienen el Río Grande ni la aridez de los desiertos de Sonora y California y que invaden los EUA, huyendo de los infiernillos que ese país, para fines geoestratégicos, ayuda a mantener tronando y en llamas alrededor del continente.

Los migrantes buscan refugio contra el hambre y la violencia o huyen de la marginalidad, la exclusión, la injusticia. Todos se disponen a servir en tareas que los estadounidenses nativos se rehúsan a hacer por bajos salarios. Porque -a los migrantes- esa miseria les significa sobrevivencia y mejores condiciones de las que dejan atrás. La economía de EUA podría beneficiarse con varios cientos de miles todavía. Los necesita. Sin ellos muchas granjas no podrán operar. No habría servicios en las ciudades. Trump predica que son terroristas y criminales peligrosos

Hasta ayer, Trump alegaba que era una perdida de tiempo conversar con sus opositores y que no podía ceder nada en la negociación, porque la construcción del muro es un imperativo moral en una lucha entre el bien y el mal. Apelaba así al más craso fundamentalismo maniqueo de sus bases. (Llegó al poder manipulando temores del subconsciente colectivo y necesita alborotarlos para sobrevivir políticamente a lo que se avecina.) Hoy ofrece proteger temporalmente a los dreamers (que entraron ilegalmente siendo niños) a cambio de que le den el dinero para su muro. Para él es un juego de póquer para arrinconar al otro.

No esta claro si, para no parecer intransigentes, le van a aceptar el nuevo chantaje los demócratas, que son mayoría en el Congreso y se han negado hasta ahora a concederle la estratosférica cantidad de dinero que quiere enterrar en la frontera, En realidad Trump ha creado el impasse y no tiene interés en una solución, menos aun la que dicten el sentido común y la razón. Ignoramus y peligroso si pero no tiene un bucle de tonto. Trump se peina con la brillantina del perverso. No es que no sepa que la inversión millonaria en el cerco es un desperdicio estéril que podría aun agravar el déficit. De repente comprende también que servirá de muy poco para detener a nadie que no este enfermo u obeso. Pero entiende el valor de los símbolos que prevalecen sobre las razones y quiere erguirse en el superhéroe que detuvo a los bárbaros, ante este país que ya olvidó que es de migrantes y que, sin mala conciencia, recluyó a sus verdaderos nativos en reservas hace siglos.

En EUA el presupuesto es una ley que el legislativo promulga y el Presidente sanciona y ejecuta. De modo que en cuanto no hay consenso, no hay presupuesto. Muchas oficinas del Estado están cerradas ya. Más de un tercio de las instituciones de servicio y agencias federales. Los granjeros ya no saben que hacer sin los subsidios. El gobierno de los EUA esta en suspenso porque una diversidad de empleados y funcionarios se rehúsan a seguir laborando cuando ya no se les puede pagar por falta de presupuesto aprobado. Allá no es legal y va a la cárcel quien quiera operar con el presupuesto del año pasado.

Pero a Trump no le importa. Insiste en resolver el enfrentamiento ante los medios como reality show. En realidad, tiene otra meta. Ganó la presidencia con una entupida retórica xenófoba y quiere repetir esa hazaña para perpetuarse en el poder, reelecto. Para ese fin tiene que destilar la paranoia del odio al migrante. Ni el tiene idea de la tragicomedia que desata, con la que podría culminar su insensatez. La xenofobia engendra un monstruo, que termina por inspirar los pogromos, los linchamientos y la guerra de castas.

A su vez, el cierre temporal del gobierno federal pudiera tener otras consecuencias no intencionadas. Andando el tiempo, podrían los gobernados descubrir la poca falta que les hace el gobierno federal y, por lo tanto, la posibilidad de prescindir del todo, de sus servicios. Es un hecho que el mundo sigue rodando, como se titulaba una famosa telenovela gringa de los años sesentas, mientras la burocracia se paraliza y la nomenclatura protesta.  La gente seguirá haciendo lo que tiene que hacer. Y podría ahorrar impuestos. La crisis revela al mismo tiempo la increíble lasitud del estado imperial. De repente, antes que se vaya marzo, los senadores podrían rescatar el equilibrio de la república contra la megalomanía de este energúmeno, que no sabe que cosa es una república.

Podría ser tarde para esconder de nuevo la fragilidad evidenciada del aparentemente granítico poder imperial. Podríamos caer en cuenta que ¡con cualquier caravanita que les mandemos, Bartolo, podremos desatar la histeria colectiva y una tormenta de polvo y arena que enceguezca a Washington! al menos en tiempos de Trump, por unos días mas…

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Un comentario sobre “El cerco inconcluso y la fragilidad del imperio en tiempo de Trump

  • el enero 22, 2019 a las 10:57 am
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    TDS (Sindrome de locura acerca todo Trump) es fuerte con el autor.

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