Una denuncia con más dudas que certezas

En la boca del mentiroso lo cierto se hace dudoso.

Por: Jaime Flores P.

Ha dicho tantas mentiras que la denuncia en torno al allanamiento de su vivienda de inmediato genera más dudas que certezas y con ello -aunque sea verídico el hecho- lo que hace es aumentar su desprestigio, el de la ONG que dice representar, a Juan Hernández y a la embajada americana, de quienes en los últimos tiempos ha sido su muñeco ventrílocuo.

Resulta casi imposible allanar una vivienda como en la que vive el “depurador” policial y como decía ese famoso escritor guatemalteco Manuel José Arce, “hay que principiar del principio” y de allí vamos a principiar con un análisis muy simplista por supuesto.

Con las responsabilidades y riesgos a los que se enfrenta un “depurador” policial, su vivienda, mínimo, debe estar en un circuito cerrado, de acceso restringido para extraños, previo un riguroso registro de identificación de cualquier mortal que quiera visitar a tan importante funcionario.

Además, debe ser una vivienda con toda la parafernalia de seguridad que se instala en las viviendas de gente “importante”: cámaras de seguridad y de visión nocturna, sensores de movimiento, alarmas, serpentinas y cerca electrificada, entre otros novedosos instrumentos.

Ese rinconcito privado en donde el depurador piensa, sueña y vive momentos placenteros, con propios y extraños, debe estar bajo la mirada atenta y sigilosa de esos nuevos policías, que superaron las pruebas impuestas del tan cacareado proceso de depuración.

Ante estos hechos, se descarta el supuesto allanamiento, a no ser que este haya sido realizado por los “nuevos” policías, cuya responsabilidad sería directamente de la “nueva” cúpula policial, por lo cual ya debería estar separada de sus funciones y con un proceso judicial en curso, al poner en peligro la vida de tan importante personaje.

El dictador los está dejando fuera, ya no los necesita. La vigilancia, supervisión y depuración policial está a cargo de las unidades internas; preparadas y especializadas de la policía nacional, tal como corresponde, no de comisiones espurias. Una mancha más al tigre no se le nota, con tal de llamar la atención.

El mesianismo y las ansias de poder obnubilan la mente de los individuos y no ha sido la excepción el “depurador”. Se cree grande, poderoso, influyente y nada de eso es cierto, al contrario, un pobre mentecato, servil y arrastrado, que más que rabia produce lástima.

Llega a tal grado su distorsión mental, que él es quien convoca a la prensa, si no lo entrevistan se deprime, posteriormente redacta las mentiras dichas y las envía a los medios y lo sube a las redes sociales, en donde él mismo se da “like”.

Desconoce la lógica de los dictadores, -no ha leído “El señor Presidente”, sería mucho pedir, “Yo el supremo” o el  “El Otoño del Patriarca” por ser el más conocido-  que estos utilizan a los serviles y arrastrados como al papel higiénico, una vez que los usan lo tiran, pero queda impregnado de mierda y con su peculiar olor. Lo más grave, ya no hay retorno.

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