¿Qué es la Dialéctica?

Por: Irma Becerra*

El mundo es uno e indivisible, es decir, que no se puede ni fragmentar en pedazos aislados ni dividir. La pluralidad de su diversidad y su diferencia existen siempre en la unidad y la identidad de sus componentes que se enfilan todos y cada uno hacia el transcurso y el devenir común de la historia humana hacia mejor. Esto significa, que toda su multiplicidad, diversidad y diferencia no pueden escapar de estar sujetas a las leyes universales de la evolución, en la cual ésta última no significa simplemente unos cambios casuales cualquieras, sino transformaciones selectivas que no son solo expansiones o extensiones numéricas abstractas sin contenido, sino cambios profundos con sentido que impliquen una verdadera interiorización cualitativa de la esencia del ser humano para consolidar y cohesionar su bienestar general en la Historia.

El mundo es ante todo cohesión estructural y estructurada y no dispersión voluntarista de sus fundamentos. Por eso la pluralidad de culturas, lenguas, etnias, los dos sexos humanos fundamentales, etc., no existen para que la Humanidad se disperse sino para que su mutuo reconocimiento en respeto nos haga vivir en paz dentro de una diferencia que no es simple prolongación de lo que nos distingue unos de otros, sino su logro más eficaz de que sea lo particular de ella lo que prevalezca como un fortalecimiento de la integración no vulgar ni superficial cohesionadora del ser humano, que es el resultado de una relación profunda entre identidad y diferencia en la que la diversidad posee límites para que no culmine en una vulgarización violatoria de los principios morales que rigen el devenir histórico, solo por ser diversidad.

No estamos obligados a reconocer una vulgar diversidad (como es la división actual de los “géneros sexuales” que se han dividido en “transgéneros” y otros más), solo porque tengamos que reconocer como esencial cualquier diferencia material del mundo. Pero sí estamos obligados a reconocer la unidad espiritual intangible e inherente del mismo para mantener unido e integrado al género humano en los principios de calidad, nivel, estilo y cultura universal cualitativamente superior humana y para proteger y defender a la Humanidad misma de su desvirtuación y caída acelerada y no progresiva en la decadencia. Ahora bien, ¿qué es la dialéctica y por qué es necesaria como concepción filosófica protectora de la Humanización Espiritual del Mundo?

En primer lugar, es la teoría y el método filosóficos de recrear, reconstruir y fundamentar siempre las leyes del desarrollo imparable y constante de todos los elementos más generales que componen al mundo: la historia, la sociedad, el pensamiento y la naturaleza. Esos componentes de la legalidad o sujeción de la realidad a leyes universales (Gesetzmäßigkeit) son factores internos de la evolución material de la cual el espíritu humano es, por ahora, su mayor logro y máxima expresión, y que también incorpora al ser humano como divinidad de sentido creado y creador.

La dialéctica estudia las leyes del progreso no solamente como fuerzas motoras que provienen del exterior, sino como el desenvolvimiento hacia adelante con sentido de superación de lo negativo acumulado de las cosas, los hechos, los fenómenos y las personas que integramos el mundo. Desde esta perspectiva progresiva y correctiva las leyes constituyen el movimiento interno de las cosas y las personas, por lo que decimos en Filosofía, que la propia ley está sujeta a un movimiento interno que la produce; o a un propio proceso de desarrollo, tal como descubriese el filósofo alemán, Georg Wilhelm Hegel. Esta es la dialéctica de la contradicción que nos queda de tarea resolver como obligación suave hacia la Esperanza.

En este sentido, si aplicamos éstas referencias a los seres humanos y su esencia de la moralidad compasiva diremos que la Filosofía no cataloga prejuiciosamente a los individuos en “buenos” y “malos” desde una naturaleza genéticamente determinada; no hay personas “con el bien o el mal en su sangre”, sino que esta ciencia señala a los seres humanos que se han desviado del camino del Bien, como que han sido fundamentalmente desprovistos por el entorno de la oportunidad de su capacidad de tomar conciencia acerca de la necesidad de la identidad de compasión y comprensión mutuas entre los sujetos que conforman la sociedad humana. Y, aunque la genética también juega un papel importante en la definición y determinación de la maldad antihumana, es, sobre todo, la realidad a la que se ha visto expuesta una persona lo que, en última instancia, determina y establece su actitud ante el mundo, ya que ha sido expulsada del trabajo evolutivo de la creación de ser una mejor persona.

Por eso a la pregunta del lector, Omar Aquiles Valladares Coello, acerca de si la esposa de un determinado gobernante político no intercede para humanizar a su esposo porque posee también “el mal en su sangre”, respondemos que para eso está el entendimiento educativo y formador de la Filosofía como ciencia de la pedagogía de la historia, que nos dice que la moral sí puede ser enseñada y sobre todo, ser enseñada a tiempo como una labor iluminadora de aquellos intelectuales comprometidos, cuya tarea es precisamente hacer conciencia individual de los compromisos universales que todos y todas tenemos.

Démosle una oportunidad a las personas de recapacitar, porque en el caso concreto del gobernante empresario, Donald Trump y su esposa Melanie Trump, están a punto, con su xenofobia rabiosa racista y su neofascismo militarista, de dejar encerrados a todos los estadounidenses en el extenso muro invisible que están construyendo en todo su territorio y del cual les será imposible viajar y salir sin peligro a otros lugares del mundo. Ello, porque éste último existe construyendo un sólo y único espíritu de hermandad solidaria, transparente y fraterna entre todos los individuos que lo componen. Esto va también dirigido a todos los gobernantes o candidatos a presidentes, como el brasileño neofascista Bolsonaro, que intentan degradar la diferencia de la diversidad aún más de lo que ya ha sido degradada.

*Doctora en Filosofía

Compartir Artículo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *