Los viajes de Gulliver

 Por: Moisés Ulloa

Viajar sin duda es un placer, no importa si se trate de ir distancias largas a mundos exóticos o simplemente tomar el carro o transporte a tu alcance y marchar. Viajar abre mentes, relaja, es un premio al cuerpo y la conciencia.

Existen viajes de conocimiento, de descubrimiento, aventuras legendarias que han captado la fantasía de niños y grandes. Aquellos viajes que han dado nacimiento a historias verdaderas y a novelas encantadoras. Viajes que han llenado incluso las líneas de la Biblia.

Pero existen otros tipos de viajes: aquellos que se hacen por necesidad, por un llamado angustioso de algo que es urgente, inevitable, la necesidad imperiosa de ir y resolver algo.

Grandes viajeros son, entre muchos: Heródoto, Marco Polo, Zheng He, Cristobal Colón, Fernando de Magallanes, James Cook, Alexander von Humboldt, Charles Darwin, David Livingstone, May French Sheldon, Amelia Earhart, Jane Goodall, Neil Armstrong, Jesús Aguilar Paz, el recién fallecido Anthony Bourdain, el gran Arturo Sosa y … pues, Juan Orlando Hernández.

Efectivamente JOH utilizó los primeros días de este mes y una fuerte cantidad de nuestro dinero, para irse de viaje rumbo a Washington DC, los medios repitieron que este tenía como objetivo lanzar una nueva (y extemporánea) ofensiva para el TPS de nuestros compatriotas y, además, para tratar temas bilaterales con el imperio.

Así vimos sus fotos corriendo “activado” (siempre acompañado de guardaespaldas), en los bellos parajes de la capital de los EEUU, en el mismo escenario donde corrió el propio “Capitán América” cuando conoció a su fiel compañero “El Halcón”. Vimos las fotos que se tomó con una gran sonrisa con el senador Marco Rubio, con la secretaria de seguridad interna Kristjen Nielsen, con la congresista Ileana Ros Lehtinen, con personeros de la DEA y del FMI y otros más; pero la reunión que captó mi pensamiento e imaginación, fue la que sostuvo con la congresista Norma Torres, la ahora ya famosa funcionaria de origen guatemalteco y autora de la estrategia de describir, con nombre y apellido, a los corruptos de los países denominados “triángulo norte” (Guatemala, El Salvador y Honduras), lo que yo he denominado “El Efecto Torres” y que ya fue discutido en mi escrito de la semana anterior.

Y es que finalmente los EEUU se han enterado, que la antes tolerada corrupción interna de nuestros países, afecta profundamente al propio “americano”, no solo en el hecho que es con los impuestos de estos ciudadanos que se financian estrategias de seguridad, control migratorio (prosperidad) y justicia en nuestro país; sino la realidad evidente que, debido a la corrupción galopante, estas estrategias han fracasado o quizás para no ser tan fatalistas, su impacto reducido.

Es así entonces, como ahora varios vecindarios dentro del propio EEUU están bajo el control de las maras, es así como su sistema de educación y salud se ha visto impactado por la migración y es así como el narcotráfico y la trata de humanos, han afectado las bases sociales de los norteamericanos. Definitivamente la política de Trump de convertir “américa” grande nuevamente, pasa forzosamente, por combatir de forma frontal la corrupción y los corruptos en nuestro país.

Ahora sí entendemos entonces la urgencia del viaje de JOH. Ahora entendemos la sonrisa fingida en esas fotografías, que denota más bien, nerviosismo. Ahora ya comprendemos que “El efecto Torres” ya afectó de manera directa a un hondureño: al propio presidente de facto de Honduras, para quien ya los 80,000 dólares mensuales de gastos en lobistas (también pagados por usted y yo) no son suficientes para influenciar o justificar actuaciones; JOH sabe claramente que el “Caiga quien Caiga” está ahora bajo el control directo de la política exterior de los EEUU y definitivamente él hará, lo que tenga que hacer, para no ser él uno de los que se desplome.

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