Amaos los unos a los otros

Por: Arturo Rendón Pineda

Es urgente tomar conciencia del momento histórico en que nos desenvolvemos. Nuestro destino común ya no puede continuar siendo monopolizado por grupos gnomónicos: o actuamos consciente mente cuidando nuestro destino común, o simplemente no tendremos futuro.

Hay políticos que ante los problemas nacionales apuestan por soluciones del pasado, usando la fuerza y el enfrentamiento, aduciendo con hipocresía inaudita que están “salvando la democracia”. Previo a lo sucedido el 28 de junio con el golpe de Estado militar, la clase política ultra conservadora y miope, no vislumbró la catástrofe que estaban desatando con su alevoz proceder.

Hoy, que como resultado de esa acción criminal los hondureños nos encontramos con la soga al cuello, ¡es hora de rectificar!, hora de pensar en entendimientos patrióticos con un propósito franco que no esconda zancadillas, un dialogo capaz de mitigar heridas y de reparar agravios, castigando los delitos de lesa humanidad, cuyos actores no pueden continuar tan campantes viviendo en la impunidad como si nada hubiese ocurrido.

Una reflexión positiva que amerita este momento histórico, podrá responder a la inquietud de cómo construir un futuro común sin ventajismos para nadie, para que renazca la paz y nos enseñe la forma de convivir en un mismo espacio, bajo un mismo cielo y una misma bandera.

Tenemos que compenetrarnos de que es de suma urgencia el entendimiento y la construcción de convergencias, que nos hagan pensar en una firme unidad dentro de la diversidad de un mundo globalizado. Ha llegado la hora de la reconciliación verdadera que propicie la comunión de intereses, con vistas a la convivencia pacífica de todos los hondureños.

En aras de la tranquilidad social que necesita Honduras para lograr su desarrollo integral, debemos pedirle a Dios sabiduría y fortaleza de espíritu, para que experimentemos el celo por el bien común para que renazca la paz.

 Que tomemos acción frente a la inequidad entre las grandes mayorías que viven en la miseria, y las minorías que ostentan una opulencia indecente que incita a la rebeldía. Que mostremos un rasgo del humanismo cristiano del que se hace tanto alarde, rechazando a malos hondureños que con acciones criminales propician la brecha de la desigualdad.

Que tengamos conciencia del grado de miseria en que viven las víctimas de la violencia social. Que sintamos amor por nuestros semejantes, puesto que es imposible vivir en un mundo de desigualdades. Y por último, hagamos nuestro ese legado que como mandamiento nuevo Cristo nos recomendó, y del cual pareciera que nos hemos olvidado: 

¡AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS!

                   Santa Rosa de Copan, diciembre 2018.

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