Una marea humana que avanza huyendo del hambre y la violencia

 

una marea humana
Escenas como estas son repetitivas en la caravana de migrantes.

Por: Emy Padilla

emypadilla@criterio.hn

Tegucigalpa.-El hambre generada por la pobreza ante el desempleo y la incertidumbre por la inseguridad, ha orillado a decenas de familias hondureñas a migrar junto a sus pequeños hijos hacia el norte; unos en busca de un refugio en México y otros que intentarán brincar las políticas migratorias de acero de Donald Trump.

Las historias son desgarradoras y conmovedoras que calan en lo profundo de los sentimientos de cualquier ser humano, que escucha las razones que ha obligado a esta marea humana a marcharse de su terruño en busca de paz y mejores condiciones de vida.

La precariedad tocó la puerta en el hogar de los Barrera, Zúniga y los Gómez en Puerto Cortés. El no tener los suficientes recursos económicos para cubrir sus necesidades básicas hizo que esta familia se alistará y se uniera a la caravana de migrantes que este sábado partió de la ciudad de San Pedro Sula.

 

La caminata inició en San Pedro Sula con un estimado de 1.200 personas, entre ellas un aproximado de 200 niños, pero a su salida en la frontera de Agua Caliente en Ocotepeque, ya iban más de 3.000. Esta es una nueva oleada de hondureños, ya que a finales de marzo salió otra expedición que alborotó el discurso racista de Donald Trump.

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La nueva peregrinación ha provocado la emisión de un sin número de comunicados: las cancillerías de México y Guatemala, advirtiendo de posibles engaños hacia los migrantes y de las reglas y leyes migratorias para pedir asilo o cualquier trato de refugiado. La embajada estadounidense en Tegucigalpa, diciendo que “la situación en Honduras ha mejorado notablemente, y esta tendencia solo continuará si sus ciudadanos permanecen e invierten su extraordinario potencial aquí”, y por su parte el gobierno hondureño ha insinuado que detrás de la caravana hay intereses políticos.

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Los señalamientos y advertencias no han detenido a la marea humana que se mueve firme y avanza en su propósito, alegando que ya no quiere seguir viviendo en Honduras; la mayoría porque no encuentra empleo, otros porque lo que ganan no les ajusta cuando llega el fin de mes, y otros emprendedores, porque son perseguidos por las maras y pandillas.

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¿CÓMO INICIA EL ÉXODO?

La migración masiva inició con una convocatoria en las redes sociales por parte del periodista y dirigente del movimiento progresista de la zona norte de Honduras, Bartolo Fuentes, que invitó a unirse en una caravana. Fuentes, quien es exdiputado del opositor Partido Libertad y Refundación (Libre), dijo que hizo la invitación al ver que a diario cientos de hondureños emprenden de manera aislada la ruta migratoria, según él, incrementando el riesgo de ser violentados y agredidos.

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El periodista y dirigente social, Bartolo Fuentes, reunido el viernes en la central metropolitana de transporte de San Pedro Sula con los primeros migrantes que llegaron al punto de reunión.

“La idea es llegar hasta Tapachula, esto es 25 kilómetros adentro de México, después de pasar Guatemala, en esta ciudad hay consulado de Honduras, esto facilita cualquier trámite puesto que van a solicitar refugio”, expresó Fuentes, quien explicó que el refugio es un derecho que tiene todo ciudadano que siente que está en riesgo en el país en que reside y pide que otro país lo acoja o lo proteja”.

Fuentes lamentó que a los migrantes se les vea como delincuentes porque a su juicio no lo son, pues simplemente son seres humanos luchadores que por el hambre y la inseguridad ya no pueden seguir viviendo en Honduras.

Durante la caravana de marzo y abril pasado, el gobierno de México otorgó 650 visas humanitarias.

DEL PUERTO  A LA CARAVANA

Con su voz entrecortada (31) un joven padre de familia que partió junto a su esposa Adanelia Barrera (29) y sus pequeños hijos, Suany Gómez (9), Bridget Gómez (8) y Jhaddiel Gómez (5), nos contó las razones por las que decidió irse de su casa en Chameleconcito, un barrio de Puerto Cortés, al norte de Honduras. Gerardo se va con la intención de llegar a Estados Unidos, aunque no tiene una dirección o destino definido.

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Gerardo Gómez

Bajo una nube rodeada con destellos de energía solar, poco común en los cielos, Gerardo se acomodaba en el césped de la central metropolitana de transporte de la ciudad de San Pedro Sula y punto de reunión de los migrantes desde el viernes a tempranas horas del día, bajo el típico y sofocante calor de la llamada ciudad de Los Zorzales, que arreciaba con una temperatura de 33 grados centígrados.

El joven padre de familia de tez trigueña y contextura un poco gruesa, cruzó sus piernas y ajustó sus jeans al sentarse en la yerba, dispuesto a narrar su trayectoria de vida. Nos contó que tiene cinco años de no tener un trabajo formal. Ahora le hace de todo.  Chapea solares, pero cree que nadie lo contrata por su edad, pese a que todavía es un hombre joven. y porque apenas cursó el sexto grado de la educación básica.

“Es difícil para nosotros que somos seres humanos, que somos hondureños, dejar nuestra patria, nuestra tierra, en busca de un mejor futuro para nuestros hijos”, dijo Gerardo, mientras su esposa le susurraba al oído que la violencia es otro factor que los obliga a migrar.

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Los niños se divierten haciendo trozos de papel de un periódico.

Llegaron las 3:38 de la tarde cuando Suany, Bridget y Jhaddiel, los tres hijos de Gerardo y Adanelia, se disputaban junto a su primo Sneider (4) unas hojas de papel periódico. Las tiraban al aire, se carcajeaban, denotando su inocencia y el desconocimiento del por qué se encontraban en el lugar y para dónde irían en las próximas horas.

Mientras Gerardo se lamentaba del infortunio de ser pobre y vivir en un país tan inseguro y sin probabilidades de subsistencia para sus hijos, porque a veces cuando tiene suerte de encontrar un trabajo lo que gana son 200 lempiras y cuando mucho 250. Su compañera de hogar, Adanelia nos resumía que nunca ha trabajado fuera de casa, pues sus funciones giran alrededor de su familia, cuidando a tiempo completo a sus tres niños.

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Adanelia juega con sus hijos y sobrinos, mientras juntos esperan la hora cero de la peregrinación.

“Mi deseo es sacar adelante a mis hijos porque aquí no hay oportunidades para nadie”, exteriorizó Adanelia, quien por la situación de pobreza en su hogar solo logró cursar hasta el octavo año de la educación básica.

Gerardo y Adanelia exponían sus interioridades, cuando de repente la vos de Fredy Jonathan Zúniga (30) se interpuso en la conversación de sus familiares y dijo: —Mire—el gobierno se ha olvidado de la gente, nosotros somos de un lugar de Puerto Cortés y ahí no se ve nada, nada, de nada de apoyo del gobierno.

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Pese a la zozobra del viaje, Jonathan no perdió la sonrisa y su actitud positiva ante la vida. Al frente lo observa su concuño, Gerardo.

“Allá en el Puerto uno ve a un montón de güirros (jóvenes) haciendo nada, porque no hay chamba (trabajo) pese a que dicen que es principal puerto de Centroamérica”, decía Jonathan, quien vivió en los Estados Unidos por varios años. Se fue cuando tenía diez años, al paso del tiempo al llegar a la adolescencia lo deportaron y posteriormente  se casó con Martha Barrera (21) con quien ha procreado a Sneijder Zúniga (4) y a Neythan Zúniga (1), sus acompañantes de viaje que desde el viernes dejaron su casa de la colonia Nuevo Horizonte de Puerto Cortés.

El joven se graduó de bachiller en computación, pero desde hace un año que se le venció un contrato laboral en un call center, ubicado en un edificio comercial de San Pedro Sula, no ha vuelto a tener un trabajo formal. Para sobrevivir, se ha dedicado en los últimos meses a hacer traducciones al idioma inglés, el que aprendió cuando vivió en la nación del norte, pero los pagos son mínimos porque quienes requieren de sus servicios son estudiantes que ocupan hacer algunas tareas. A veces, cuando lo buscan, trabaja de ayudante de construcción, comentó.

Jonathan, admitió que su situación no es tan difícil como otras parejas jóvenes que tienen que pagar alquiler de una casa, porque su suegro le ha dado donde vivir y los pocos ingresos que percibe los utiliza únicamente en la comida de su familia.

Ahora mi intención es que mis hijos tengan una vida mejor, que estén en un mejor lugar—me entiende—que tengan otro tipo de sociedad—me entiende—porque aquí miramos en la juventud que no tienen esa libertad de ir a otra parte porque les dicen que no van a salir de ahí. Como hondureños no tenemos esa libertad, de que usted diga quiero ir a tal parte, porque ya le dicen que no puede entrar ahí, manifestó el joven al referirse al terror que han sembrado las maras y pandillas. “Imagínese usted estar en su propio país y no tener esa libertad”, se reprochaba el muchacho.

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Jesús chinea (carga) con ternura a su primito Neythan.

Mientras los demás viajeros seguían llegando a la central de transporte. Nos dirigimos a Irma Barrera (36), madre de Martha (21), Jesús (13) y Carlos Barrera (16). La joven señora dijo que se va de Honduras porque ni para ella ni para sus hijos hay oportunidades para salir adelante. Jesús y Carlos dejaron sus estudios para irse.

La numerosa familia platicaba de sus vivencias en Puerto Cortés, mientras Jhaddiel (5) le decía a su papá que tenía calor y que lo llevara a la playa. En efecto Jhaddiel no sabía para dónde iba, ni dónde estaba. ¡Cree que estamos en Puerto Cortés!, exclamó Gerardo—-su padre—al chinearlo (cargarlo), mientras sonría.

En medio de la confusión del niño, su abuelo don José Eugenio Barrera (60) y suegro de Gerardo expresó sentirse triste porque toda su familia se va del país, dejándolo únicamente con un hijo que se queda con él en casa, esperando noticias sobre el viaje. “Me da dolor en mi corazón ver que mi familia va de camino, pero yo les digo hagan la fuerza en el nombre del Señor porque aquí está duro, aquí hay mucha pobreza”, exteriorizó.

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Don José Barrera compartió con su familia toda la tarde y noche del viernes. El Sábado, al partir la caravana, se despidió con dolor. 

Pese a su tristeza, don José dedicó unos minutos a la confección de un avión de papel, que posteriormente entregó a uno de sus inquietos nietos, que pedía a gritos le hiciera otro para jugar con sus primos y hermanos. En el pasado reciente don José se dedicaba a la elaboración de muebles de madera y a la venta de helados en San Pedro Sula, pero la crisis económica no lo ha favorecido en su negocio y decidió dejarlo. Los sentimientos encontrados se apoderaron del adulto mayor, ya que por un lado desea que su familia llegue a su destino final, y por otro, insistía sentirse triste porque se queda casi solo.

La crisis económica en Puerto Cortés se ha sentido con mayor intensidad durante los últimos 15 años tras el cierre de varias maquilas, que empleaban a centenares de hondureños. Ahora ante la falta de un trabajo formal la mayoría de su población vive de la pesca, pero cuando no es temporada se dedican a la venta de leña. José Barrera dijo que desde que cumplió 45 años no ha vuelto a ser contratado como trabajador. Ahora cuando lo buscan hace fletes con un pequeño troco (carreta), de su propiedad, ganando entre 50 y 100 lempiras por viaje.

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Un comentario sobre “Una marea humana que avanza huyendo del hambre y la violencia

  • Hector Benitez
    el octubre 16, 2018 a las 10:50 am
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    Y a Juan saqueo le pela el eje para el es mejor xq se adueño de nuestro país y su pandilla de picaros

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