Iluminismo y Autodisciplina: Elementos para una Regulación Ética Ciudadana de los Medios de Comunicación

Por: Irma Becerra

He leído detenidamente el ensayo de Ariel Antonio Varela, “El Poder Mediático”, publicado en criterio.hn del 6 de septiembre de 2018, sobre el falseamiento de la verdad que realizan los monopolios de la comunicación en nuestro país, y he sentido su rabia e indefensión, que comparto plenamente porque desde hace décadas se viene embruteciendo al pueblo para que éste no se dé cuenta de la manipulación y la conducta sumisa que se espera de él. No existe en la mayoría de nuestros medios de comunicación un nivel serio y profundo de formación científica ciudadana, ni mucho menos debates ni diálogos dialécticos, es decir, una comunicación que realmente vaya a las necesidades de los ciudadanos receptores; que escuche sus inquietudes para ir conformando en conjunto las verdades absolutas que sean patrimonio universal de la Humanidad y que aún algunos desconocemos, pero que nadie puede ya negar o ser indiferente a ellas. Una de esas verdades absolutas es que “ningún poder ni siquiera el mediático está libre de ser relativizado por la intervención ciudadana, sobre todo si hace daño a las personas porque las mantiene en la estulticia y la ignorancia”. Esa verdad absoluta histórica proviene de la lucha del Iluminismo francés y alemán en el siglo XVIII por dejar un legado filosófico a la Humanidad llevando “las luces del conocimiento a los pueblos para acabar con la oscuridad de la ignorancia porque ésta última nunca ha ayudado a nadie”. Este lema, del cual era partidario nuestro prócer, el General Francisco Morazán Quesada, junto a su concepción pedagógica de la educación popular, la lucha por el Estado laico y la lucha contra el fanatismo religioso no han perdido vigencia y actualidad y hacen necesario un nuevo Iluminismo o como se dice en alemán, una nueva Aufklärung para el siglo XXI, que no es más que una nueva filosofía comprensiva de la historia que rescate la voz silenciada y humillada de las víctimas que reclaman castigo a los crímenes tanto individuales como de lesa humanidad, incluso de las víctimas de la violencia mediática.

Pero junto al Iluminismo también nuestro milenio nos exige de otra verdad absoluta que debemos defender, y la llamamos absoluta porque sin ser un dogma es una postulación firme, fundamentada contundentemente que se puede discutir pero que no se puede rebatir porque es un imperativo moral categórico que ya tiene que ser reconocido mundialmente, y esas verdades y principios absolutos constituyen y son postulaciones contundentes que también tenemos que tener valor de defender de manera contundente para que la filosofía como ciencia sea tomada en serio. Esa verdad y valor absoluto que precisamos desde la ciudadanía es la autodisciplina. Ella nos exige de un cambio de actitud personal para afrontar el poder mediático y enfrentar los retos de la era de lo insólito. Esa actitud nueva como verdad y valor absolutos de la autodisciplina relacional crítico comprensiva es la que nos ayudará a sabotear el poder mediático de forma individual al ser selectivos y recuperar así el control sobre nuestras vidas y recuperar también la fuerza de concentración que es la única que hace posible un trabajo serio de trascendencia creadora.

Eso significa autodisciplina para dejar el celular; para dejar de chatear y estar en línea entretenido todo el día; para dejar de estar conectado a las redes sociales todo el tiempo; para dejar de ver películas de horror, de vampiros y de sangre en el cine y la televisión; para dejar de oír programas de radio que solo son negativos de la idiosincrasia hondureña y no aportan nada; para no ver narcotelenovelas ni oír narcocorridos; y en fin, para leer con paciencia, atención y concentración libros serios y profundos, especialmente para leer Filosofía. Ello, porque como decía nuestro amigo Friedrich Nietszche “hay que leer con resistencia y aprender a leer con resistencia”. Él quería ser leído con resistencia, esto es, para nuestro tiempo, aprender a pensar constructiva y comprensivamente porque la lectura crítica no tiene efecto solo en el que la lee, sino que ella también determina la forma en que dicha lectura hará que la persona lectora o el lector trate e influya en los demás. Esto es así porque la lectura crítica por ser reflexiva y no meramente descriptiva tiene un resultado y efecto multiplicadores que ayuda al sentido común a trabajar inteligente y racionalmente.

Estos dos elementos, iluminismo y autodisciplina, como verdades históricas absolutas constituyen ya elementos para desarrollar una Ética de Regulación Ciudadana de los Medios de Comunicación en Honduras, que nos ayude a vencer y neutralizar el cerco mediático de los monopolios que actualmente avalan a la dictadura para confundir y despistar al pueblo. Falta un elemento más que he tomado del Movimiento Estudiantil Universitario (MEU) en mis clases de Filosofía General en la UNAH, y es su concepto de “diálogo dialéctico”, el cual, Ariel, le dejo de tarea definir y explicar para que me ayude, junto a los amigos lectores, a fundamentar nuestro próximo artículo que puede llevar como título: “El diálogo dialéctico como interpelación histórica”. Gracias.

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