Cumbres y soledades del poder

Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

Cumbres y soledades del poder[1](primero de tres)                  

 Renunciando a la visa para dar la bienvenida a F.P

Antes de volar a Singapur, Donado Trump llegó tarde a la reunión de jefes de estado de las potencias aliadas, en Canadá, tanto así que se tuvo que inaugurarse el evento ante las cámaras de la prensa mundial, sin su presencia, con su sillón vacío. En privado, cuando llegó –después- Trump pasó a pontificarles a sus aliados que deberían de reconstituir el G 8, reintegrando a Rusia, expulsada hace años por su aventurerismo y a recriminarles que están estafando a EUA con su comercio. (Putin entretanto recorría una alfombra roja en Pekín). Riñó con cada tema que le propusieron y se salió antes de concluida la reunión y antes de firmar el comunicado conjunto.  Dejó dicho que EUA iba a firmar el comunicado. Yeah, tell them yes. ¡Y zarpó siete horas antes de lo programado, para llegar pronto a Singapur! Urgía. Eso si.

Un par de horas después, anunciado oficialmente el Comunicado, en respuesta a una nota de prensa que relataba el anuncio del Primer Ministro Trudeau, de que defendería los intereses de su país en la renegociación del Tratado, Thin skinned Trump publica desde el Aiforce One que vuela sobre el Oceano Pacifico, un tuit insultándo a Trudeau y tratando de humillarlo, afirmando que, frente a él, se había comportado manso y sumiso. Que no firmaba.

En Singapur, después de mil vacilaciones, se han reunido luego D. Trump el Presidente de EUA con su nuevo favorito, el Líder Supremo norcoreano Kim Jong Un. Por lo menos, en Singapur ahí el protocolo fue impecable. No hubo exabrupto. Quien sabe cuántos coreanos pudieron verlo, pero en EUA, docenas de millones de ociosos se embelesaban con la cobertura televisiva de la cumbre, prefiriendo muchos -por cierto- a las cadenas conservadoras (Hannity en Fox) que aplaudían la gesta histórica del encuentro. (Una semana antes, esos espectadores habían encontrado el nirvana siguiendo la boda real.) ¿Se equipará a la reunión en Yalta de los Aliados victoriosos en 1943? ¿A la cumbre de Nixon-Mao en 1972 luego de firmada la Paz en Paris?

Acaso la guerra que dicen pacificar estos no se terminó, en la práctica, en 1953 y la reunión tan mediática tuvo más de anticlimática, mientras siguen siendo impresentables estos caballeros que dan pena ajena. Kim, el dinasta despótico de una pobre nación aislada en su órbita, con un PIB per capita de $1700, quien heredó el poder de su padre Jong Il quien a su vez lo obtuvo del suyo Il Sung, implantando un régimen de terror y eliminando cualquier competencia despiadamente, sus hermanos incluidos. Y Donald Trump quien admira eso que él llama el killer instinct y que considera primer requisito del poder, el locuaz Ejecutivo de la mayor potencia del globo con $60000 per capita. A quien un observador cercano elogia llamando el más grande artista de la estafa (conman) de todos los tiempos.

Comprometerse a desnuclearizar la Península habría sido, para ambos, un acto de consumación. Hace unos meses, uno y otro se amenazaban mutuamente con extinción nuclear total. Hoy se dan las manos pecaminosas y se toman del brazo y se dan palmaditas en la espalda, acaso sin poder esconder un íntimo disgusto. Se hacen promesas y enuncian buenas intenciones.

El programa de armamento nuclear de Corea del Norte, cuyas ojivas todavía se desintegran al entrar a la atmosfera, es producto del acoso militar continuado desde el cese al fuego. Y, si se puede desactivarlo deponiendo las armas, por parte de EUA, tanto mejor para todo el mundo. Vaya Ud. a saber si se logró otro tanto en la dicha cumbre. No hay detalle que nos de seguridad al respecto. (Lo que trasciende es que no se terminó, de modo que ¡El show tiene que continuar!) De todas formas, hay que aplaudir que jueguen a otra cosa que, a la guerra, desenvainando sus cortos deditos respectivos sobre botoncitos atómicos. Y sin embargo no logro precisar exactamente por qué, el espectáculo aparece rodeado de una atmosfera irreal, como un teatro de sombras a colores en que se devela la autoria consabida de un crimen ignoto. Dicen que los farmacéuticos inventan enfermedades para publicitar y vender remedios. ¿Se puede decir lo mismo de los políticos? ¿Inventan conflictos para celebrar resoluciones?   Kim está lejos, preocupa menos.

Mientras tanto -aprovechando sus graves errores, la pasión opositora y conminando a los presidentes de otros estados a renunciar- Trump les hace a Ortega y a Maduro una guerra sicológica sin límites, terrorífica, orientada a provocar cambios de régimen como los que quiere ver también en Siria…

Trump sorprende solo porque el establishment (al que odia y ama a la vez) lo ignoraba hace apenas un haz de años. Se reía de él incluso en el momento en que anunciaba su candidatura. (No se reirán más cuando sea Presidente dijo Trump a su esposa.) Porque, además, el de Trump fue un asalto anunciado al poder. (En una entrevista televisada en cadena, hace veinte años, preguntado ¿qué haría si sus negocios quiebran como aseguran sus enemigos que ocurre? D Trump anticipó risueño, que lanzaría su candidatura para la presidencia de EUA.) Y siendo el tipo de salesman que es, más allá de cualquier duda superó el art of the comeback, como se titula otro libro suyo, el arte de volver, alzándose con este premio mayor antes de haber regresado. Pero más que un éxito rotundo de su proyecto y capricho, Trump redefine la presidencia de EUA, de donde nadie lo sacará fácilmente. Aunque sigue haciendo payasadas, tenía razón, ya no nos reímos y su asombrosa farsa sin fin deviene una nueva catástrofe política global, en la cual nuestra meta retrocede a la sobrevivencia. Queremos estar ahí todavía cuando él se vaya.

No interesa el personaje, la máscara o susceptibilidad, la peluca o el toupee, el histrionismo y los cosméticos, sus desplantes y arranques, su genialidad y su idiotez. Sino el fenómeno. La forma en que un artista (no es el primero) como Trump llega al poder supremo de la nación más poderosa de la tierra. Y lo ejerce sin freno ni recato a costa de nuestros derechos y libertades, la paz internacional y la justicia. Otros abordaran el mismo tema de D Trump desde diversas perspectivas y disciplinas. Los economistas estudiaran sus intereses mercantiles. La ciencia política podría analizarlo en el contexto de la crisis de los partidos. Desde la psicología se le podría caracterizar una patología. Se podría analizar las redes de que forma parte, desde la sociología. No sorprenderá que un cronista aborde su biografía y su discurso.

[1] Esta serie de artículos sobre Trump procurara ubicar ese fenómeno en su contexto actual y enfocará después sus relaciones particulares con América Latina, Centroamérica y Honduras.

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