Mal de muchos… o ¿Se nos quemó la tortilla?

La República del error

Por: Julio Raudales

Hace algunas semanas comenzó a circular en redes sociales y medios de comunicación hondureños, una columna de opinión que su autor llamó “La vuelta de la tortilla”, escrita para “La Prensa Gráfica” de El Salvador y firmada por Carlos Alfaro Rivas. https://www.laprensagrafica.com/opinion/La-vuelta-de-la-tortilla-20180806-0062.html

La breve nota, escrita en forma sencilla y directa, refiere la penosa situación que, según Alfaro Rivas, vive el hermano país luego de una década de gobiernos administrados por el izquierdista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).  

Vale la pena recordar que, luego de décadas de lucha, el FMLN depuso las armas y apostó por la vía política (sabia salida), conquistando luego de tres apuestas, un apretado triunfo electoral que llevó al poder primero a Mauricio Funes y posteriormente, en 2014, a Salvador Sánchez Cerén, actual presidente.

El punto es que el señor Alfaro Rivas utiliza su columna para hacer una severa crítica a los resultados gubernamentales, a propósito de la campaña política que arrecia en éstos meses, de cara a las elecciones de febrero del próximo año.

En efecto, la impresión que a priori causa su análisis, deja claro que las cosas no han andado bien para los salvadoreños bajo el gobierno frentista. Si bien es cierto que el bajo crecimiento, el desempleo elevado, la inversión extranjera menguante y el deterioro en la infraestructura se remontan a los últimos 20 años, es evidente que, en las administraciones de la izquierda salvadoreña, poco se ha hecho para revertir la situación, lo cual ha provocado el descrédito en la clase política en aquel país.

Pero ¿Qué tenemos que ver los hondureños en todo esto? Yo digo que nada. Sin embargo, en su análisis, el señor Alfaro se empeña sistemáticamente en comparar la situación de su país con la de su “vecino haragán” (que casi lo dice), sin darse cuenta de que alguien, con un poco más de información entre sus lectores, puede enterarse de que la comparación, deja, quizás sin buscarlo, en muy mal predicado a Honduras.

Comienza diciendo el amigo Alfaro, que la economía salvadoreña, otrora boyante y diversa, crece hogaño a un ritmo inferior al de la catracha, tradicionalmente más retraída y endeble. Obvió decir el amigo, que este hecho no implica que la producción de su país sea ahora menor que la hondureña. Tal vez él no entiende que no es lo mismo “niveles” que “dinámicas” como se enseña en las escuelas de economía. Por más que nuestro PIB real crezca al 7% (suponiendo que así fuera), difícilmente se comparará al de Estados Unidos, pese a que éste aumenta apenas al 2% anual. Conclusión: la economía salvadoreña sigue siendo mayor a la hondureña y por bastante.

Luego, se mete a hacer un conteo de los paupérrimos resultados pipiles en la dinámica sectorial. Parece que la producción cafetera ha ido en caída libre en los últimos años, pasando de 4 millones de quintales a apenas 700 mil. Honduras, sin embargo, se mueve ya en el Top 5 mundial (y eso hay que aplaudirlo).

También alega que antes los hondureños comprábamos en las tiendas y abarroterías, puro producto salvadoreño y que ahora eso cambió. Eso lo recuerdo bien, porque cuando niño, el jabón en mi casa era Camay, los zapatos Adoc y sopas Continental, entre otros, pero se le olvidó al compadre, que dejamos de comprarlos porque la invasión ahora viene de México, Colombia y, por supuesto, de la China con la que ahora ellos y no nosotros, se enlazan.

No es mi intención defender al FMLN ni criticar el móvil de Carlos Alfaro al argumentar de la forma en que lo hizo, utilizando a Honduras como ejemplo para atacar al actual régimen de su país. Si la izquierda allá ha hecho malas administraciones, pues lástima por los hermanos salvadoreños. Lo que me parece patético, es que alguien, no sé con qué intención, pretenda que la citada columna de opinión sea una apología a los logros hondureños.

Lejos de eso, lo que el escritor hace es poner al gobierno de su país al nivel de los “peores de la clase”, diciendo que en El Salvador están tan mal las cosas, que hasta se parecen a Honduras.

Así que lejos de alardear, lo que deberíamos hacer es concentrarnos en priorizar los temas en los que nuestro sector público puede coadyuvar para hacer que las cosas cambien: Mejorar la calidad y la cobertura educativa, asegurar buenos servicios de salud primaria y atención clínica y hospitalaria, dotar de infraestructura adecuada a los sectores productivos y, sobre todo, crear un clima institucional y legal confiable, que genere paz y mucha inversión productiva. Tenemos suficientes impuestos para lograrlo, solo falta cambiar la actitud.

¿Se dio vuelta la tortilla? ¿O más bien se nos quemó?

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