¿Y qué nos importan EE.UU y Corea del Norte si Honduras tiene su propia guerra nuclear…?

Por: Carlos Zelaya Herrera

En nuestra Honduras atrasada la vida se limita a trabajar para medio sobrevivir y a estar atento de la política, del escándalo más reciente o a la trampa de un proceso electoral que es un torneo de “burro amarrado y tigre suelto”.

Aquí en Honduras vivimos una crisis social de carácter secular y acicateada por las consecuencias sociales y humanas que provoca el modelo neoliberal copiado del chileno, en donde más bien la sociedad lucha en las calles por su desmontaje por su esencia expoliadora e inhumana.

Sin ser activo en política, pero sí identificado con los principios, valores y prácticas democrático-populares que propugna la Alianza de Oposición Contra la Dictadura, vemos en el proceso de refundación nacional como la cuota a dar por que mejore nuestra calidad de vida y el aporte la huella humana que corresponde entregar al planeta.  

Sin embargo creemos que nada peor que nuestro sistema de vida nos puede pasar relegando a un tercer plano lo que sucede en el campo internacional entre EEUU y Corea del Norte; del terrorismo yihadista en Europa y en otras partes del mundo o lo que el destino podría deparar a nuestros compatriotas en tierras del “tío Sam”, pese a que no lo queramos.

Pero es cierto lo que salta en la prensa corporativa y redes sociales, Honduras tiene su propia guerra contra núcleos y feudos aún infranqueables donde se concentra el poder de la corrupción y la impunidad en nuestro país.

A más de un año de instalación de la MACCIH, ésta todavía se enfrasca en construir el entramado profesional jurídico e investigativo; en Guatemala, a 11 años de creación y labores de la CICIG, los resultados son espectaculares y genera el rechazo de poderosos que sienten muy cerca los pasos de la justicia.  

Leyendo medios digitales del mundo en español nos enteramos de la otra bomba atómica, la real y tangible que de ser utilizada por dos presidentes impredecibles, vemos cómo se expande la alarma global debido al desarrollo de potencialidades efectivas en armamento nuclear con que cuenta Kim Jong un, titular del régimen en Corea del Norte.

Destacado de la prensa mundial subrayan que norcorea posee la nanotecnología necesaria para instalar una carga nuclear en un misil de cualquier alcance, siendo esta su arma más poderosa y destructiva, la bomba termonuclear, que usa una bomba atómica para detonar la carga de hidrógeno, lo que desencadena un poder inimaginable al punto que se le considera inutilizable.

Sin embargo, no olvidemos lo que sucedió con la población civil de Hiroshima y Nagasaki, con las bombas atómicas el 6 y el 9 de agosto de 1945 que a largo plazo dejan casi un millón de víctimas, muchas de las cuales enfermaron y perecieron días después a la detonación y que fue EEUU el que las usó, pesa a recomendaciones de científicos de esa época que advirtieron el poder destructivo de la fisión nuclear.

Y a qué viene la relación de nuestro pequeño gran mundo con la geopolítica regional o planetaria, o en pleitos entre gringos y norcoreanos, pues que de darse una guerra nuclear no habrá lugar en el planeta que nos resguarde de las horribles consecuencias del invierno nuclear.

Y que como aporte de las voces anónimas del planeta valdría la pena que las redes sociales concertaran dos campañas mundiales, una contra la tenencia, producción, almacenamiento, financiamiento y la amenaza del uso de armas nucleares.

Y otra contra la corrupción y la impunidad que permita construir consciencia de ambos flagelos vienen a relacionarse con la guerra y el exterminio total. Dos rostros del mismo mal que aterran a la humanidad.

Es necesario que la humanidad deje de ser observadora de cómo se fragua el escenario para destruir a la humanidad. “Armas nucleares no construyen humanidad y mucho menos sociedades justas, civilizadas”; “La corrupción es un arma nuclear porque no construye bases de sociedades civilizadas y justas”.

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