Degradación

Con la degradación de nuestra sociedad, como consecuencia de una estrategia de gobierno fallida, estamos ante la penosa realidad de una Honduras que agoniza.

Por: Moisés Ulloa

Mi primer contacto con el entonces precandidato por el PLH Luis Zelaya, fue mediante un conocido en común, hasta ese entonces no nos habíamos presentado, sabíamos del uno al otro simplemente por referencia. El acercamiento se dio a razón de un escrito privado que le había mandado, en donde exponía mis puntos de vista de lo que consideraba era el inminente fracaso de la estrategia de seguridad que manejaba en ese tiempo el presidente Juan Hernández.

Quizás mi estimado lector no conoce de mi academia, pero una de mis licenciaturas es la de criminología (la otra es Ciencias Políticas), además de haber servido durante seis años en la flota aérea naval de los EEUU y una amplia experiencia profesional en la industria de la seguridad privada en el país. Sin embargo, mi acercamiento fue como un ciudadano preocupado por los eventos que miraba estaban por suceder.

En esa primera reunión, la pregunta de Luis fue bastante directa: “¿Qué piensas de la estrategia de seguridad actual del país?” a la que le contesté -es una burbuja a punto de estallar, ninguna estrategia de seguridad puede ser efectiva y permanente, cuando esta está basada exclusivamente en una variable. Considero que la estrategia de mano dura o de choque es efectiva en el inmediato plazo y contempla la fascinación mediática, pero es fallida e insostenible en el tiempo.- Obviamente la pregunta siguiente fue “¿Y tú que propones?” a lo que comencé a profundizar un poco más en la idea que le había adelantado, a la formación de un equipo de trabajo de tres personas (conmigo incluido) y a la presentación de un plan de gobierno en materia de seguridad cuya estrategia primordial se denominó “Casa por Casa, comunidad por comunidad: seguridad Integral e Inclusiva” y a la que seguiré haciendo referencia más adelante en este escrito.

Desafortunadamente lo que en el año 2016 veíamos estaba por suceder, ha ocurrido y, la burbuja de la estrategia de seguridad del ahora presidente ilegítimo y de facto Juan Hernández, ha estallado. La terquedad de hacer políticas basadas exclusivamente en el sensacionalismo e impacto mediático de atacar únicamente los efectos y no las causas de la violencia y el crimen organizado en el país, nos ha llevado a una degradación social, sin precedentes.  El que no quiera entender que la actitud del abuso del poder de este gobernante, sumado a la descomposición social producto de la incapacidad en la administración del estado en las materias enfocadas a la niñez y la juventud de Honduras, más la polarización política como consecuencia de su reelección ilegal, nos está llevando al borde de un precipicio que puede culminar en una caída desenfrenada hacia una batalla civil.

En esto, no estoy exagerando. El hartazgo de todos ya no se puede ocultar y las evidencias del fracaso de Hernández están a un nivel que ya no se pueden disfrazar ni maquillar, aun contando con su maquinaria mediática y con instituciones a su servicio que cuentan las cosas a su manera. A esta fecha, cerca de 30 mil jóvenes han sido asesinados en los últimos diez años (nueve de los cuales son bajo la administración nacionalista), cerca de otras 35 mil personas pertenecen a las maras o pandillas; miles de miles de otros jóvenes han sido desplazados del país y el embarazo en las adolescentes es sin lugar a dudas el mayor problema social de Honduras, incluso sus impactos de este enorme flagelo, son dignos de un escrito exclusivo sobre el tema y de un estudio profundo. Si lo anteriormente expuesto no lo convencen, simplemente vea las cifras de los resultados en materia de educación, esa calificación de aplazados son la evidencia más clara, que ser un joven en Honduras, es casi sinónimo de llevar colgado una sentencia de fracaso, emigración, cárcel o muerte.

Sin embargo, la gota que puede derramar el vaso, la chispa que puede encender el “pasto seco” y derretir el trono de hielo en el que se sienta Juan Hernández, es la figura escalofriante del vídeo de los dos estudiantes asesinados, caminando en sus últimas horas de vida, bajo la custodia de personas portando el aparente uniforme de la unidad élite de seguridad del estado la ATIC. Este suceso ha despertado el temor en la ciudadanía, la desconfianza en las instituciones del estado cuyo propósito es la de protegernos a todos y ha generado que los fantasmas de lo que se consideró superado, con la depuración de la policía nacional, vuelvan a surgir. La investigación profunda de este trágico y lamentable suceso debe ser inmediata y exhaustiva, sus conclusiones deben de llenar la completa expectativa de todas y todos, en tal forma que permita disminuir la degradación de las unidades de seguridad del país ante la percepción ciudadana; caso contrario, estaríamos ante las puertas del infierno. Nadie quiere esto, por lo que exigimos verdad, justicia y paz.

Hoy hemos visto como se ha anunciado la “nueva” estrategia de seguridad enfocada al combate de maras y pandillas. Desde ya Hernández, vuelve a cometer el mismo error de enfocarse en una de las variables. Como se los expuse en el inicio de mi escrito, el plan de gobierno que trabajamos  con Luis Zelaya junto con el equipo de dos personas más para este eje, determina una operación parecida, cuya primera acción estaba destinada a definir las áreas comunitarias que se encuentran secuestradas por las maras y la participación de una  unidad de choque, recuperación, control y transición comunitaria, cuya misión era el rescate de las comunidades en poder del crimen organizado y  el retorno de ese control a la comunidad misma.

Sin embargo, nuestra plan no se quedaba exclusivamente en esa variable, ya que una vez que el sector es recuperado, determinaba inmediatamente la ejecución de un programa de  intervención integral comunitaria,  esto incluía: la provisión de los servicios públicos con especial atención en el agua potable, iluminación, pavimentación de las calles para que se habilite un sistema de transporte público y áreas recreativas; la implementación de un censo educativo social; la formación de la unidad de seguridad especial para la niñas, adolescentes y mujeres; la construcción o mejoramiento del Centro Educativo Comunitario (escuelas), Centros de Excelencia Comunitarios (enfocadas a tener a nuestros niños y jóvenes una vez fuera de las escuelas en actividades de aprendizaje en las artes, deportes y liderazgo), Centro Preventivo de seguridad Comunitaria y de Reacción Inmediata, Centro Comunitario de Salud, Centros de Emprendimiento y Capacitación Vocacional Comunitaria (para complementar el oficio y emprender un trabajo); y la aplicación de un programa durante fines de semana con énfasis en inculcar aspectos de educación en valores, respeto a su integridad sexual,  trabajo comunitario, voluntariado y disciplina. En este sentido, pretendíamos crear el bienestar social bajo el sustento directo del empoderamiento comunitario e individual de sus habitantes, logrando de esta forma, una estrategia de seguridad integral e inclusiva.

Contrario a esto, la estrategia Hernández de la mano dura, es sencillamente una muerte anunciada, en donde de forma triste y trágica las víctimas continuarán siendo los grupos que Honduras más necesita, nuestra juventud. El fracaso de Hernández únicamente implica la degradación sistemática de nuestra sociedad y en ese proceso, podríamos estar ante una brutal persecución de personas inocentes, cuyo único “crimen” sean precisamente ser jóvenes y oponerse al sentido continuista de esta cuasi dictadura.

Con la degradación de nuestra sociedad, como consecuencia de una estrategia de gobierno fallida, estamos ante la penosa realidad de una Honduras que agoniza.

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Un comentario sobre “Degradación

  • el septiembre 3, 2018 a las 2:02 pm
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    Excelent, Lic. Ulloa. Loved it. Todo se resolvera o comenzara resolverse despues de Noviembre.

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