“Al límite del dolor” en el seno de las dictaduras 

Por: Edgar Soriano

Las heridas surcan la memoria como riachuelos en época lluviosa, no se pueden sanar y cuando parecen olvidarse la presencia violenta de  las formas de dominio aparecen continuamente en algún lugar del planeta, dando la impresión que esas realidades no tendrán fin mientras la plusvalía se anteponga a los principios éticos de la justicia humana.

El telón se abrió para la compañía “Lendias D’encantar” de Portugal con su puesta en escena “Al límite del dolor”, siendo  la última obra de la III Muestra Centroamericana de Teatro  “Memorias de Centroamérica” que se desarrolla en la Casa de Teatro Memorias en el histórico barrio la Plazuela del centro de Tegucigalpa.

“Al límite del dolor” es Interpresa por la actriz cubana Giselle Sobrino y el actor portugués  Antonio Revez, mostrando a seres humanos expuestos a situaciones extremas entre el miedo, la soledad, el dolor  y la resistencia. La violación, los golpes y patriotismo conjugan la “legalidad” de los emisarios del leviatán amenazado por las ideas y la construcción de caminos a utopías posibles. 

El escenario oscuro con tenues luces y un candil entre la soledad y la oscuridad someramente ilumina los barrotes y las viejas sillas de madera donde las víctimas se sientan esperando con pánico a los torturadores, agentes de “la Polícia internacional e de Defensa do Estado” PIDE. La obra está basada en relatos de personas que fueron sometidas en la etapa final de un régimen fascista enquistado en la esquina atlántica de la península ibérica, una dictadura soñolienta de expansionismo colonial pero con imaginarios de lejanía con el resto de Europa.

Sin embargo el régimen portugués de Salazar (etapa del llamado Estado Novo, entre 1932-1974) teme a los “comunistas”, sus elites y la iglesia católica con la frente en alto y su brazo erguido  tienen su propia guerra un tanto alejada de los escombros de la segunda guerra mundial donde sus amigos de la Europa Central fueron aplastados militarmente, pero sus argumentos contra las voces libertarias quedaron sembradas con odio y superstición para nunca dejar surgir la democracia ciudadana.

Aunque se puede entender como una simple retrospectiva en las entrañas del siglo XX europeo esta obra nos muestra el sufrimiento de millones en el mundo, en nuestra cercanía geográfica y temporal esas heridas están abiertas entre espectros mediáticos  que quieren imponer el olvido y las vivencias continuas de la marginación sometida a todo tipo de violencias.

Como ciudadanos que asistimos a la sala de teatro se nos es imposible no compenetrase en imaginación y experiencia sobre la violencia de Estado. El silencio en la oscuridad de la celda se interrumpe constantemente con la fuerte luz en el rostro de los constantes interrogatorios, callar por el bien de los camaradas es la ética revolucionaria de los personajes que retaron las fuerzas del poder  despótico. Buscar refugio en la soledad de la celda, expresar lo que te quieren obligar a decir o buscar respuestas adaptadas a lo que quieren escuchar los oídos de los patriotas con placa, es la conjugación de emociones humanas de los momentos más humillantes que puede pasar una persona.

La llegada a Honduras de esta magnífica puesta en escena psicológica nos invita a reflexionar lo cerca que estamos de esa desbordada opresión, pero también nos dice que de muchas formas ya estamos o siempre residimos   en medio del dolor y el miedo por el reflujo neocolonial con tintes dogmáticos y autoritarismo institucional que ha consolidado el orden social y político. La decisión es nuestra, de las butacas del teatro a romper el silencio o el impuesto esquema del miedo saldrá triunfante  ante nuestra desesperada vista por no asumir el deber de buscar siempre la libertad. 

Tegucigalpa, 11 de noviembre de 2017

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