Verdad en Historia

Por: Irma Becerra

La verdad como concepto y como hecho real siempre se ha visto atacada por todos los frentes ideológicos desde el inicio de esta ciencia y no solo desde los posmodernos y los constructivistas radicales. Sin embargo, esas intenciones por “deconstruir la realidad” de forma total, y expresiones como las de Jean Baudrillard, el teórico de la simulación que señaló que “el simulacro no es lo que oculta la verdad. Es la verdad lo que oculta que no hay verdad. El simulacro es verdadero”, esas intenciones, repetimos, de dichas teorías extremas son en sí mismas manipuladoras porque no defienden ni aman a la Humanidad ni al ser humano de forma incondicional, ya que para ellas todo es destrucción y fin de la Historia. De hecho, si Baudrillard dice que todo es un simulacro, entonces está diciendo que él mismo es un simulador, un mentiroso y un hipócrita, por lo que no hay que tomarlo muy en serio. Solo mentes perversas como las de Baudrillard, pueden escribir, por falta de amor al mundo, libros como “El crimen perfecto”, como si no hubiera en el mundo ya suficientes asesinatos y crímenes.

La sustitución de la verdad por el simulacro, que, según Baudrillard, ha inundado todas las sociedades, podría ser posible en el capitalismo industrial donde las personas ya no se conocen unas con otras y donde los vecinos son indiferentes entre sí; pero en las comunidades pequeñas como las de nuestros países, todos nos conocemos y sabemos más o menos lo que es y hace cada vecino. Por eso, aunque sabemos muy poco de la realidad guatemalteca, quisiéramos discutir la premisa y conclusión absolutistas a las que llega Mario Roberto Morales en su artículo “El simulacro como verdad. Para la masa, la puesta en escena es ya indistinguible de lo ‘real’”, publicado en criterio.hn del 5 de septiembre de 2018, en el que señala que los ciudadanos están siendo de tal forma manipulados mediáticamente que ya son incapaces de distinguir lo falso de lo real. Aunque, sin duda, el autor tiene razón en su crítica a la simulación de lo real que hacen los medios de comunicación actuales con las nuevas tecnologías, creemos que no tiene razón al señalar que se ha falsificado la realidad de los países socialistas como Cuba, Venezuela y Nicaragua “cuyas revoluciones han sido soberanas”. Ello, porque, aunque dichas revoluciones se hayan realizado con el apoyo inicial del pueblo, su transcurso posterior ha terminado por traicionar al pueblo, por lo que no creemos que en dichos países la verdad no sea un simple simulacro. De hecho, en éstos países la gente se conoce, para el caso en Cuba, los Comités Revolucionarios de cada Barrio, vigilan las vecindades ahogando cada iniciativa y crítica individual, así que no creemos que en ese país la gente no se conozca ni que el Estado totalitario no sepa lo que hacen sus ciudadanos como para afirmar un “falseamiento de la realidad” por estos últimos y decir que “los cubanos son unos mentirosos cuando critican el régimen”. Además, los muertos en Nicaragua son reales y no simulados; y la hambruna en Venezuela es real y no simulada, y en mi país, Honduras, los asesinatos de jóvenes, estudiantes, mujeres, periodistas y abogados son reales y no simulados o inventados. Hacemos ésta apreciación porque el autor mencionado critica muy negativamente a todos en su país Guatemala, mientras por último sale en defensa parcializada de Cuba, Venezuela y Nicaragua, terminando, a su vez, por señalar, que “todo es un simulacro menos la conciencia crítica” con lo que niega lo mismo que pretende afirmar. Tampoco consideramos correcto como reflexión crítica la consideración absolutista de la geopolítica que niega el avance democrático objetivo de los pueblos.

Ahora bien, donde sí parece tener validez esta teoría del simulacro es en los Estados Unidos de América con Donald Trump y su juego de la “posverdad” como la forma falsa de hacer política jugando sólo con las emociones de los ciudadanos. Pero aun así, en la sociedad más manipulada del mundo, el capitalismo fascista autócrata totalitario parece, con sus propias acciones inhumanas, estar logrando que la población norteamericana adquiera mayor conciencia y participe en movilizaciones masivas alzando su voz de protesta ya que la situación de manipulación mediática y política se ha vuelto insoportable. Donde también pareciera tener vigencia la teoría de la simulación es en la forma en que las autoridades gubernamentales de nuestros países dependientes presentan los hechos o las investigaciones de los casos, los cuales son presentados siempre como sucesos propios del narcotráfico o el crimen organizado, ocultando la realidad de la presencia de fuerzas paramilitares y de terrorismo de Estado que criminalizan a la sociedad y a la protesta social. Sin embargo, en historia la verdad siempre prevalece y no dudamos en que las investigaciones paralelas de la sociedad civil y las organizaciones internacionales de Justicia, así como la presión de las organizaciones ciudadanas y el esclarecimiento educativo de los medios de comunicación alternativos en todo el mundo tenga efecto para vencer el falseamiento de los hechos y la impunidad de los mismos que actualmente satura la realidad.

No obstante, agregamos que se puede saber si alguien escribe la verdad, con verdad y defendiendo la verdad no si ataca de forma virulenta a todos los bandos para luego defender a uno solo, sino si defiende la posición universal de principios igualmente universales de defensa del ser humano en cualquier sociedad y en cualquier parte del mundo, y si realiza esta misión y tarea con una convicción e integridad firme pero prudente, no provocadora, es decir, de manera constante y permanente durante toda su vida y no según sean las circunstancias.

La conciencia crítica para ser verdadera, no puede ser parcial ni parcializada, tiene que observar los hechos reflexivamente en cualquier lugar y época históricos del mundo porque aunque la verdad pareciera tener muchos lados y por eso ninguno ser real y objetivo, lo cierto es que la verdad siempre tiene una perspectiva inherente universal que es la única que prevalece y puede ser válida independientemente de los muchos criterios subjetivos individuales: y es cuando abarca a todos los seres humanos por igual sin dañar su dignidad humana y avala esa universalidad teórica con acciones prácticas igualmente de alcance universal.

En este sentido, la verdad en historia puede ser definida como la práctica integradora e incluyente de la justicia social que consiste en dar a cada quien lo que se merece sin dañar o perjudicar nunca su dignidad humana que le es inmanente por ser miembro de la especie humana, que es la única dotada de razón para saber que debe vivir y convivir respetando esa dignidad, por lo que la especie humana es autoreferencial.

Verdad en historia significa que nada ni nadie pueden abolir la realidad objetiva y lo real concreto, que sigue existiendo aún después de muerto el ser humano, por lo que se podrá intentar falsear la realidad e intentarlo de forma absoluta, pero la propia realidad se defiende a sí misma y tiene mecanismos propios para volver a imponer la verdad a través del mismo ser humano que resurge más consciente y sensible, y que sabe, siente y conoce quien le miente y por qué lo hace.

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