Los hechos son como son

PANDEMONIO

Por Moisés Ulloa

Lamentablemente en nuestra política, el parecer es más importante que el ser. Hemos logrado el arte maléfico de desfigurar la verdad.

Podemos encontrar en los casi diez años de poder (entre el congreso y el ejecutivo) del ahora presidente de facto Juan Hernández, una obra de falacias y una capacidad formidable para vender su estrategia de comunicación a través de medios secuestrados y de personas que han dibujado una Honduras irreal; la Honduras de acá y de allá es un paralelismo de tragicomedia que nos golpea diariamente en la cara.

Una vida mejor se transforma en realidad únicamente cuando fomenta la oportunidad de alcanzar de forma individual y colectiva la felicidad. Parece algo sencillo, la felicidad no se trata de bienes abundantes, se trata de tener paz y saber que las consideraciones básicas y fundamentales de la vida puedan ser alcanzadas: salud, educación y trabajo, no son clichés electorales, son realidades que no se empaquetan en una bolsa solidaria.

Basta con ver las fotos de las personas que llegan, después de largas filas a recibir ese paquete. Miren sus rostros y verán en estos humildes compatriotas el retrato de una historia del fracaso político. En esas fotografías se refleja la derrota más clara de un hombre cuya esfera de poder es armada para un beneficio personal; en las manos de esas personas y en sus espíritus cansados por tantas promesas incumplidas dictan la respuesta del cinismo que, durante todos estos años, sistemáticamente nos han robado casi todo, incluso nuestra dignidad.

El éxito sobre dimensionado de una burbuja alternativa creada por el equipo cercano de JOH (el cual cada vez son menos) distorsiona el apego a la realidad. La mentira ha sido tal, que el propio JOH se la creyó, cuando esos allegados le susurraron al oído y le hicieron creer que era un hombre popular, que era un llamado de Dios su reelección, que el camino para alcanzarlo sería en una calle pavimentada (sin peajes) y que la ALIANZA no tenía nada. JOH se la creyó, nada sorprendente en un fabricante maestro de mentiras, cayó en su propia trampa.

Y así esa fabricación fue alimentada por una sed aún sin saciar del poder absoluto. Estas ansias por alcanzar el totalitarismo lo han metido en un círculo vicioso sin final que salta de mentira en mentira y es que no le queda más, pues cada cifra adulterada, cada cortina de humo creada, cada caja china concebida se ha vuelto cada vez más fácil de intuir y realizar, desde que lograron su mentira magistral: el fraude electoral.

No existe peor estafa que haberle robado la voluntad democrática a un pueblo, una trama que se forja desde haber eliminado a toda una corte constitucional, haber inventado el derecho humano inexistente de la reelección, hasta la compleja operación de los votos planchados con los fantasmas rurales. La dilatoria de un TSE delincuente no fue el producto al azar de su incapacidad, sino el plan parido de brindar el lujo del tiempo para que pudieran orquestar una realidad virtual. Jamás ellos se pudieron imaginar que el resultado electoral verdadero, había destrozado todas sus encuestas, la compra de voluntades, la identificación masiva de nacionalista mediante la entrega de la tarjeta “la cachureca” y hasta del mapeo georeferenciado para la movilización perfecta de sus votantes. Jamás se imaginaron, que la voluntad real del pueblo hubiera sido capaz de vencer la multimillonaria suma invertida (producto del desfalco a múltiples entidades públicas) de su reelección antojadiza.

Tal fue el golpe recibido, ese puñetazo de verdad, que el mago de las encuestas de salida en su canal favorito tuvo que escapar, lo vimos todos en vivo y a todo color, cuando las cuentas no le salían…hasta que se fue al bunker para confeccionar su obra maléfica de arte, si los números no pegan, los harían pegar y lo hicieron.

No tengo la menor duda que en las ocho semanas que transcurrieron entre la elección del 27 de noviembre del 2017 a la toma ilegal de posesión, el corazón de JOH envejeció, sus sentimientos se endurecieron, el niño de Lempira se graduó de dictador.

En la verdad está la justicia y no puede haber justicia si no exigimos la búsqueda y el encuentro con la verdad y al encontrarla debe haber castigo. No podemos llamar justicia si la verdad se negocia en el manto político de una impunidad. Pero para lograr este anhelo, este derecho, debemos tener una memoria capaz de no olvidar los hechos y una voluntad férrea de no transar. Los políticos le deben al pueblo y a las generaciones futuras de la patria que no haya venganza, pero que sí exista verdad.

Esa es la razón primordial por la que el oficialismo no se abrirá al diálogo. Cobardemente le temen a que se descubra lo que ya todos sabemos sucedió y no me refiero únicamente al monstruoso fraude, sino que de la mentira que ellos fabricaron llegó el pecado mortal de la muerte de ciudadanos en protestas. Juan Hernández sigue sentado en un trono de hielo, encima de un piso de polvorín y él sabe que la verdad será la chispa que lo encienda todo.

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2 comentarios sobre “Los hechos son como son

  • el julio 17, 2018 a las 10:49 am
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    CON UN VACIADO DE LOS CELULARES DE ESOS MALANDROS EL DIA DE LAS ELECCIONES SE PROBARIA LA VERDAD DEL ROBO ELECTORAL, QUE NO FRAUDE. LASA CIAS. QUE LES BRINDAN EL SERVICIO Y LOS SATELITES ESPIAS DE USA TIENEN ESA INFORMACION.

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