Más allá de la formalidad y el rechazo. Cuando ya se fue

Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

                                                para amigos y contrarios ciudadanos

A mi me dejaron de interesar el TSE y los resultados electorales, contaminados en su origen, desde hace rato. Sin importar cual, el resultado anunciado no iba a tener la legitimidad  que exigía la ciudadanía, irrespetada. Por su misma constitución, no digamos su torpeza e incapacidad, el TSE es claramente responsable de haber empañado el proceso y puesto en riesgo la paz pública. No puede quejarse del rechazo ni subsistir. Debe renunciar ya.

¿Que es lo que ha pasado? Establezcamos -objetivamente hablando- los hechos crasos. En un anuncio pregrabado, el TSE de JOH ha anunciado que –valiéndose del voto de La Corte Suprema de JOH—y soslayando el de E. Rodríguez, siempre ambivalente, tiene los votos para hacer aunque todas las misiones habían pedido postergar la declaratoria de ganador, a favor de JOH, que luce inevitable. La OEA pobrecita –a la cual se habían llevado a Salvador para una conferencia de prensa que se anuncio primero para las 6 y después para las 730 y finalmente para las 9– declara que persisten dudas y tendrían que despejarse antes. Es un decir. Sudorosa, la Misión de Observadores de la UE (Unión Europea) aunque dice que hubiera querido esperar, le hizo a su amigo, los EUA el favor de sacarlos del problema de la duda que sembraba la OEA,  La Coordinación de la Alianza no parece haberse coordinado y se ha autoconvocados a la rebelión mientras que, oponiéndose valientemente al pauto de Flores, Luis Zelaya convoca a sus liberales a manifestarse contra el fraude, el martes.

Creen que no y que pueden ordenarla a bala viva y gas. Pero las calles arden y Honduras esta anarquizada. Desaparecen ante nuestros ojos la ley y el orden, que no dependen de la fuerza si no de la cohesión y el consenso social, los cuales -a su vez- derivan de la legitimidad de las instituciones públicas que deben asegurarlas, doblegadas hoy a un Ejecutivo todo abarcador. La degradación violenta de la protesta no es culpa de la gente  ni menos de las elecciones. No es responsabilidad de los líderes que retan al oficialismo. Ni de Mel como quiere hacer creer el gobierno, Salvador, ni de Luis Zelaya. Menos es culpa de la gente humilde, entre la cual se cuela fácil e inevitablemente todo tipo de provocador. Ni siquiera es, en primer lugar, culpa de los soldados que asustados y drogados, disparan bala viva sobre el pueblo que les paga para que custodien su derecho. (¿Qué pensaran de JOH que ordena el fuego?) La violencia deriva del fraude que desviste la ilusión de que vivimos en una sociedad democrática, bajo un gobierno justo. No pide permiso, es función de la ecuación. Empujas aquí y brota allá, la violencia que degenera en anarquía.

Es culpa de este emperramiento que atestiguamos de aferrarse al poder, a como de lugar, comprando conciencias, falsificando la información que debería ser sagrada de la voluntad ciudadana en las urnas. Dispuesto incluso a derramar sangre de inocentes para sofocar una revuelta que ya prendió en el Corazón del pueblo.

La represión no puede continuar sin consecuencias impredecibles a corto plazo. Es difícil pero tambien a la movilización hay que exigir sea cuidadosa de los derechos de sus propios miembros, de los espectadores, de los contrarios incluso. Por supuesto de terceros. Seamos humanos para ser distintos. Lo cortes no quita lo valiente. La mayoría rechazamos la violencia y el linchamiento.

Es responsabilidad del liderazgo político restaurar ese cimiento derruido del orden público. En repetidas ocasiones se ha hablado de esa necesidad de concertación nacional, a la que llama, desde hace días, la traicionera Embajada de EUA y sus voceros nacionales y que ahora vuelve a anunciar Hernández. Pero esa concertación se le propuso -por la oposición- sobre la base de una agenda minima hace varios años, para llevar a cabo las reformas que no aceptó y prefirió celebrar un teatro de sombras con sus propios seguidores, amigotes y ongs oficialistas. JOH no puede negociar ni concertar ya, porque precisamente su salida es lo que hay que concertar. Incluso si cuentas los votos como los cuenta el Tribunal desprestigiado, casi el 60% de los hondureños que votaron por los otros, votaron contra JOH, la figura mas odiada de todos los tiempos, aunque ataca a Mel como tal. ¿Entonces?

Aun con todas las amenazas que pendieron siempre sobre ellas, las elecciones recién pasadas fueron un ejercicio impresionante de ciudadanía. Luego de una vacilación temprana, inspirada por el miedo que se le quiso inculcar, la gente salia a la calle y asistió masivamente a los centros de votación, de modo que hubo más participación que en docenas de eventos anteriores. Quizás no debimos ir a elecciones, tanto por la falta de reformas como por la ilegalidad de la reelección pero fuimos y eso suponía que en algún momento, nos pondríamos en manos de este Tribunal rechazado.

El problema se remonta al hecho de que el partido de gobierno se ha empeñado, por capricho de poder, en obligar a la oposición a asistir a elecciones  sin darle representación en los organismos  encargados de la celebración de esos eventos. Pese a haber suscrito un convenio internacional avalado por varios presidentes latinoamericanos de distintas ideologías, que consistía en permitir el regreso pacifico de la oposición encabezada por Manuel Zelaya, a cambio de que se le permitiera organizarse en un Partido que podría competir por el poder en igualdad de condiciones a los partidos tradicionales. Esa negativa mina el fundamento de la democracia y anula la confianza general en el producto. Todos observadores coincidieron que no hubo igualdad de condiciones ni transparencia antes, durante ni después.

El único recurso para devolverle a la población la tranquilidad es anular elecciones y forjar un consenso para un procedimiento extraordinario, celebración de una segunda vuelta o nueva elección general. Escojan Uds. Si quieren paz no tienen mas caminos. No hay otra solución pacifica.

El Tribunal tiene que ser reformado para que devenga inclusivo de todos los sectores y ciudadanizado, para estar más allá del control de ningún partido en particular o facción. El Registro Nacional de la Personas debe ser un ente técnico y otorgarnos nuevas cedulas de identidad, seguras, con huella digital para que votemos electrónicamente. La compra del voto debe desaparecer. La OEA podría, para redimirse, acompañarnos. La solución la tenemos que poner nosotros, todos. Menos JOH, que ya se fue.

Compartir Artículo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *