La Tempestad: Shakespeare en la Mosquitia

Por: Edgar Soriano Ortíz

redaccion@criterio.hn

(Foto: Coddeffagol)

Tegucigalpa.-Teatro Memorias presentó en Tegucigalpa la obra Teatral “La tempestad” del dramaturgo William Shakespeare luego de un proceso auspiciado por COSUDE, que consiste en una propuesta cultural. Tito Ochoa junto a Inma López realizaron un casting donde participaron 90 personas, de las cuales eligieron un elenco de 5 actores y 3 actrices conformando el grupo de teatro “Muskitia Sinska”.

La Mosquitia es una región enclavada entre selvas, pantanos y sus costas apetecidas por los siglos de la clandestinidad y de estratégicas intervenciones de los corsarios al servicio de la expansiva monarquía británica. Lejana y propicia para las leyendas y verdades del oportunismos aventurero como el de Gregor McGregor (1786-1845) autodenominado príncipe de Poyais. El imaginario de la estafa del reino de Poyais (la Mosquitia) de Gregor McGregor nos invita a romper la invisibilización, las estrategias de dominio, el poder de las  formas de explotación, a desencadenar la conciencia que busca la pertenencia natural en la tierra y  la dignidad.

Shakespeare nos legó la magnífica pieza teatral “La tempestad” donde la isla de Prospero para el grupo “Muskitia Sinska” dirigido por el director Tito Ochoa se convierte en una inmensa isla adherida a nuestra memoria, pero perdida en la lejanía del desarraigo. La Mosquitia, es el caribe, es la extraña de nuestros pueblos marginados, desconocidos en la esencia con fin de someterlos.

La puesta en escena con arreglos musicales de Alfredo Corrales y escenografía de Marco Licona nos introduce con la limpieza marcada por las acciones físicas que Tito Ochoa con magistral diseño nos expone a jóvenes que por primera vez participan en un montaje teatral con procedimientos y técnicas de actuación. Las voces, el ritmo, el sonido, los vestuarios nos lanzan hacia el siglo XIX, pero a la vez nos acerca tanto en tiempo y espacio a lo que somos, a nuestros miedos y búsquedas. La vieja colonización y la nueva forma de dominio marcada por las fuerzas que encadenan la belleza, la libertad y la soberanía nos remiten al orden de explotación cargado de violencia.

Con soltura Tito Ochoa e Inma López ponen en escena una obra marcada por diversas interpretaciones, complejas búsquedas en el ser shakesperiano. Si para Carl. G. Jung  encuentra en Calibán como el inconsciente de poderoso Prospero que junto a Ariel se encargan de manipular y organizar el equilibrio de dominio. Para “Muskitia Sinska” Calibán encarna a esa mayoría poblacional sometida, pero que lanza sus energías de lucha desde Lempira a Berta Cáceres, es la epidermis de nuestra historia, de nuestra esperanza y camino ineludible de romper las cadenas.

Los imaginarios de intrigas por mantener el poder, la venganza, las ambiciones marcan los pactos de Prospero, quien finalmente acepta el matrimonio de su hija Miranda con Fernando. En el margen Calibán nos invita a conocernos en nuestras esencias, sin prejuicios pero ganando conciencia de nuestra condición y levantando sus manos convoca a una tempestad humana por la dignidad y el empoderamiento de nuestra tierra, de los bosques, del agua y  de la vida…

Tegucigalpa, julio de 2018.

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