Problemas políticos y filosóficos de la izquierda hondureña

Por: Irma Becerra[1]

La izquierda hondureña ha sufrido duros embates al enfrentarse por décadas a la política e ideología neoliberales y a la intervención estadounidense en el país. Esto ha significado junto a la movilización espontánea popular y a los muertos que pone el pueblo todos los días, también el sacrificio del movimiento organizado con su cuota de mártires asesinados en todo el transcurso de la existencia de la evolución histórica de Honduras. No obstante lo anterior, existen algunos problemas graves de conceptualización de lo político y lo filosófico que prevalecen hasta nuestros días y que han constituido una constante en el desarrollo de la izquierda hondureña en su lucha por la transformación verdaderamente democrática del país. Esos problemas pueden resumirse en los siguientes aspectos:

Una visión cortoplacista de soluciones y vías rápidas tácticas de los problemas sociales y políticos, que se afianzan en la toma del poder y el ganar las elecciones más que en la determinación conceptual de lo que se tiene que construir una vez que se alcance el objetivo táctico.

Una visión instrumental y sectaria del poder, carente de compromiso ético en el que éste es visto como una lucha encarnecida de intereses de individuos, grupos particulares y partidos políticos, y no como el resultado de una construcción positiva universal que vaya más allá de los intereses particulares hacia la mediación fundamentada en principios y valores que pueda unir a todo el pueblo hondureño en la búsqueda de un modelo alternativo al capitalismo donde el poder sea compartido de manera participativa con el pueblo a través de la universalización de los intereses, válidos éstos últimos en plebiscitos revocatorios, asambleas constituyentes y de alternancia democrática de los gobernantes que, a su vez, estén sometidos al escrutinio público y en donde los líderes tengan un sólido respeto por los principios y una sólida presencia ética.

La creencia de que se pueden resolver los problemas sin estudiar, haciendo solo análisis coyunturales, sin crear doctrina teórica filosófica de orientación de la práctica en sus fines y objetivos sobre todo a largo plazo o visión estratégica de los problemas; y sometiendo todo el análisis político a las distintas ideologías de grupos o individuos aislados sin diálogo dialéctico que no sea solo confrontación de conceptos egoístas aislados de la realidad o consensos contradictorios construidos en base a opiniones únicas y unilaterales.

La creencia que se puede obviar, ignorar o restarle importancia a la Ética y especialmente a la Ética Política y que no es necesaria la moral para gobernar y ejercer correctamente el poder político, o la práctica de que la Ética solo es necesaria para el adversario.

La creencia de que el problema de la reforma o la revolución sociopolíticas es un asunto de simple interpretación y no de ética de principios y valores inclaudicables en la que es determinante el que “todos los seres humanos son fines y nunca medios” (Kant), por lo que no es la visión instrumental de la política la que debe prevalecer y las verdades o mentiras relativas de cada quien, sino las verdades absolutas dialécticas que resultan de la evolución de las verdades relativas a conclusiones finales del logro de la Humanidad por construir la verdad. Éstas verdades absolutas que encierra, por ejemplo, la necesidad de la paz perpetua, son las que la Filosofía como ciencia junto al resto de las Ciencias Naturales y Sociales han logrado en el transcurso de la evolución histórica de la Humanidad y que constituyen un conglomerado y patrimonio político y moral para todas las personas del mundo en la defensa indiscutible de su dignidad humana que ya no pueden ser ignorados en la sociedad del conocimiento en la que las poblaciones son más exigentes, participativas e informadas.

La creencia de que en la lucha política se puede marchar sin rumbo, sin convicción, sin decisión ni modelos definidos y determinados que superen al capitalismo depredador actual y, por tanto, la creencia de que debemos dejarnos llevar por las “condiciones concretas y cotidianas” a la hora de definir nuestra táctica y nuestra estrategia.

El que prevalecen una volubilidad y falta de convicción y decisión contundente respecto a la necesidad de la formación política seria y profunda así como la formación científica ciudadana. Precisamente lo que ocurre cuando se ejerce el poder sin formación política y ética lo podemos ver en el gobierno actual del presidente norteamericano Donald Trump quien cree que puede gobernar sin acudir a la política como ciencia.

La creencia de que se puede realizar el ejercicio y el accionar político sin crítica y autocrítica evaluativa evolutivas y que la deliberación filosófica de los problemas políticos es una pérdida de tiempo o un sinónimo de cobardía.

La creencia de que es lanzándose a la muerte aventurera, imprudente e irresponsable; sin cuidarse y sin protegerse por el pueblo, es decir, la falsa convicción de que es a través de la lucha aislada de las masas populares que se puede ganar méritos más importantes que la profundización de la lucha política y la defensa incondicional de la vida incluso para los líderes políticos. En otras palabras, la creencia en la necesidad de mártires en la lucha política.

La falta de profundización política en la determinación del modelo propio de socialismo para Honduras y la simple copia propagandística de modelos pseudosocialistas extraños a nuestra sociedad como son los de Venezuela, Nicaragua y Cuba.

El mantenimiento cautivo del movimiento popular usándolo solo para reuniones y asambleas propagandísticas y no como expresión integral de la protesta auténtica del pueblo en su inherente resistencia civil.

La ausencia casi total de una estrategia política de principios que vaya más allá de la simple toma del poder y las elecciones para construir positivamente una sociedad mejor señalando concretamente cómo se van a realizar los cambios y las transformaciones que necesita el país.

El que prevalezca el “chamberismo” o la ambición politiquera que solo busca puestos en el gobierno o diputaciones en el Congreso Nacional lo que convierte la política en un simple instrumento para ganar dinero en la que no importa si se miente al público ciudadano.

Todo lo anterior se ve verificado y comprobado por la práctica política poco seria y madura, carente de mayor reflexión, sobre todo en el Partido Libertad y Refundación (LIBRE) que dirige el expresidente Manuel “Mel” Zelaya Rosales, a quien le dieran golpe de Estado el 28 de Junio de 2009, por sus políticas populistas de imitación del fidelismo cubano y el chavismo venezolano esencialmente. En la actualidad, dicho partido de oposición de la izquierda hondureña pretende, con justo empeño, desenmascarar el falso diálogo que propone el “presidente” usurpador Juan Orlando Hernández del Partido Nacional, a través de un posicionamiento político que establece la necesidad del socialismo democrático en Honduras. Hasta allí todo en orden, si no fuera por el hecho de que el documento que contiene la propuesta[2] no define el contenido político de dicho socialismo, sino que se limita a citar a Fidel Castro Ruz, acompañando lo anterior con fotos del caudillo cubano y el caudillo nicaragüense Daniel Ortega, dando así la impresión de que el socialismo democrático hondureño es una simple copia de las dinastías autócratas del socialismo cubano y el socialismo nicaragüense. El documento en cuestión, habla, a la vez, de la táctica de la insurrección no violenta en la medida en que el pueblo es organizado en comandos insurreccionales para realizar la revolución “socialista democrática”, la cual nunca es definida quedando, de ese modo, la estrategia al margen de la fundamentación filosófica y científica rigurosa y seria. Pareciera que para éste partido únicamente la táctica vale y es importante, y pareciera también que los cubanos con su revolución maoísta radical siguen influenciando de manera nefasta todos los procesos revolucionarios latinoamericanos, cuyos líderes siguen dependiendo sicológicamente de Fidel y Raúl y su dinastía totalitaria.

Es lamentable, además, que los líderes de la oposición al régimen y la dictadura conservadora, ignoren y desconozcan la producción filosófica nacional de los intelectuales comprometidos con el pueblo, que hacen esfuerzos por definir y fundamentar el socialismo hondureño[3]. Se trata de esfuerzos por democratizar intelectualmente las experiencias nefastas, corruptas y violentas del socialismo real de Europa del Este y del socialismo del siglo XXI del chavismo venezolano, amén de los regímenes basados en la lucha armada de Cuba y Corea del Norte. Se trata, también, de un esfuerzo conjunto por crear una concepción filosófica de defensa de la dignidad humana en general, desde un socialismo que no sea una simple prolongación ni imitación de las anteriores experiencias negativas y destructivas de todos los derechos humanos, sino que sea una creación original y auténtica de los hondureños por concebir un modelo socioeconómico alternativo al capitalismo neoliberal depredador que no se olvide sobre todo de su fundamento democrático participativo y pluralista. Ello, porque en la actual izquierda hondureña existe una falta de tolerancia democrática autocrítica y prevalece el sectarismo y el divisionismo en múltiples grupitos al interior del movimiento político organizado, lo cual le da mucha diversidad y muy poca cohesión y unidad integral al interior del movimiento mismo por lo que se vuelve imperativo reflexionar filosóficamente acerca de la identidad de la oposición en Honduras.

En el discurso actual, desde hace décadas constantemente escuchamos repetir la consigna voluntarista de que “en las calles está el poder” sin que dicha táctica simplista desemboque, al mismo tiempo, en un esfuerzo por establecer una estrategia a largo plazo para unir la práctica con la teoría orientadora que nos indique el camino a seguir y fundamente teóricamente las acciones concretas en una concepción político-filosófica de amplio alcance universal, para de ese modo, universalizar nuestros diversos intereses y volverlos válidos. No basta con lanzar irresponsablemente a la población a dar la vida en las calles y a que sea masacrada por la acción represiva del ejército y la policía, como ocurre actualmente en el país. Es necesario que el movimiento de izquierda posea una estrategia fundamentada que vaya más allá del practicismo activista y que los comandos insurreccionales que se están conformando en la actualidad sepan dirigir a la población a la movilización no de cientos sino de millones de personas que puedan así deslegitimar al régimen que ha llegado a la presidencia de manera fraudulenta y en una reelección anticonstitucional. Solo con la movilización simultánea de miles de personas y la paralización completa del país lograda con la formación política constante de la conciencia popular para unir a todos los sectores del pueblo hoy divididos, se puede lograr presionar para que prevalezca la voluntad soberana del pueblo. De lo contrario, tendremos muertos cotidianos con mucha voluntad de sacrificio, pero en resumidas cuentas únicamente mártires.

Tegucigalpa, 26 de agosto de 2018.

[1] Irma Becerra es Licenciada en Filosofía por la Universidad Humboldt de Berlín y Doctora en Filosofía por la Westfälische Wilhelms Universität de Münster, Alemania. Es escritora, catedrática universitaria y conferencista. Ha escrito numerosos libros y ensayos sobre temas de política, filosofía y sociología.

[2] Véase el documento “Posicionamiento político ideológico. Revolución o dictadura. Hacia un programa político y social para la liberación nacional. Creación de los comandos insurreccionales (CI). Libre. Libertad y Refundación. Agosto de 2018.

[3] De hecho este ha sido mi propio caso. He escrito en el 2012 el libro “Filosofía de la Resistencia”, reeditado en una ampliación el 2013, en el que defino el socialismo propio de Honduras como “morazánico, vallista y de Lempira”, haciendo referencia a nuestros próceres de la Independencia de España e Inglaterra, el General unionista Francisco Morazán Quesada y el intelectual criollo José Cecilio del Valle, y a nuestro héroe nacional de la resistencia indígena, Lempira. Lamentablemente este libro ha permanecido desconocido para los líderes de la izquierda hondureña (N.d.A.).

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