Nicaragua, moza y mártir, lección de historia actualizada

Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

                                      A mis colegas de izquierda

Cuando me percato de lo difícil que es hoy, más que antes, asegurarme de información suficiente y sólida sobre los países vecinos, de cuyos misterios estamos otra vez rodeados, me asombra que, luego de leer –superficialmente- algunos artículos, en el Iphone, cierta gente se disponga, con la mano en la cintura, a pontificar como oráculo sobre las condiciones nacionales de remotísimos países como Siria, Ucrania o Cataluña. Mientras otra gente, por familiaridad, por simpatía con los preceptos o alguna participación inicial en su experiencia, se hinca en la trinchera a defender procesos que claramente se han degradado.

Aquí cerca. Apenas sospecho que el triunfo no esperado del retador en las elecciones internas del Farabundo Martí para la Liberación Nacional transmite lucidez partidaria y ciudadana sobre la necesidad del recambio para renovar estructuras partidarias. Es un buen agüero. Mientras que es más bien ominosa la continua pirueta evasiva de Jimmy Morales, huyendo de la Misión internacional que le sigue la pista en Guatemala, igual que aquí a JOH, la MACCIH. Y porque tengo amigos como Uds. también suficientes y de gran calidad, me siento competente para columbrar la escalofriante situación que vive Nicaragua, bajo el régimen acosado de Ortega y Murillo. Entiendo cabal la operación encubierta del enemigo, la propaganda barata, la confusión incubada. Pero al pronunciarme, ¿Cómo puedo obviar el testimonio de la violencia? ¿Cómo dejar de hacerle el juego a la derecha interamericana sin convertirme en apologeta de otro sátrapa tropical? No tengo duda. Lo que el Sandinismo hizo por Nicaragua, nadie antes lo había hecho y no será descartado.

Soy historiador. No pienso desde lo puramente normativo, si no desde lo que había antes y ha venido sucediendo. Después de la guerra y de rectificar su confrontacionismo de infancia, de 1978 a 1985, el Sandinismo hizo milagros por Nicaragua. La defendió de Reagan. Aprendió a respetar a sus indios o digamos que los indios le enseñaron a respetar. Y le estableció una democracia. No se la restableció, porque nunca antes la tuvo en el tercio de siglo de Somoza, ni en tiempos de los conservadores.

El FSLN celebró la primera elección libre en ese país, seguro de ganarlas y en 1990 las perdió y tuvo que aprender a ser oposición por doce años. Al retomar el poder con una nueva sabiduría de convivencia, el sandinismo asentó al país y lo reconcilió, subordinando la retórica a la necesidad práctica, montó un sistema de gobierno eficaz. Sin ficciones. Con servicios públicos eficientes que le daban base y legitimidad. Dotó a su país con el mejor régimen de seguridad pública de la región. Integró a sus jóvenes. Les resolvió su problema con sueldos humildes y un crecimiento vigoroso. Combatió la pobreza sin ex abruptos y de manera sostenible, hasta 2010. Y ese logro a la vista aun, todavía es un legado de Ortega. El habría sido el conductor. Incorporó un Partido al poder y al gobierno para hacer equipo. Ahí está en cifras, el éxito.

Porque en esa segunda etapa y durante un puñado de años…hasta 2010, con solidaridad bolivariana, el Sandinismo se sostuvo en su rendimiento, a pesar de los malos tiempos del ciclo y remedió algunos desastres del neoliberalismo. Pero, no se trata solamente de graves y muchos errores, porque estaremos de acuerdo en que no hay gobierno ni menos partido gobernante infalible. Y los gobiernos también tienen la obligación de conservarse contra conspiraciones.

 Cuando ya no estuvo dispuesto a perder elecciones, el FSLN estropeó la democracia sobre la cual había construido. Lo echó todo a perder el capricho idiosincrásico de Daniel y su Señora. Desde 2009, ya había fruta dañada en la canasta. Ya andaba Daniel en pos de otra reelección ilegal. Y esa era la mandrágora.

 Nicaragua tiene que tener fresco el tema de la personalización del poder. (No debió costarnos a nosotros, puesto que nuestros padres y abuelos vivieron el Cariato, entender lo que estaba en juego cuando luchamos contra la reelección, pero allá los mismos muchachos tuvieron que sacar al dinasta con riesgo de vida.) Y entonces ya comenzaron las maniobras en La Corte Suprema y el Tribunal Electoral que despertaron las primeras dudas, protestas y luego recriminaciones porque se atropelló el derecho del opositor.

 Trascendieron actos de corrupción. Asesinatos políticos que quedaron impunes en el misterio, aunque ya no podían ser obra de la contra. Comenzaron las persecuciones de todas las personas que –aun si no fuese así– a juicio de los comandantes podían significar un punto de oposición, un reto electoral interno, una voz autorizada disidente. Sobre todo, entre sandinistas, porque entre Violeta, alemán y Bolaños habían desacreditado a tal grado a la oposición burguesa, que hasta la misma patronal se había cobijado ya bajo el ala del gallo manso de Ortega. Cooptando y dificultando la tarea de la preservación de una institucionalidad de equilibrios y de un arraigamiento democrático del ciudadano.

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 Ernesto Cardenal ya octogenario fue amenazado judicialmente con que le iban a quitar la casa en que vive, la única que tiene. Empezaron a hacerle la vida de cuadritos a Sergio Ramírez Mercado, que todavía no era Premio Cervantes 2018, y bueno a cuanto hombre honesto disintiera. Las reformas pretendidas al Seguro Social fueron el elemento detonante de la crisis. Porque con claridad dejaban ver, ya promulgadas sin consulta y después derogadas sin ningún procedimiento, el grado en que Daniel había concentrado el poder. Mucha gente joven se movilizó, y la fuerza pública no supo proteger a las manifestaciones. Hay cien muertos.

Y al menos un responsable. ¿De dónde sale esa compulsión del caudillo que se figura ineluctable e inmune? ¿De dónde el ansia por someterse de tantos, que terminan creyendo que la crítica es el problema, y no el mortal yerro señalado? ¿Qué diferencia hay entre las camisas negras y la horda dorada? ¿Con que facilidad la gente se traga la propaganda de guerra que produce un taller?

Lo que tienen que pactar ambos es su salida. Mientras no entregue a los asesinos, y no puede, Daniel es ya, como JOH, otro vulgar dictador tropical. Aunque no quiera reconocerlo Almagro que asegura que, en América, solo Cuba y Venezuela son dictaduras. Democracia es un régimen en que -además de elecciones- se cumplen dos requisitos. La garantía del derecho para el individuo, y para las minorías. Y el equilibrio entre instituciones que previene la acumulación del poder en una persona, una clica o un partido. Y nadie tiene derecho a darle la espalda a la verdad.

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