Tereso

Por: Hazel Soriano

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Juan Hernández, acostumbró desde siempre a toda Honduras a un discurso con rasgos propios de un militar.

Resuenan en el oído del hondureño, sus frases empuñadas, como: “haré lo que tenga que hacer” o “de la mano Dios y del pueblo hondureño, seré presidente de Honduras”

Aparte, por supuesto de su clásica postura en estrados, donde balancea su figura  liliputiense, acompañada de una sonrisita inocua.

El ex presidente de Honduras hasta hace unos días, hoy convertido en indiscutible dictador/usurpador para sus coterráneos y presunto estadista para la comunidad internacional;  reconocido tan solo por el Tribunal Supremo Electoral, TSE, pero no por la “voluntad expresa del pueblo hondureño”, nos remonta con sus posturas a Teresa, personaje melodramático mexicano que acuñó la frase ” ¡Entre ser y no ser, yo soy!”.

De las más enconadas palabras del gobernante de facto, en tono amenazante y previo a las elecciones del 26 de noviembre pasado, vociferó un intolerante y enfático “no se equivoquen conmigo… ¿?”, además ha rematado con su desliz al saludar “a los que están aquí y los que están allá en Honduras”, de todos conocido.

Lo señalado supone encontrarnos frente a un hombre empeñado en “hacer lo que tenga que hacer (capricho), de la mano de Dios y del pueblo (egolatría),  a que no se equivoquen conmigo” (soberbia), y a casi interpretar un Tereso, a punto de verter que “¡Entre ser y no ser: yo soy!”.

Aunado a toda esa particular perorata, está no es sólo una “toma de imposición”, sino una Honduras ensangrentada y criminalmente judicializada, donde las víctimas han surgido por disentir contra la ilegalidad del gobernante de facto.

Juan Hernández, separado un tanto de su Tereso (egocentrismo), consolidado donde se propuso estar desde hace mucho tiempo (silla dictatorial), debería ser un tanto consecuente y detener la represión desatada.

La ciudadanía está expresando su derecho constitucional de protestar y manifiesta su descontento en la calle.

Siendo uno de los pocos derechos todavía  por invocar en ese violentado pacto social,  Hernández debe entender que no es una isla y que se ha excedido en el uso de la fuerza para repeler a los hondureños ya en insurrección, (artículo 3 constitucional).

Inconcebible es siquiera imaginar hallan más caídos en esta lucha, porque la vida de uno de nuestros compatriotas es invaluable y esta traición a la patria, esta usurpación tampoco tiene porqué justificar tal genocidio.

Mantener a punta de intimidación ese poder tan codiciado, evidencia debilidad del gobernador y tarde o temprano, implicará demandas contra el Estado de Honduras por delitos de lesa humanidad.

Así la situación, ¿Procede realmente entablar un diálogo? Los diálogos, partiendo de experiencias personales, encaminan a los protagonistas a limar asperezas sobre probables desacuerdos. ¿Haber burlado y dispuesto del voto popular, pasará tan fácilmente como sentarse y platicar?

Retomamos, entonces, que ese Tereso interno del novel tirano Hernández, debe reflexionar: exterminó la democracia, llama a dialogar, pero la represión es cruenta sin avizorar un final para tal menester, y el pueblo apenas protesta en las calles sin doblegar su dignidad.

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