Con balón adelantado

Por: José Rafael del Cid

En la jerga futbolera, jugar con balón adelantado significa llevar la iniciativa del juego. En esto el protagonismo suele estar a cargo de jugadores diestros, pero otras veces, de pícaros y tramposos. La política guarda similitud al juego porque aquí también se paga caro, más caro, el exceso de confianza o el adormilamiento.

En el proceso electoral recién pasado, uno de los bandos jugó con pelota adelantada. Más tramposo que diestro, el PN supo mantener ventaja en la arena de la confrontación. Desde que el candidato ejercía la presidencia del Congreso comenzaron sus movimientos para preparar las condiciones de su acceso y prolongación en el poder. Empezó con el cambio de magistrados de la Corte Suprema de Justicia y con otras conocidas gambetas de su arsenal de leguleyo,  hasta hacer entrar al ruedo a los zombies, o partidos de maletín, y a validar la raya continua en la papeleta. Después detendría la transmisión del recuento electoral, mientras ganaba aliento para nuevas artimañas. Finalmente llegó la contundente jugada que ahora paso a comentar.

Poco antes de que la MOE presentara su informe preliminar, y conociendo o sospechando de antemano su contenido, el candidato hizo correr al TSE a declararlo ganador -algo parecido al gol que nadie miró de los panameños contra los ticos.  Fue una medida de deslealtad a la transparencia del juego, puesto que el informe de los observadores de la OEA proveía evidencia y juicios de un proceso de baja calidad (¿Pero qué cerdo piensa en la ética al revolcarse en el lodo?). Si el informe de la MOE se hubiese conocido primero, ya ratos el PN estaría en los camerinos rumiando su derrota. Declararse ganadores, luego de un informe que desacreditaba al TSE, hubiera aumentado la percepción de trampa y provocación de su acción. Así que adelantar balón a la MOE también me recordó la mano de Maradona jugando contra los ingleses.

La declaración de un ganador de las elecciones por parte del TSE tuvo un segundo propósito, otro avance de pelota con la picardía del abogadillo curtido en travesuras, cual fue romper la barrera del Artículo 242 de la Constitución. En su segundo párrafo, dicho artículo textualmente expresa:

Si la elección del Presidente y Vicepresidente no estuviere declarada un día antes del veintisiete (27) de enero, el Poder Ejecutivo será ejercido excepcionalmente por el Consejo de Secretarios de Estado presidido por el Secretario de Estado en los Despachos de Gobernación y Justicia. El Consejo de Secretarios de Estado deberá convocar a elecciones de autoridades supremas dentro de los quince (15) días subsiguientes a la fecha.

¿Qué significa esto? Pues ni más ni menos, que la repetición de las elecciones sí es un mecanismo democrático contemplado en nuestra Constitución. Decir lo contrario fue un error de mi última publicación. Supe también, mediante fuente amiga, que la Embajada de los EEUU, juez de línea, favoreció a los reeleccionistas bajo la excusa, entre otras, de la ilegalidad de la repetición.

Como lo comentó el ilustrado amigo que reparó mi error: “la repetición de elecciones es legal. El hecho de que el TSE declarara presidente a JOH,  solo profundiza su acción ilegal”.

Contar con el auxilio de los recursos públicos de todo del aparato estatal, producto de la concentración del poder, y de los árbitros nacionales (élite económica) e internacionales (tío Sam) produjo goles fuera de juego y penales inexistentes a favor del PN. Todo esto, pese a la repetición de las jugadas hechas por las cámaras de la Misión de Observación de la OEA. Preguntémonos entonces: ¿Basta el calor de la afición para ganar un partido? El entrenador que todos llevamos dentro aconseja planear cada juego con tácticas y estrategia adecuadas, reforzadas con organización, disciplina y garra para el control del balón. Los equipos técnicos sí pueden ganar a los tramposos. ¿Verdad que sí?

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