¿Contra Luis Zelaya?

Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

Para los lucidos L.Ch, FM. y RPC.

No soy su amigo y no hago acepción de persona. No le debo más que a la banca, a una dama y al comercio, y yo solo debo dinero. A nadie le pido y de nadie espero beneficios ni favores. A los hombres públicos hay que hacerles reconvenciones públicas. Y como Luis también es joven y quizás todavía pueda aprender, permítaseme señalar que ha cometido varios errores y ofrecerle un consejo gratis. No hacía falta la confrontación abierta y menos con gente que no tenía vela en ese entierro. Nada pidió ni recibió LIBRE en contra suyo. Nada hizo Mel que no fuera obligado para los fines de la causa, al aceptar un puesto en la Interventora del Registro. Pecó Luis Ud. de soberbio otra vez. La soberbia siempre fue mala consejera y nunca quedará de pie. Ya lo sabía el griego.

Casi todos los que lo acusan y los que Ud. ha acusado son pillos conocidos, pero ¿se fueron algunos inocentes en la colada? En la política, como en el amor, por lo demás, L. hay que hacer todo con precisión prudencia y suavidad, incluso o especialmente la extirpación del cáncer. Hay que vivir el momento (los pedantes dicen coyuntura) en vez de recurrir a los pecados que el tiempo se llevó.  Y la expulsión no ha funcionado. A la cabeza del Central Ejecutivo del P.L. mi padre, Rodolfo Pastor y Carlos R Reina expulsaron en 1972 a los diputados que ocuparon una curul en un Congreso salido de elección dolosa. Pero no logró rectificación ninguna y a Reina le tomó 20 años regresar, años que no tenemos.

No hay que caer en emboscadas en la cueva ajena. El Partido tiene Casa. Todos los liberales pueden acudir ahí con propuestas. Y sus funcionarios pueden acudir cuando sea preciso a cualquier lado a negociar con cualquiera, afuera, en lugares asoleados y amplios, frente a testigos. Menos en secreto a la umbrosa caverna en la que -veinte años después- se pretende seguirle dictando pautas, fuera de su institucionalidad. En su descargo de Ud. debo decir que quizás no le quedaba más remedio. Que lo estaban tratando de humillar. Se dio cuenta a tiempo. Y solo podía optar por ser o no ser. Porque Ud. tiene enemigos que se proponían anonadarlo. No voy a decir todo lo que se o se me ocurre, porque no tengo derecho en tanto que ya no soy liberal. Me sacaron con Mel los del Lado Oscuro. No sé si a Ud. también lo expulsaran.

Pero a una comitiva que envió recién ese Lado Oscuro a cabildear a notables sampedranos liberales, entre los cuales me encontraron casi por casualidad, le declaré sin empacho que, más allá de esos errores, no acepto reclamo contra Ud. Luis y más bien como ciudadano me siento obligado con su valentía. Porque, se los remaché, me parece que sin saberlo ni proponérselo, Luis Zelaya está haciendo o tratando de hacer lo que yo me propuse cuando fundamos, con una docena de amigos (muertos muchos ya, Roberto Sosa y Juan Domingo Torres, Rigoberto Paredes y Leticia Oyuela, Salatiel Bu y Samy Kafaty) lo que se llamó el Movimiento de Reforma Liberal, por sus siglas MORELI. Un movimiento interno del liberalismo 1991 1993 que, aun sin tener estructuras, ni más financiamiento que el que cada cual ponía, participó, abrió espacio y fracasó planteando que el Partido Liberal tenia responsabilidad. Que Honduras estaba enferma.

No era (es) es una democracia si no, en todo caso una proto república. Que padecía y padece de un letargo moral, provocado por la miseria y lo que llamamos capitalismo de componendas y por falta de imaginación política. Y que, puesto que la raíz de ese mal es la pervertida conducción de las clicas partidarias, para remediarlo se precisaba, se precisa una reforma profunda, con una visión moderna. Y en su orden se necesitaba reformar al Partido, democratizándolo, para desde el poder, reformar al gobierno desfigurado por los intereses creados y, mediante el poder eficaz de un Estado que garantice el bien público, reformar a la misma sociedad.  Restaurarle valores. Despertar ciudadanía. El mismo C. R. Reina (QDEP) nos quiso luego quitar la bandera, pregonando una Revolución Moral que ganó la candidatura, pero no prevaleció al final contra el sistema. En parte porque entendía que el problema era el adversario. Enarboló el Plan de Miguel Facussé. Y los propios liberales le aserrucharon el piso. Desde el Congreso, Flores protegió a Callejas quien, al final, le entregó la siguiente, pagada con cartas de libertad, perdón y olvido y el más puro de nuestros gobernantes terminó pagando no recuerdo si 30 mil pesos por una rúbrica en un contrato de los Sextos Juegos.

Quise más tarde asaltar a la argolla formando parte de otra, y no funcionó. Acepté regresar al gobierno con Mel porque este líder se comprometió con democratizar de nuevo. También Mel se propuso lo que nos proponíamos nosotros, forjar una genuina democracia. Después de la duda, Luis se ganó el derecho a ser escuchado cuando denunció el fraude que el gringo escondía. Quizás no lo defienda más, si no corrige. Pero no voy a salir a batallar contra Luis. No es mi enemigo. Ni voy a aprovechar su traspié. La novatada que se ha puesto en evidencia es justo lo que lo identifica con la generación de jóvenes a quienes dedico esta.

Se ha vuelto irritable, Mel y le repito que no debe insultar ni atacar a Luis Zelaya como supongo que lo animan a hacer malos consejeros porque no es la contradicción ni es el blanco. Saludo, a Mel, desde mi montaña cuando renuncia otra vez a una candidatura que hubiera sido otro error. Me ha gustado y aplaudo su conciencia de que hay que prevalecer contra el sistema y su continuismo, y que para eso es preciso unificar la oposición. El Lado Oscuro del Partido Liberal no es oposición. Es un invento.

Ser gringuero es un problema, tanto como vituperar al gringo. Porque junto a los intereses corporativos propios y foráneos y las mafias que han pervertido a la nonata republica de Honduras, los estadounidenses, con sus políticas de alineamiento ideológico derivadas de las guerras frías y calientes del último medio siglo y más han estorbado la democracia, porque desconfían del pueblo allá y aquí más aún. Y para ponerlo a prueba, Mel debe retar a Luis Z a unirse en la gran Coalición pro cambio y democracia, sin exigirle nada más. Ni ofrecerle más que un sitial frente a la tropa.

No debe atacarlo más. Sino, por el contrario, adoptarlo, a Luis. Enseñarle como le trató de enseñar a Salvador. (Era más difícil). No solo a salir indemne del Aquelarre, si no a identificar bien al mismo Diablo entre muchos impostores. Enseñarle a acercarse al pueblo, única fuente de autoridad y fuerza democrática. A sudar sin protesta entre el gentío y a darle la mano a quien la tiene embarrada de lo real, para ganarse la sonrisa de su voto. Debe enseñarle a tener contento entre la gente y a dejar que la gente lo rodee con un aura de esperanza. Solo juntos podemos construirla.

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