“Yo vine porque quise, a mí no me pagaron” 

Voces de rebeldía contra la imposición continuista en Honduras  “Yo vine porque quise, a mí no me pagaron”  

Por: Edgar Soriano Ortiz

En el actual contexto de rebeldía ciudadana contra las instituciones estatales de Honduras dirigidas por el partido Nacional   El significado de dicha consigna propagada por todo el territorio hondureño no necesita mucha explicación,  es una clara respuesta a un régimen político que por 8 años ha instalado conductas mafiosas que van desde la extorsión, el asesinato, saqueo del erario público, la entrega de recursos naturales a intereses multinacionales hasta el pago de personas para poder hacer concentraciones políticas.

Las acciones del régimen conducido por el Partido Nacional no han pasado desapercibidas ante la opinión de amplios sectores poblacionales, quienes se han manifestado en las calles y las redes sociales digitales repudiando el saqueo y la utilización de las instituciones para imponer un gobierno despótico y abierto a enajenar el territorio.

En respuesta al malestar ciudadano el dirigente del grupo gobernante Juan Orlando Hernández (JOH) ha realizado periódicas concentraciones de la clientela de base de su partido realizando la tradicional forma de mover personas de la periferia y de municipios cercanos a la capital, contratando autobuses, el pago de 50 lempiras y un plato de comida, a veces con bolsa solidaria –pequeña porción de víveres- junto a una camiseta o gorra.

Haciendo una retrospectiva a la actual rebeldía de la población ante el eminente fraude electoral en curso en Honduras se puede identificar en los  distintos contextos históricos el como la imposición política ha apuntado contra la dignidad y la esperanza de vivir en una nación de posible inclusión. Pese a esa historia de autoritarismo político ha existido una conciencia manifestada en muchos humanos nacidos en estos lares, desde intelectuales hasta forjadores de esperanza. El adolescente Gonzalo Luque, por ejemplo, en el norte de Honduras a mediados de 1919 decidió sumarse a la revuelta armada para deponer el régimen continuista esperando que la situación mejorara y ser recompensado con una beca para estudiar en la capital, sin embargo nunca lo logró y décadas después escribió: “por más que anduve quitando, poniendo y defendiendo presidentes nunca logre la beca” (Memorias de un soldado hondureño, 1980).

La generación de la década de 1940 y 1950 forjaron con mucho valor una presión popular organizada logrando algunos avances en la institucionalidad jurídica, como el código de trabajo o la ley de seguridad social.

Las fuerzas conservadoras instigadoras de miedo instauraron luego del golpe de Estado de 1963 una institucionalidad contrainsurgente  que allanó un paulatino camino a violentar conquistas laborales y perseguir las ideas libertarias. Con apoyo de grandes engranajes de manipulación ideológica como los medios de comunicación (monopolizados acentuadamente en las últimas décadas) y organizaciones religiosas o de “sociedad civil” han jugado a contener descontentos, imponer el miedo y construir una homogénea visión sobre la seguridad.  

Durante el conflicto político de 2009 que terminó con el golpe de Estado, como un viejo y cómodo recurso de parte de las elites, la población salió a las calles desafiando la ira estatal contrainsurgente, la que finalmente impuso el terror lesionando los derechos de la ciudadanía y propiciando sin pudor alguno la instauración de un régimen político que ocupado 8 años para violentar todo a su paso con el objetivo de destruir la resistencia e imponer la continuidad de la desgastada institucionalidad soñolienta de antiguos privilegios y mando vertical.

En estos últimos años la opinión ciudadana en su mayoría ha reprobado la actitud autoritaria de JOH y su régimen continuista, pese a ello este político sin carisma pero con una coyuntura que le facilita imponer acuerdos que beneficia la impunidad y los buenos negocios de reducidos grupos. En  las elecciones del 26 de noviembre sin mínimas reformas electorales y con un tribunal electoral totalmente bajo el mando del gobernante quien con total impunidad se presentó como candidato la población se lanzó a castigarlos en las urnas, pero a todas luces se ve que no se ha respetado esta voluntad.

El fraude monumental montado por JOH y su grupo abalado por fuerzas clandestinas a lo interno y externo de Honduras son la cara de una “derecha serrana” capaz de cualquier fechoría para imponerse sobre la voluntad ciudadana y que decir de la hipocresía e intereses de Washington, pero siguen subestimando a la población. La actitud de reprimir se incrementa dejando en los primeros días 14 asesinatos, decenas de heridos y cientos de encarcelados sin garantías constitucionales (informe de amnistía internacional, 8-12-2017).

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Pese a este tétrico contexto con antecedentes autoritarios se ha manifestado una rebeldía ciudadana llena de hartazgo acumulado, nada que ver como lo exponen conservadores que copan los medios de comunicación corporativos en que acusan al ex presidente Manuel Zelaya y Salvador Nasrralla de incitar la protesta.

Sin duda los aislados en la soberbia o en intereses personales son los que pueden mantener argumentos alegados en una realidad donde el crimen a la nación se impone en nombre de la “paz y la democracia”. El sol no se puede ocultar con un dedo, amplias redes de nuevas generaciones hermanadas en lucha con las experiencias históricas que buscan hacer valer los derechos de las mayorías está en trayectoria.

 

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