Silencio: gobierno canadiense mudo ante masivo éxodo de hondureños y militarizacion de las fronteras 

Por: Fred Alvarado

Callado permanece el Primer Ministro canadiense Justin Trudeau y la embajada de Canadá con sede en San José, Costa Rica sobre el éxodo masivo de hondureños que hoy tiene militarizadas las fronteras de Honduras, El Salvador y Guatemala por el paso de la gran caravana de migrantes que se dirigen hacia México y Estados Unidos huyendo con determinación de la tiranía del gobierno de Juan Orlando Hernández, de la inseguridad y violencia, del alto costo de la vida, y la falta de empleo.

El gobierno canadiense tiene la característica de abstenerse y no involucrarse con Honduras más que en asuntos relacionados al comercio, turismo y minería; permanece oculto detrás las decisiones de la política exterior estadounidense como si se tratase de no entrometerse con las “colonias y bases militares” de la geopolítica estadounidense (Honduras, Guatemala, y El Salvador) al no pronunciarse independientemente a favor de los derechos humanos, la migración de mujeres y niños, y la brutal represión militar.

                                                                                               Justin Trudeau primer ministro de Canadá

Paradójicamente, el gobierno canadiense con sede en Ottawa si se pronuncia en los asuntos de la política interna y de “crisis humanitaria” en Nicaragua y “liderazgo fallido” en Venezuela exigiendo respeto a los derechos humanos y abriendo canales de migración para refugiados; promoviendo una agenda imperialista de inversión privada interesada en los recursos venezolanos y el resto de América del Sur.

Aunque Canadá mantiene importantes relaciones bilaterales con Honduras e influencia para promulgar leyes que favorecen la explotación minera bajo el tratado de Libre Comercio pactado meses después del golpe de Estado,  cuando se trata de  vidas humanas, violaciones a derechos humanos y represión,  el gobierno canadiense ha demostrado mantener una postura tímida y disimulada con el pueblo hondureño, cediendo el asunto al Departamento de Estado de EE.UU. y la OEA, siempre y cuando la crisis social no comprometa sus inversiones, ni estorbe su destructiva explotación minera en varios puntos del territorio hondureño que enriquecen a grandes corporaciones de capital privado con sede en Toronto.

El Primer Ministro canadiense Justin Trudeau para muchos analistas del Neoliberalismo es la “sonrisa amigable del neocolonialismo”; en sus discursos en la ONU se pronuncia elocuentemente a favor de los derechos humanos y las minorías étnicas en el mundo: “Canadá siempre defenderá la democracia, el estado de derecho y los derechos humanos en el país y en el extranjero”; “Canadá continuará denunciando el trato injusto de las minorías raciales y étnicas, de las mujeres y las niñas, de los pueblos indígenas”. Sin embargo, organizaciones y activistas de derechos humanos canadienses que observan de cerca la situación de Honduras, han denunciado el silencio del gobierno canadiense entorno a las continuas violaciones a los derechos humanos por las compañías mineras canadienses en diferentes comunidades rurales en Honduras, además de desestimar las exigencias para presionar la inmediata liberación de los presos políticos en Honduras, y condenar la represión militar después de la crisis post-electoral.

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Nuevamente, el gobierno canadiense desilusiona con un mensaje de indiferencia y debilidad ante una posible crisis humanitaria en el país centroamericano donde el problema de migración y desigualdad no solo afecta a los países del Triángulo Norte sino también a Estados Unidos y Canadá. 

Las amenazas de Donald Trump y la indiferencia Justin Trudeau hacia la caravana de migrantes, resultan decepcionantes e insultantes desestimando las verdaderas causas del fenómeno migratorio centroamericano; pensar que detener la masiva migración de hondureños es cuestión de presionar al régimen de Juan Orlando Hernández al militarizar las fronteras, suspender las ayudas económicas, arrestar y deportar migrantes, sin tomar en cuenta el origen del problema, evidencia los verdaderos intereses capitalistas e inhumanos de los dos países del norte, responsables de respaldar y financiar al gobierno ilegitimo de Hernández para continuar percibiendo jugosas ganancias de la explotación y privatización del patrimonio hondureño.

Después de escuchar la promesa del Presidente Electo de México, Andrés Manuel López Obrador, de conceder visas de trabajo para aquellos migrantes centroamericanos que desean trabajar en territorio mexicano, ¿debería moralmente el Primer Ministro Justin Trudeau pronunciarse sobre la situación de Honduras y recordarle sus palabras en su primer discurso ante la ONU que: “Estamos aquí para ayudar, Bienvenidos a Canadá a todos aquellos que escapan de la persecución, el terror y la guerra; los canadienses les damos la bienvenida, sin importar la fe, la diversidad es  nuestra fuerza”?

O ¿recordaremos el tuit de Donald Trump cuando califico a Justin Trudeau de “muy deshonesto y débil”?.

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