La pena de la capitana de Honduras

Por: Modesto Acosta

Ha de ser terrible estar en la posición de la Capitana General de la Fuerzas Armadas; la Virgen de Suyapa. Ver a sus hijos sentados, bien uniformados, haciéndole el saludo con la mano a la altura de la ceja derecha, serios, con el ceño fruncido, listos para ir a combatir, con olor a gas pimienta, penetrado en los poros de su piel hasta que se acabe la ira con que ven al pueblo que les paga con sus impuestos.

Pueblo al cual reprimen, que sin medida, lo apalean cual si fuese responsable de lo que sucede en el país. Este pueblo es el resultado de la imposición de un régimen dictatorial, sin duda alguna, la Patrona y Capitana ha de estar avergonzada, de tanta hipocresía de este régimen.

Resultado de esa hipocresía social, de tanta represión ideológica y moral, hoy recurren a los que han hecho comparsa: la Iglesia Católica y Evangélica, que en vez de apaciguar las aguas se han convertido en los agitadores de oficio, los que como topos escondidos aguardan su momento para aparecer bajo la luz del sol, a manifestar su complacencia por la forma de gobernar del actual mandatario ilegal, besando la bota militar y la chaqueta gubernamental.

Qué vergüenza sentirá la virgen de aquellos que hicieron votos de castidad y renunciaron a la riqueza, hoy lo que hacen es tener dos Dioses, uno que aman con frenesí: él dinero y el otro que pronto los castigara por haber quebrantado la doctrina del Cristo Sacrificado, que su única verdad era el amor y la protección de los pobres.

Y no digamos la Madre de tan grandioso Mártir del Gólgota, que hoy los ve con dolor y desagravio por tanta traición que le hacen al pueblo de Dios que tiene hambre y sed de justicia.

Como esconderán los muertos post electorales, los que han caído en la lucha por el respeto de la institucionalidad y la Constitución de la República, por defender la democracia en las calles y el respeto al veredicto del pueblo en las urnas, actos ignominiosos, cobardes, genocidas, que por órdenes arbitrarias se lanzaron contra el pueblo para imponer un gobierno que no es del agrado del pueblo, hoy saludando con la hipocresía perversa con que lo hacen los hombres de doble moral.

Entendemos que el sentido religioso forma parte de nuestra condición humana, de la vida cotidiana, personal y colectiva, donde cada uno de los que tienen que dirigir o guiar, deben ser ejemplo de vida, con una conducta moral y ética, capaces de ser confiables, ser líderes, que profesen el amor al prójimo, particularmente los desposeídos, porque son ellos los que verán a Dios.

Pero estos líderes distan mucho del pueblo, de los pobres y de Dios. No se bromea con la familia, con la patria, ni con el espíritu religioso, como han jugado estos conductores de la iglesia de los dos bandos: católicos y evangélicos. Quizá no se han dado cuenta de la verdadera dimensión de la maldad que le han procurado al pueblo, creando enorme desparpajo de sentimientos encontrados y la incredulidad de sus fieles miembros,  que hoy por esa cotidianidad religiosa los soporta en los púlpitos,  elevando la cadencia irresistible del desprecio y la falta de credibilidad por sus acciones.

Como estará sufriendo nuestra patrona de Honduras, la Virgen de Suyapa y Capitana General al ver tantos malvados, ocultos bajo las sombras alucinantes de las mentiras y del odio profundo a sus congéneres, que solo se conciben en mentes enfermas, con   la envidia patética que le tienen a los hombres con pensamientos renovados, que los induce a tomar acciones oprobiosas contra ellos.

Sin embargo, seguimos pensando “que, con la mano de Dios y la Virgen del Piliguín, pronto caerán”.

Un comentario en “La pena de la capitana de Honduras

  • el septiembre 16, 2019 a las 1:06 am
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