Lamento por el asesinato de Juan Dubon

Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

Sabía poco de él, antes. Que me caía bien. Que era copaneco, cashapeco, criado ahí en el vecindario de los Villeda, afable, de mente ágil y ejercitada y que cursaba la juventud productiva de un profesional, edad de plata en que estamos llenos de gana y de energía y queremos desplegar nuestra capacidad, toda. Ahora, me ha tocado escuchar en silencio, sin poder reprobarlas, ni contradecir siquiera las maldiciones que lanza entre lágrimas y sollozos su viuda aterrada, contra la maldita ciudad, el país maldito como también decía Luis A. Fiallos, de asesinos y ladrones donde,  frente a ella y a su hija de dos años, acribillaron en la calle a Juan Dubon, el Bueno, el domingo pasado. Y -en mi pesadilla- me desvela el llanto inconsolable por su padre que esa niña no puede desahogar hoy, porque no entiende, porque una inocente no puede entender tanta vileza, pero que va a marcar toda su vida.

Es desgarrador. Y entiendo que quien tiene la culpa y merece la maldición es la clase política que nos desgobierna, y desde hace décadas nos engaña diciendo que esta resolviendo el problema de la violencia, del que evaden la responsabilidad culpando a otros, los de antes. Como si no hubiera estado ella ahí siempre. Maldita sea, ella misma. Como si no fueran los mismos.

La última vez que platiqué con Juan Dubon hablamos de vacas, jerseys, que no podía yo comprar porque no he ahorrado para las oportunidades. Ya era entonces Juan uno de los damnificados de la operación gubernamental contra Rosenthal. Lógicamente se recuperó de ese descalabro y pronto encontró otro trabajo casi igual de bueno. Se suponía que teníamos una reunión este martes, ayer, para hablar de cacao, de producción, comercio, procesamiento y perspectivas de cacao.

Porque también sabía más de eso, como de genética y nutrición animal. Y para pedirle un contacto que tenia de un su amigo en Nueva York, chocolatero, interesado en nuestro grano fino. A las cuatro de la tarde nos íbamos a encontrar. Cuarenta horas después que fuera asesinado. ¿De dónde sale Juan Dubón? ¿Qué lo envalentonó a último minuto para salir a enfrentar a su verdugo y salvar a su familia? Claro, que sabía que lo seguían para matarlo. Y, sin ser valiente, se entregó para salvar a su gente. Brillante estirpe, los Dubón, numerosa en el Norte de Copan. Muchos hombres y mujeres buenas y lucidas. Con fama de modestos, de ayudar cuando pueden. Campechanos. Libres. No era un amigo cercano Juan.

No supe mayor cosa de su vida personal antes de ahora que ha sido asesinado. Nuestros caminos se cruzaron como consecuencia del oficio y el negocio. Mi amigo Jaime Rosenthal que también era entonces su empleador le pidió hace unos cinco años ayudarme con consejo y apoyo para sembrar un cacao. Y vino aquí a mi finca, a valorar y aconsejar, y la recorrimos juntos y tomó medidas y como gerente, se encargó luego de venderme vivero y giró órdenes a sus técnicos subordinados para que me asistieran. Todo con afabilidad y eficiencia. Y después se encargó de venderme un famoso toro brangus, con el que supuestamente ¡yo me iba a hacer rico, produciendo mucha carne de calidad!

Tiempo después me explicaron que  Juan era un profesional brillante. Me lo encomió el propio Rosenthal, a quien le había ganado completamente la confianza. Había estudiado su profesión en la buena universidad agrícola del Zamorano y después se había ganado una beca con que hizo estudios de posgrado en Alemania en agro negocios y había viajado para capacitarse también a Chile a Estados Unidos y a Israel.

Destacando siempre por su empeño, dominando las materias y las técnicas. Y yo admiro a estos pocos chavales que van y estudian la tierra y nos la hacen producir. Mis sobrinos. Los Ruices antes que se volvieran golpistas, los maravillosos Marvin y Julio Aparicio, buenos técnicos y buenos administradores. Y Juan Ángel el mas modesto que ya no esta. Porque es lo que necesitamos, la formación, la inteligencia cultivada de los jóvenes para ser productivos y honestos, y no importa si algunos son cachurecos…ya caerán en uso de razón… con los recursos que están aquí. Y me da especial rabia que se pierdan así y que terminen infamados.

¿Que esta pasando en este país se pregunta Héctor Ferreira? Pero no es entre nosotros que nos estamos matando hombre, porque no somos los mismos. Nos matan quienes se creen impunes y están a cargo, los que aterrorizan y manipulan para poder. Los que no temen las penas severas porque saben que no serán pillados. ¿Qué es lo que viene pasando desde hace treinta años? Y ¿cómo es que los culpables siempre son los caídos y  los gatilleros y nadie exige que digan ¿quién manda a matar? ¿Cómo se cubre de impunidad?

Porque eso es lo que hace la policía, de inmediato y la prensa. La policía que, alardeando de ser discreta, sin embargo pública detalles de investigación con que insinúa que el muerto tenía responsabilidad y ¿de repente la culpa? La Prensa que dice ser imparcial pero publica para alimentar el morbo y para exculpar en vez de increpar al maldito país de la viuda, prensa que siembra la duda, el pujido, la sombra de la duda y aplaude la política fallida del régimen. Saber de antemano que hay malditos ¿te hace culpable de lo que hacen contigo los malditos? Algo habrá hecho… pues si. Muchas cosas y algunas malas hacemos todos, ¿verdad? No tantas (algunos) como los dueños de la prensa, o los jefes corruptos de la policía, ni menos como los políticos venales que dicen ser los paladines de la lucha contra la violencia y aun alegan estar venciéndola, aunque falta mucho aun… falta que nos dejemos ensartar sus bayonetas. Noombre! Punto final. Se acabó, Juan. Y tú también te acabaste. Huye. Los que quedamos aquí, en este Valle, rojo de sangre, vamos a rescatar a este país a como de lugar, haciendo lo que tengamos que hacer, aunque nos llame terroristas Oscar Álvarez maldito sea, para pedirnos ocho años de prisión cuando el merece cien, vamos a hacerlo por las niñas de dos años que merecen criarse en lo limpio, por las mujeres jóvenes que no deben seguir quedando viudas, por los hermanitos menores, por los jóvenes que son la única esperanza de que alguien nos alimente, de ancianos… por los ancianos padres de Juan Ángel Dubón, que habían invertido todo en él… por sus hermanos y hermanas…que se perdieron de su alegría, por nosotros…por compasión… por piedad….

 

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Un comentario sobre “Lamento por el asesinato de Juan Dubon

  • el febrero 25, 2017 a las 6:49 pm
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    Excelente retrato de la realidad que vivimos, gracias Dr. por su cabal reflexión. Los cachurecos más que otros están sembrando de dolor y muerte a nuestro país, hasta cuando habrá alguien que recoja todo este sufrimiento y lo canalice para conseguir los cambios urgentes en este desdichado país. Son miles y miles de personas afectadas por esta situación, yo también soy parte, a mi me asesinaron a una hija, a mi única hija de 22 años en el temible gobierno de pepe lobo con garras.

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