Millones de personas en Latinoamérica el Caribe están a un desastre de regresar a la pobreza

Tegucigalpa.-América Latina y el Caribe (ALC) ha logrado avances significativos en la reducción de la pobreza y la desigualdad, pero la frecuencia de los choques naturales y de aquellos creados por el hombre amenazan con regresar a millones de personas a la pobreza a menos que se aceleren los esfuerzos por mitigar y afrontar estos riesgos, según un nuevo informe del Banco Mundial.

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El informe, ¿Desarrollo Económico Inestable? Choques Agregados en América Latina y el Caribe”, señala que los choques agregados (aquellos que afectan a un gran número de gente al mismo tiempo), como los desastres naturales, el crimen, la violencia y las epidemias, representan un desafío considerable para la población vulnerable de ALC, sobre todo en el actual contexto de bajo crecimiento económico y crecientes déficits públicos.

“A pesar de los grandes avances en términos de prosperidad de los últimos años, muchas personas en América Latina y el Caribe están tan sólo a un desastre de regresar a la pobreza”, dijo Jorge Familiar, Vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe. “Los países deben prepararse mejor y fortalecer su resiliencia ante los choques, para así no perder en un día lo que les tomó años construir”.

Entre 2003 y 2012, la proporción de personas en situación de pobreza extrema se redujo a la mitad hasta alcanzar el 12,3 por ciento, mientras que la de aquellos en pobreza moderada bajó de 41,1 a 25,3 por ciento. Sin embargo, prácticamente cuatro de cada 10 hogares siguen siendo considerados como económicamente vulnerables, corriendo el riesgo de volver a la pobreza debido a los choques agregados.

Entre 1970 y 2014, la incidencia de los desastres naturales en la región se triplicó. Las lluvias y sequías extremas son una amenaza casi constante. En el Caribe, al menos un país —y muchas veces más de uno— experimenta un huracán o ciclón todos los años. Más de un cuarto de todos los sismos de magnitud 8.0 o más ocurren en el oeste sudamericano. De igual manera, enfermedades infecciosas y virus como el Zika y el Chikungunya proliferan en condiciones cálidas y húmedas de muchos países tropicales de ALC.

Además de desastres naturales, la población enfrenta desafíos sociales significativos. En algunos lugares, las tasas de criminalidad y violencia son comparables a las de países en guerra. En otros, existe una proliferación de pandillas juveniles, tráfico de drogas, lavado de dinero y violencia doméstica. Por su parte, las crisis financieras pueden provocar que el desempleo se dispare.

El informe subraya el hecho de que a menudo son los pobres los que más sufren estos choques, así como el menor nivel de empleo y consumo que generalmente surge después de estas crisis. Los grandes desastres naturales o los conflictos civiles suelen afectar a las economías locales, destruyendo activos, dañando negocios y alterando los mercados. En consecuencia, las familias sacan a los niños de la escuela con frecuencia para que trabajen, lo que tiene un impacto negativo a largo plazo tanto para estos individuos como para la sociedad en su conjunto. Asimismo, en anticipación al próximo desastre, muchos hogares vulnerables eligen actividades económicas de bajo riesgo y bajo ingreso, perpetuando así la pobreza.

“Ante estas amenazas, los países deben trabajar en un frente coordinado para desarrollar resiliencia, especialmente antes de que los choques ocurran”, dijo Javier E. Báez, economista sénior del Banco Mundial y autor principal del informe. “Esto significa recopilar más y mejor información sobre los riesgos, fortalecer políticas de preparación ante desastres y gestión de riesgos, así como ampliar los programas necesarios para la recuperación”.

Estar listos ante estos choques requerirá del fortalecimiento tanto de los servicios del sector privado como de los públicos. Esto significa desarrollar mercados de crédito y de seguros para contribuir a una recuperación más rápida luego de un desastre, y garantizar unos niveles mínimos de bienestar a través de redes de protección social flexibles. También es crucial reforzar los servicios públicos, incluidos agua potable, saneamiento, educación y sistemas de alerta meteorológica. Se debe construir infraestructura resistente a desastres naturales extremos. Estar preparados requiere grandes inversiones y aunque sus retornos pueden parecer lejanos, el costo de no actuar es infinitamente superior, concluye el informe.

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