No solo la academia, para ser grande y trascender la historia

Por: Jaime Flores

Por fin estoy de acuerdo con un columnista que sostiene que para ser famoso en este país no se necesita destacar en la vida académica y que unas cuantas clases mal sacadas en la universidad, son suficiente para llegar a descollar y ser “grande” aunque maliciosamente oculta el lado inverso, que la excelencia no impide, ni es un valladar para ser ladrón, delincuente, servil y hasta farsante.

Estoy plenamente de acuerdo con este individuo de marras en lo referente a que cualquiera nos gobierna; hemos tenido como mandatarios a militares, que ni siquiera la O, que, por ser redonda, conocían y esto gracias al imperio y a la apátrida oligarquía que los llevó al poder por los famosos y sangrientos golpes de Estado.

Lo grave y lo que asusta de este columnista, que juega a honrado y digno, es que utiliza la trayectoria estudiantil, académica, para en su encono desmedido y hasta enfermizo, denostar o menospreciar los méritos de un ex gobernante, que no sólo ha dado muestras de interpretar las aspiraciones del pueblo, sino que a pesar de los pesares sigue capitalizando el “loor de las masas”.

Según este columnista, que nació sin columna vertebral, para gobernar hay que ser el “príncipe filósofo”, del que nos hablaba el gran filósofo en un pasado no tan reciente, pero si no se alcanza ese estadio de sabiduría hay que quedarse sembrando frijoles y maíz en las planicies de Olancho y Olanchito, excluyendo de la cosa pública al campesino.

Este columnista, que le gusta estar cerca del poder y los poderosos, aunque con ello legitime a la dictadura, se olvida de algunos hombres que sin haber tenido un diploma o haber pisado un aula universitaria, trascendieron la historia: Luis Ignacio Lula Da Silva y el gran glorioso Doroteo Arango. Hombres de reconocida dignidad, que ahora son héroes o próceres de sus pueblos.

Y así como han habido jumentos en el poder también lumbreras, específicamente dos; uno se encuentra preso en los Estados Unidos por ladrón y corrupto y el otro le sigue haciendo daño al pueblo al legitimar y negociar con la dictadura, en contra de los postulados del partido al que dice pertenecer. ¡No sólo es la academia!

El columnista, objeto de atención, es un ejemplo claro que no sólo es la academia. No se le puede negar su preparación, sería ser mezquino, pero su pluma al servicio de los que asesinan, matan y destruyen a este pueblo y como corolario un peón en el proceso de revertir la reforma agraria.

Estoy más que de acuerdo que la diosa razón es el camino para la liberación y para la emancipación no sólo del hombre en particular, sino de los pueblos en general, pero ésta sin el cultivo de valores y virtudes, convierte a los hombre y mujeres en seres insensibles, manipuladores, vendidos, egoístas, corruptos, mentirosos y farsantes; adjetivos calificativos que de por sí, le encajan como anillo al dedo al columnista en referencia.

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