Migración y Democracia

Por: Efraín Bu Figueroa

Una anunciada migración masiva, que ya va en camino, ha despertado una fuerte reacción de parte del gobierno norteamericano, advirtiéndole al de Honduras con una inusual energía que, de no detener la misma y devolver al país a los migrantes, será suspendida inmediatamente la ayuda económica. Hubiésemos deseado que el paladín de la democracia en el mundo hubiera reaccionado con el mismo ímpetu el pasado mes de noviembre, cuando se desenmascaro nacional e internacionalmente el masivo y descarado fraude electoral que se dio en las elecciones del 2017, donde se reeligió ilegalmente el actual presidente hondureño. Aquel fue un duro golpe al sistema democrático en Honduras. Dichas situaciones, la reelección y el fraude electoral son “la gota que colmo el vaso” de la crónica crisis política hondureña que se inicio con el golpe de Estado propiciado por el bipartidismo y grupos facticos de poder el 28 junio del año 2009.

Después del golpe de Estado del 2009, Honduras no ha podido recuperar la tranquilidad social, todo lo contrario, la crisis persiste y se agudiza cada día. Vivimos en un país en permanente conflicto. Los 9 años de gobierno post golpe, han sumido al pueblo hondureño en el sufrimiento permanente, motivado por la falta de empleo, los bajos salarios, nuevos impuestos, incremento de la pobreza y la violencia interminable, motivos suficientes para que el común del hondureño decida buscar nuevos derroteros para encontrar oportunidades que le puedan dar un nivel de vida digno a sus familias.

La emigración no solo es hacia los Estados Unidos, es para muchos países del mundo, sin embargo, es hacia la gran nación del norte por su proximidad geográfica y por su bonanza económica que se traduce en la mente del hondureño como el potencial “sueño americano”, lo que atrae para emigrar hacia aquel país, además de la situación de descalabro socioeconómico que vive nuestra nación.

Esas constantes que perpetúan la calamidad del pueblo hondureño se han potenciado, porque no ha habido un verdadero compromiso mas allá del verbal, de la comunidad internacional junto a las fuerzas patrióticas nacionales, en impulsar seriamente la democracia en Honduras. Así vemos como los actores del golpe de Estado, incrustados en el bipartidismo y en los grupos facticos del poder han ido hilando una serie de acciones que lejos de fortalecer han debilitado nuestro sistema democrático y han potenciado e incrementado las condiciones de miseria y pobreza, han debilitado la institucionalidad, se ha perpetuado la impunidad y con ello la corrupción a todo nivel.

La remoción arbitraria de la corte constitucional el 2012, las elecciones fraudulentas del 2013 y 2017, la elección ilegal de las autoridades del ministerio publico y del actual tribunal de elecciones hace 5 años y lo mas grave, la inconstitucionalidad de algunos artículos de nuestra constitución decretada por la sala constitucional de la Corte Suprema,

sesgada y manipulada por el poder absoluto, han sido algunos de los ingredientes que han ido resquebrajando paulatinamente la incipiente y débil democracia hondureña.

Honduras es un país en profunda y grave crisis, con autoridades ilegitimas e ilegales, factores que destruyen el Estado democrático e incrementan la desesperanza y la pobreza nacional, lo que estimula la huida de los hondureños, de su propio país, que no les ofrece nada esperanzador, especialmente a los mas jóvenes. De ahí que, si se quiere detener esas migraciones anunciadas y las no anunciadas ya es tiempo de impulsar no solo desde el interior del país sino también desde la comunidad internacional, con la misma energía que se rechaza a los migrantes, los valores de la democracia, haciendo sentir y respetar nuestros propios principios democráticos incorporados en nuestra constitución política y en hacer prevalecer en la practica la celebre frase de Abraham Lincoln “ el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo” que no es mas que el ejercicio de una autentica democracia, aspiración que se refleja en los preámbulos de la constitución hondureña de 1982 y de la constitución de los Estados Unidos de 1787. Ese principio eterno es el que debe prevalecer en la política externa de la nación americana, de cara a países como Honduras que rechazan la democracia, con violaciones constitucionales y procesos electorales amañados.

Una verdadera democracia, crea balance, justicia, oportunidad y paz. Solo con un Estado auténticamente democrático, con instituciones solidas, justo y creador de oportunidades será posible efectivamente, detener esa fuga dolorosa de miles de hondureños desesperados.

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