El desplazamiento de los pueblos como dinámica de todas las alternativas basadas en la economía verde

Por: Equipo de Madre Tierra

Construcción de hidroeléctricas, la generación de programas de conservación, la captura de gases de la tierra para la producción de energía, fotovoltaicas, eólicas, los biocombustibles y la producción de oxígeno para la reducción de emisión de gases para la venta a otros países como bonos de carbono, como alternativas todas suenan estupendas cuando las pensamos todas como “amigables con el ambiente” y bajo la lógica de ser “naturales”, sin embargo, no están lejanas de ser puro canto de sirenas.  Y ahí viene la pregunta ¿Soluciones para quién? ¿Energía para quién? ¿Cultivos para quién? ¿Conservación para quién?

En Honduras nunca estuvimos exentos de vivenciar la crisis del capital y a la par la multiplicidad de falsas soluciones que se generaron como alternativa a solventar la crisis,  obviamente para los países del norte global con economías industrializadas, como las basadas en la extracción de bienes que ha generado una serie de violaciones de derechos humanos y de los pueblos, sin duda el capital está en crisis y necesita generar formas que le aseguren la acumulación de capital. Las crisis que se generaron a partir de la famosa “crisis económica mundial” de 2008 sustentada la gran cantidad de delitos cometidos por los bancos, la inflación en precios de los productos, la generación de la crisis alimentaria mundial y energética y por un lado la crisis energética basada en combustibles fósiles de los países industrializados o del norte global. Llevó a la profundización de ese tipo de soluciones basadas en la economía verde—en el contexto del “desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza” fue reconocida como una herramienta para lograr un desarrollo sostenible social, económico y ambiental.

El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente definió la Economía Verde como “aquella economía que resulta en un mejor bienestar humano y equidad social, reduciendo significativamente los riesgos ambientales y las escaseces ecológicas”.  Lo cierto es que detrás de esto a la par que naciones unidas definió esto como alternativa, el Banco Mundial, el BCIE y BID avanzaron en las soluciones para hacerlo real y convertirlos en mercancías para especular, el agua, los bosques, los árboles, los animales y el paisaje pasaron a ser valores a los cuales se les asignaron precios y por lo tanto se convirtieron en mercancías con las que hoy se pueden especular.

Bajo una nueva era de profundización neocolonial los proyectos llegaron como en el siglo XVI  en barcos y carabelas,  hoy llegan entre tractores, maquinarias,  técnicas, carros, dadivas,  discursos llenos de odio, criminalización, flexibilización de normas y leyes en definitiva planteando una nueva forma en palabras dichas por los organismos multilaterales de crédito en una “nueva gobernanza de los recursos naturales” categoría rescatada hasta en los discursos de las ONGs, sin duda alguna el modelo está apostando a uniformarse en términos de poder entender la “globalización del nuevo orden”.

Hay quienes seguimos resistiendo no solo a nivel de discursiva, sino también en acciones y en pensar que no es posible, ni sostenible convertir los bienes comunes que han pertenecido a los pueblos históricamente, donde se encuentra la vida en mercancías. Con el fin de generar desplazamiento, persecución y muerte de los pueblos. Es acá cuando el modelo colonial nunca se terminó, de hecho, lo que sucedió en estos años fue la especialización de sus modos y formas para seguir sobre los pueblos y sus bienes.

La comunidad de Reitoca lucha por preservar el agua para su pueblo

Particularmente en estos años, uno ve el discurso doble moral en los territorios por un lado la discursiva de desarrollo como modo generador de riqueza y avances y a la par disfrazada una discursiva y praxis de odio. Recientemente acompañamos la lucha del pueblo de Reitoca quienes por obra y acción de la empresa encargada del encarcelamiento del Rio Grande de Reitoca para la producción de energía eléctrica han generado una labor desmedida de desinformación, odio, ataques directos y viscerales por medio de redes sociales.  Hemos sido testigos de cómo un discurso estigmatizador apoyado por los medios de comunicación corporativos y atizado por personas que se escudan en perfiles de organizaciones generan una cultura que se basa en el odio y la creación de la división entre los pueblos, recientemente nos enteramos de cómo manera perversa una empresa patrocino la denuncia criminal ante el Ministerio Publico en contra de otro pueblo que hoy se enfrentan por la instalación de este proyecto.

En otro de los casos, las comunidades que están alrededor de El Parque Nacional La Tigra donde múltiples pobladores ya la están identificando como zona posible para la instalación de ciudades modelos y zonas para la construcción de chalets, bajo un decreto aprobado recientemente hoy se ven amenazados por el desplazamiento de sus territorios por el decreto 013 – 2018 basado en la Ley Forestal, Áreas protegidas y vidas silvestres. La cual fue declarada como ZONA SUJETA A REGULARIZACIÓN está disfrazándose de un nuevo despojo de comunidades y campesinos que han vivido por cientos de años en dichas comunidades,  viviendo de una forma de agricultura como son las zonas de San Juancito, vale decir que este no en un hecho aislado desde hace dos años se vienen generando este tipo de desplazamientos  es el caso de Chinacla también, donde se sacó a la gente de sus comunidades con la excusa de que eran los “contaminantes mayores de las fuentes de agua” por  sus formas de  cultivos y a quienes no se les indemnizo solamente se les expropio de la tierra estos casos sin duda tienen toda las características de la implementación del famoso y falso programa REDD, cuando han sido empresas transnacionales y ONG s  a fines mundiales encargadas supuestamente de la “alimentación” quienes a través miles de programas agroindustriales han desplazado y deslegitimado los conocimientos tanto de pueblos indígenas y campesinos sobre el proceso de siembra para suplantarlos por productos agro tóxicos, para entrar a la lógica autodestructiva de producción masiva sin sentido, enfermando la tierra y contaminado el modo de vida rural para aspirar hacia los valores urbanos, caracterizadas por la competencia e individualismo .  

Según la OACNUR en el tema de desplazamiento forzado durante los primeros 3 meses del año más de 2.300 hondureños solicitaron la condición de refugiado en Norte y Centroamérica de acuerdo con cifras provisionales de los gobiernos correspondientes. Esta cifra se suma a más de 16.400 nuevas solicitudes de la condición de refugiado que los hondureños presentaron durante el año 2015 a nivel mundial, es decir, cuatro veces el número de solicitudes registradas en 2013 y casi el doble que aquellas de 2014. El número de solicitudes de la condición de refugiado de los hondureños que huyen a los países vecinos, como México, Costa Rica, Belice, Panamá, Nicaragua y Guatemala en busca de protección internacional se ha triplicado entre 2013 y 2015, una tendencia que ha continuado durante los primeros meses de 2016.

Sin duda hay propuestas que se pueden implementar,  el pueblo  ha vivido en los bosques por siglos y es falso que es el pueblo quien está destruyendo el bosque, de hecho ancestralmente han existido una fuerte relación entre los pueblos y el bosque, en este sentido es doble moral afirmar esto cuando enfrente estamos viendo la expansión de múltiples monocultivos  sobre todo de palma africana que está generando una expansión sin precedentes de la frontera agrícola e invadiendo las zonas del Parque Nacional Jeannette Kawas con el fin de seguir la expansión de los mismos y el desplazamiento de los pueblos por el encarecimiento de bienes. Lo mismo sucede con los impactos que genera la deforestación a cargo de empresas madereras. Es doble moral decir que somos los pueblos quienes contaminamos las fuentes de agua, cuando existen leyes y normas que promueven el uso de agrotóxicos y semillas transgénicas. La intencionalidad de culpar al humano por los impactos que generan el modelo de “desarrollo” capitalista es perverso. Puesto que exime de la responsabilidad de las transnacionales de los cultivos a grandes escalas y el uso de los pesticidas.

Según un artículo de Amigos de la Tierra Internacional nos dice que “en el mundo hay aproximadamente 500 millones de campesinos y agricultores familiares que ya hoy producen el 80% de los alimentos del mundo. Sus tierras ya alimentan a entre un 70 y 80% de la población mundial y, a diferencia de lo que generalmente se cree, cada vez son más. Si bien no en todas estas tierras se practican la agroecología o la soberanía alimentaria, muchos de estos campesinos y pequeños agricultores ya están en lucha contra el agronegocio por el futuro de nuestro sistema alimentario.

Según la FAO estima que hay alrededor de 1200 millones de personas que dependen de los bosques, muchas de las cuales también practican alguna forma de agroecología en su vida diaria. En Honduras hay comunidades, tales como aquellas de Pueblos Indígenas, campesinas que ya gestionan sus bosques y territorios para beneficio colectivo. Numerosos estudios demuestran que los bosques manejados por las comunidades son más ricos en biodiversidad que los preservados conforme a otras modalidades de conservación.

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