La Crisis de Nicaragua, la nuestra y sus analogías negadas

Alianza

Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

A Gioconda y Roxana

Paz, ¡todo el mundo quiere paz! Hay diferencias por supuesto. Resume Nicaragua huele a sangre, y exige democracia. Honduras aguanta. El falso optimismo de los partisanos no prevalecerá aquí, en donde la gente está brava y tampoco allá en donde los amigos del régimen también aseguran que todo ha quedado claro y el motín se apaga. Es falso. El pueblo no se rinde y clama libertad.

En algunas sedes diplomáticas de Managua se están destruyendo documentos y borrando las memorias de las computadoras, por si siguen sirviendo después. La mayoría de los diplomáticos han repatriado a sus parientes y a algún personal no indispensable. En general, los embajadores son gente bien informada. Conocen a cabalidad la crisis y pueden estimar, mejor que yo aquí, la hondura y peligrosidad de que se desborde. En la Asamblea de Cancilleres de la OEA, pobre OEA, aunque conservó el apoyo obligado de Venezuela e ineficaz de Bolivia y el simpático voto de San Vicente y Granadinas, el gobierno de Daniel Ortega y de Rosario Murillo luce íngrimo. Lo ha aislado el gringo sí, pero también la sinrazón, la terquedad, la represión.

El tema de Ortega ha dividido a los sandinistas, por supuesto aunque siempre hay una facción que reclama ser la única representativa, y ya con eso confiesa su impostura. Ahí está Sergio Ramírez ex vicepresidente sandinista y Ernesto Cardenal, ex capellán y ministro sandinista y Gioconda Belli, y artistas y científicos tomando distancia con respecto a Ortega. Y asimismo claro hay elocuentes defensores como Carlos Fonseca h. y analistas que alegan que todo es un juego de ajedrez imperialista o una lucha de clases sociales mal entendida. Pero eso no alcanza a explicar un enojo trans clasista, variopinto y masivo. Igual se ha dividido la izquierda pensante latinoamericana.

Y aquí en Honduras también ha pasado algo análogo con respecto al vecino y hermano nicaragüense. Ortega sigue concitando el apoyo de algunos intelectuales y cuadros duros ortodoxos estalinistas dentro de LIBRE por ejemplo, mientras que, sin darle la espalda al Sandinismo histórico, los partidarios de la izquierda democrática nos hemos distanciado del Orteguismo, igual que los liberales progresistas, con quienes seguimos sumando mayoría en este Partido nuevo Libre. No digamos la izquierda trotskista, del Partido Centroamericano del los Trabajadores, que repudia por completo al gobierno nica y llama a la insurrección. Difícil saber ¿qué piensa al respecto el nonato Partido Salvador de Honduras? El Nacional ha rato ha dejado de pensar hace rato. Solo pregunta, como el Liberal. A la gente ¡no! tampoco. En Viera. ¿De qué vino a platicar ayer el Almirante del Southcom? ¿De la trata de blancas y de morenitas? ¿De la exigencia de Pompeo de que respondan a la justicia los militares que dispararon contra la gente desarmada?

Complejidades hay en ambos casos, y alguna razón en ambos lados, aunque eso no alcanza a excusar la apatía o la cobardía de no tomar partido por el pueblo. Toda generalización peca desde el inicio, pero la derecha se rehúsa a ver las analogías instrumentales. Y ¡solo hay que ver las declaraciones del gobierno de Honduras condenando a Ortega (que antes fuera su gran amigo y mas de los gringos) y que son ¡una letanía de denuncias de los crímenes de los que JOH es reo! Incontinenti, la izquierda salta a culpar al Imperio y rechaza toda comparación del conflicto nicaragüense con la desastrosa condición de Honduras hoy. En el fondo, pese a la supuesta contraposición ideológica, la crisis de Nicaragua es sorprendentemente parecida a la hondureña. En ambos casos se entrecruzan factores internos y externos.

En ambos casos, la crisis obedece 1) al descontento con la condición cotidiana degradada por el mal gobierno, el exceso de deuda y de impuestos que repercuten en el costo de vida, 3) a un déficit de democracia que no puede reclamar de otra manera porque el poder hace fraude y reprime 3) a una falta de legitimidad de las instituciones, atropelladas por las figuras gobernantes y sus cómicos adjuntos y adláteres. La diferencia es de grado y magnitud, que quizás respondan a hondos núcleos culturales e históricos y a peculiaridades de organización. Pero allá hubo fraude y cooptación del Tribunal electoral. Y eso hubo aquí. En Nicaragua ha habido manifestaciones públicas masivas contra el gobierno igual que aquí. Aquí las reprimió JOH como allá Ortega. También aquí hubo civiles o disfrazados que infiltraban las marchas y las tomas y que mataban desde un vehículo en marcha o parapetados como francotiradores y en ambos países proliferaron los muertos. Sin que quede claro por qué son más allá. ¿Acaso porque de verdad -en Nicaragua- vale menos la vida o porque hay más conciencia y vale más la patria? Salvo que allá participan estructuras paramilitares.

Como JOH, su cuate Ortega ha querido convertirse en el único, aun dentro de su Partido, el providencial y el indispensable. Como Ortega, JOH quiere vivir del ilusionismo oficialista. Ortega y Juan Hernández ambos están irremisiblemente desconectados de la gente y de la realidad objetiva. Y quien sabe que toman o quien les da cuerda. Invocan a un enemigo innombrable ambos, porque como lo que temen es el rechazo del pueblo, tienen que desviar la atención. Ambos alegan que quienes los adversan y critican son minúsculas facciones obcecadas, y comprometidas con fuerzas externas y proyectos ajenos, y ambos pretenden insólitamente que su poder personalizado ya es el rasero con que se han de medir todas las cosas, la verdad y la libertad, incluso dice G. Belli la democracia. Si me reconoce EUA, dice JOH, mi investidura es inobjetable, y Ortega asegura otro tanto invocando a China, Irán, Cuba y Venezuela. Ambos caminan en convoyes de carros de lujo blindados por la misma razón. Y ni uno ni otro aceptan críticas ni por ende el diálogo, porque se rehúsan a aceptar una responsabilidad, que es lo único que podría estar en discusión o a contemplar la salida generosa de restaurarle el poder al pueblo.

Quizás por esa semejanza, llegue a ser más importante para nosotros que ningún otro suceso, lo que ocurre en Nicaragua, y por la cercanía. Gracias a Dios y a los ancestros como dicen los garífunas que en Honduras hay menos muertos y que respondan Dios con los ancestros por tantos más muertos allende del Coco y de San Marcos. Nadie debió morir. Los gobiernos que matan en la calle, recurren a cárceles de máxima seguridad e intimidan a sus opositores y a los medios son dictatoriales, independientemente del partido, el orden económico o el interés social o la paz que digan defender.

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