Conozca la historia de un periodista hondureño que le ofrecieron una pensión de mil lempiras

Por: Redacción CRITERIO

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El mísero pago  fue ofrecido por el IPP pese haber cotizado  por más de 20 años.

Tegucigalpa.- Mario Valladares se afilió en 1986 al Instituto de Previsión Social del Periodista (IPP) con la certeza que tendría una jubilación que le permitiría vivir dignamente en su vejez.

Pero a sus 64 años, después de cotizar religiosamente por más de 20 años al instituto de previsión de los periodistas, Valladares no tiene una pensión. Él trabajó la mayoría de su vida profesional de manera independiente, en programas noticiosos de radio y televisión.

Mario, como se le conoce popularmente en el gremio periodístico de la capital, cuando cumplió 60 años acudió al IPP en busca que se le otorgara su jubilación. Su sorpresa es que le salieron con la noticia que su  pensión sería de 1.000 lempiras mensuales.

«Me dijeron que me iban a dar una jubilación, pero lo que me iban a dar eran 1.000 lempiras mensuales. Yo les dije, ustedes creen que yo como zacate, que mi familia come zacate, que no se alimentan, que no comen», recordó Valladares.

«Ellos dijeron que era lo que me correspondía», dijo el periodista, de complexión liviana, piel blanca y un cabello en el que ya brillan las canas características de su edad.

En la mayoría de su última década de afiliación, Valladares cotizó al IPP por salarios de entre 4.524 y 8.453 lempiras mensuales, lo que representó cotizaciones entre 655.98 y 1,325.35, lempiras, muy por encima de las que se hacen a sistemas como el del Instituto de Seguridad Social (IHSS), pero dónde se pagan pensiones más altas que los 1.000 lempiras que le fueron ofrecidos al comunicador.

El afectado pagaba su cotización personal y patronal debido a que ejercía la profesión de manera independiente. Y cotizó al IPP desde el año 1986 al 2007.

La ley del IPP dice que los periodistas afiliados tienen derecho a la jubilación voluntaria cuando hayan cotizado durante 15 años y cumplido 60 años.

Mario, además del desempleo, tiene que lidiar con enfermedades como la diabetes y otras afecciones. El colmo de su infortunio es que no logró la pensión por jubilación del ente de previsión de los periodistas. Y ahora, vive junto a su esposa de lo que les generan las ventas de una  pulpería instalada en la sala de su casa y la renta de dos pequeños apartamentos en un viejo y céntrico barrio de Tegucigalpa.

En mayo del 2016, lo que Mario obtuvo, finalmente, del IPP fueron 108,268.72 lempiras de las aportaciones personales y patronales, pero en peores condiciones que si hubiera tenido ese dinero depositado en un banco, pues no recibió ninguna utilidad o interés de los dividendos que por  más de 20 años el ente de previsión obtuvo de sus aportaciones.                     

TEMOR POR OPACIDAD EN EL IPP

«Yo me retiro a raíz de la inseguridad que hay en ese Instituto, porque ese instituto ha marchado en la oscuridad. Ahí no hay informes para nadie, no hay auditorías, no hay supervisión de la Comisión Nacional de Bancos y Seguros», dijo el periodista a criterio.hn.

Las preocupaciones de Mario Valladares sobre la opacidad con que los directivos del IPP operan los fondos del IPP son fundamentales. 

Pero los directivos y el gerente del IPP, que no entregaron ninguna utilidad a Valladares, le hicieron firmar un contrato de afiliación a un denominado fondo privado de administración con el Fondo de Pensiones Atlántida, que el Instituto ha hecho suscribir a varios afiliados, y en el que se dice que la pensión será únicamente el producto de sus aportaciones personales.

Valladares no se explica por qué el presidente de la junta directiva y la gerencia del IPP,  lo hicieron firmar ese contrato, cuando él está fuera del sistema y lo único que tiene en el ente de previsión, son las utilidades de sus aportaciones que no le fueron devueltas.

El periodista graduado en 1982 en la estatal Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) advirtió que «no sé que pretenden hacer con ese contrato que les firmé, pero es real que está ligado a dinero, a fondos, y si no para qué lo querrían. Lo que me preocupa es que estas personas no son auditadas ni rinden cuentas a nadie».

«Yo les exigía que me dieran mis utilidades y se negaron rotundamente», dijo Valladares. El periodista estimó que las utilidades sumarían unos 150.000 lempiras.

El presidente actual de la directiva del IPP, Eduin Natividad Romero, y la gerencia del ente, firmaron un contrato con la AFP del Banco Atlántida en el que la pensión de los periodistas se limita a la entrega de sus aportaciones personales, reteniendo las de los patronos, las transferencias estatales y las utilidades de las inversiones.

La ley del IPP prevé un sistema de previsión solidario, que desde 1987 y hasta el año 2013 captó 26.8 millones de lempiras en aportaciones de los afiliados, 56.6 millones de lempiras de los patronos, 53.2 de las transferencias estatales y 124.3 millones de lempiras de las utilidades, de manera que la mayor masa de capital, unos 235 millones de lempiras, quedarían en manos de los administradores del ente de previsión, que no son auditados, según el contrato que han hecho firmar a un grupo de comunicadores.

PENSIONES MISERABLES                                     

«Varios periodistas están recibiendo jubilaciones miserables del IPP. Hay colegas enfermos, algunos casi ciegos, con jubilaciones de 2.000 o 3.000 lempiras lo más, y tienen que vivir con eso», relató Valladares.

Los directivos del IPP, que pagan estas pobres pensiones a varios periodistas, se han abstenido, desde el 2014, de requerir transferencias estatales establecidas en la ley de creación del ente, todo para evitar ser sometidos a la  supervisión, control y vigilancia de la CNBS.

Esta omisión de los directivos ha generado al IPP y a sus periodistas afiliados la pérdida de 2.8 millones de lempiras, más las utilidades que tal cantidad hubiera generado al sistema.

La ley de Protección Social dice que los entes de previsión social que captan directa o indirectamente fondos estatales, deben registrarse y someterse a su control para que sus afiliados actuales se mantengan en el ente y que puedan incorporar nuevos miembros.

«A ese Instituto la Comisión Nacional de Bancos y Seguros debe contarle las costillas. Yo les pedí varias veces auditorías y no me les dieron. Ahí no informan nada, no convocan a asambleas para informar sobre la situación del IPP, todo lo hacen los directivos en misas negras», dijo Valladares.

Los directivos del IPP han puesto en evidencia la inviabilidad del sistema al cambiar el beneficio de una pensión vitalicia por invalidez, al pago de un seguro de vida, y no a un pago mensual de por vida como establece la ley de creación del ente. Además, el ente registra una membresía activa en el 2016 de apenas 153 afiliados, lo que hace imposible para cualquier Instituto cumplir con sus obligaciones de mediano y largo plazo.

¿IGNORANCIA ?

El presidente de la junta directiva del IPP, Eduin Natividad Romero, en una audiencia en el Instituto de Acceso a la Información Pública (IAIP), al responder a pedidos de información en el año 2015  del periodista Gustavo Palencia para que se le entregara las dos últimas auditorías del ente de previsión, respondió, sorprendentemente, que las auditorías solo se practican cada 5 años.

Romero expuso doctamente que en el IPP “se hacen auditorías por año cada 5 años y ahí – en la que se realiza cada quinquenio — van las de los cinco años. O sea por año, pero cada 5 años por el tema de Ley del Código de Comercio, además por costos”.

El IPP sería la única institución pública o privada de Honduras que práctica auditorías sobre el manejo de sus finanzas cada quinquenio y no cada año como ocurre en las instituciones del país y el mundo.

La directiva del IPP se negó a entregar a Palencia información vital sobre las operaciones financieras, por lo que incluso fue sancionada a través de Romero, con una multa de 8.000 lempiras por parte del Instituto de Acceso a la Información Pública (IAIP), por desacatar la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública.

«En 1986, cuando se fundó el IPP, se creó grandes expectativas en el gremio periodístico, pero fue todo un engaño», afirmó desencantado el periodista Valladares, que en unos meses había gastado en el pago de deudas, compra de medicamentos y sus gastos diarios los 108,268.72 lempiras que le entregó la gerencia del IPP en mayo del 2016.

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