El ejército nació para asesinar al pueblo “Catracho”

Por: Oscar Miguel Marroquín

Los poderosos económicamente hablando un día decidieron matar a Berta Cáceres, pues esta mujer defendía con mucha valentía los ríos y bosques de Honduras; donde ella veía vida y esperanza, los ricos siguen viendo riqueza personal para aumentar su poder económico.

Entonces dieron la orden a su ejército privado de matar a Berta.

Periódicos de todas partes del mundo dan cuenta de más de un centenar de ambientalistas asesinados en Honduras, difícil es creer que detrás de estos asesinatos no exista manu militari.

Marco Antonio Tulio Medrano, asesinado en Chamelecón, San Pedro Sula, a manos de ocho militares, lo secuestraron, torturaron y cuando la sed de sangre de estos criminales ya era demasiada, entonces determinaron matarlo.

Si las palabras del que subscribe este articulo generan duda alguna, vaya usted al Ministerio Publico y convénzase por cuenta propia.

La estela de muerte es interminable, basta con el caer de la noche y más de algún hondureño o hondureña no amanecerá vivo o viva.

El ejército mantiene permanente sed de sangre.

Riccy Mabel Martínez Sevilla es ya parte de la interminable lista de seres humanos asesinados por el ejército hondureño; tanta sangre ha corrido ya a manos de estos esbirros que la bandera de este país ya luce manchada de muerte y dolor.

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Con usual hipocresía la mafia del Partido Nacional hace un estúpido intento por negarlo.

Sobre el cuerpo Riccy Mabel los militares tatuaron el sentimiento salvaje, saciaron su brutalidad animalesca, dejaron la huella de la horda criminal; una vez más la filosofía de la muerte quedo establecida.

El coronel Ángel Castillo Maradiaga, el capitán Ovidio Andino y el sargento Santos Olivares, pusieron una mancha más de sangre a la bandera catracha.

Sin embargo, los mal llamado honorables diputados del Partido Nacional no cesan de rebuznar.

La bandera hondureña tiene tantas manchas de sangre, que seguramente solo una verdadera revolución desde las propias entrañas del pueblo podría contribuir a limpiarla; no se asuste la oligarquía, políticos o militares, cuando digo una revolución, pues la guillotina ya no se usa, caso contrario ya tendrían que estar elevando una oración antes de ver sus cabezas rodar.

La lista de asesinados, torturados y desaparecidos es interminable Elías Jireth Ramírez forma parte ya de ella; la Policía Militar de zopenco dictador Juan Orlando Hernández, mato sin piedad alguna a Elias Jireth.

La revolución entonces no puede esperar más.

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