Cordial invitación

“…Entonces acuden a los menores de edad y a las mujeres para que les puedan seguir recolectando el dinero, en el caso de la extorsión o la venta de droga, y de ahí se derivan las muertes de mujeres que nosotros vemos constantemente en los medios de comunicación”. Director de la fuerza nacional anti maras y pandillas (FANMAP) Amílcar Hernández en el programa televisivo 30/30, el domingo 2 de septiembre de 2018 y reproducido por Criterio.hn el lunes 3 de septiembre.

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Tegucigalpa.-Alguna de mis ancestras decía que antes de expresar alguna acusación, pensáramos si contábamos con las pruebas suficientes para soportarla, porque si no, nos tocaría lavarnos la boca con jabón. Eso para demostrar que las cosas que habían salido de nuestros labios eran incorrectas y así podríamos volver a estar limpias para pronunciar nuevas palabras, que contuvieran esta vez, verdades que podríamos sostener. Y me acuerdo pensar en lo horrible que sería eso, si me tocara hacerlo, así que me cuidaba mucho de hacer señalamientos sin contar de mi lado, con al menos, una verdad irrefutable. No parece ser el caso de algunos funcionarios de Estado que presentan excusas donde deberían dar respuestas.

Estas son las alturas del año, donde empezamos con lo mismo: las feministas y ahora, medio mundo además de nosotras, denunciando las muertes violentas de mujeres y la policía sacando el ridículo argumento (porque no se como más se le puede llamar a esa afirmación) de que las mujeres mueren cada vez más porque están más implicadas en cadenas del crimen organizado. Y así las cosas, desde hace aproximadamente 10 años. Poco o nada les han calado las múltiples manifestaciones feministas: procesiones y entierros, desnudos, colores, gritos por la vida. Mucho menos les hace mella ver los cuerpos profanados, torturados, violados de las mujeres, con un ensañamiento difícil de imaginar si no lo viralizaran tan rápidamente, como un mensaje para las otras, para las que quedamos: No se atrevan a caminar, no se atrevan a desobedecer, no se atrevan a salir, no se atrevan a hablar, no se atrevan a ser, porque esto es lo que les pasará.

En la reciente instalación de la Comisión Interinstitucional de Femicidios, la Policía Nacional presentó sus importantes disminuciones a la reducción de estos crímenes haciendo un gráfico comparativo de los años 2016 al 2018. En ella hacían valoraciones de la importante reducción en estos crímenes que iba más allá del 50% porque ¡hacían un cálculo entre todos los dos años y el primer trimestre del 2018! No se ustedes, pero seguro que a cualquiera le gustaría hacer matemáticas de este modo. Luego presentaron que se habían investigado en el 2016, apenas 4 casos de femicidios y en el 2017, 23 casos, lo que nos da la maravillosa cifra de 27 casos investigados, frente a 757 muertes violentas de mujeres en el período, registradas por el Observatorio Nacional de la Violencia. ¡Un aplauso de pie para estos abnegados investigadores, que lograron un 3% de efectividad! Como les expresé en una reunión reciente, frente a la presentación de los datos anteriores: a mi, personal e institucionalmente, me daría vergüenza salir con esos datos. Pero creo, que la vergüenza, está más allá de sus preocupaciones.

Si ese es el porcentaje de investigación: ¿cómo se atreven a decir semejantes “tonteras” sin siquiera contar con una indagación seria detrás?, ¿Nos van a decir que todas las asesinadas tienen “vínculos” con el crimen organizado sin haber investigado?, ¿dónde están las mujeres asesinadas por violencia doméstica, por redes de trata y explotación sexual, las que mueren en la línea de fuego, las que son asesinadas como producto de acoso y abuso sexual o las asesinadas por violencia política?

Ana Carcedo, feminista centroamericana plantea: “en las redes de crimen organizado, las mujeres son el último eslabón de la cadena. Su posición de poder no siquiera comparable a la de los hombres. Ellas son, en la mayoría de los casos, obligadas a participar de cualquier modo, encargándose de tareas menores…”.  Por ello, no vamos a negar que las mujeres, especialmente las jóvenes, están siendo asesinadas por integrantes del crimen organizado. Nosotras (que si hacemos investigaciones desde las víctimas y basadas en fundamentos teóricos feministas y sociales) sabemos que son asesinadas por negarse a participar en redes de tráfico, por que son objeto de violencia y acoso sexual por parte de integrantes del crimen organizado, porque son obligadas muchas veces a ejercer actividades criminales, porque de ello no depende solamente su vida, si no la de sus familias. Además, ¿qué alternativa le queda a una joven que nace y crece en barrios considerados peligrosos, por la escasa o nula intervención y protección del Estado?, ¿Adonde va, si quiere escapar de esas redes criminales obligatorias?, ¿Cuáles son las oportunidades que tiene en este país empobrecido, violentado y claramente misógino? No es la primera vez que hemos gestionado desplazamientos internos o externos inmediatos para mujeres de todas las edades cuya vida y la de sus seres queridos peligra. Lamentablemente, algunas se nos han quedado en el camino, porque el tiempo, que no es nuestro aliado, resulta insuficiente.

Y aquí no solo hablo no solo de crimen organizado, hablo de parejas acosadoras y violentas, cuyos puestos en el poder (militares, policías, diputados, etc.) los protegen de forma inmediata, hablo de las muertes recientes de las estudiantes y de todas aquellas muertes por violencia política, que siguen sin reconocerse. Sin embargo, la salida más fácil, es otra vez, culpar a las mujeres, hacerlas responsables de su destino. “Ellas se lo buscaron, no es responsabilidad nuestra”, parecen decir las declaraciones de los operadores de justicia. En una ocasión incluso, creo que en el 2008, un Director de la Policía expresó, palabras más, palabras menos: “A las mujeres las matan por eso de la equidad de género. ¿No querían tener los mismos derechos que los hombres? Entonces ahora salen a las calles y las asesinan”. 

Así que comprenderán que a estas alturas, existe un cansancio enorme de escuchar tamañas estupideces, sin sustento, que parecen una burla a las mujeres y a todo el pueblo hondureño. Creo también que esto es parte de una estrategia dirigida: una mofa orientada a hacernos reaccionar de forma violenta y escandalizada, desviándonos de cuestionar sus responsabilidades estatales, al volverlo claramente un asunto personal (ignorando que lo personal es político) para volver a hacerlo de nuevo, el año siguiente. Ya no queremos más excusas, ni discursos que rayan en lo ridículo. Queremos respuestas. Y si no pueden hacerlo, antes de expresar cualquier otra “genialidad”, les invitamos, por respeto a este pueblo sufrido y a sus mujeres en pensar cómo “lavarse la boca, con jabón”.  

Jessica Isla

En el país de las ridiculeces

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