Terrorismo de Estado

Por: Arturo Rendón Pineda

“La  manipulación de los medios de comunicación de masas, crea condicionamientos proclives al indignado repudio de amplios sectores sociales a la implementación de una «guerra sucia». 

Cuando el discurso violento en sus diferentes modalidades ideológicas y políticas es usado por el  Estado, un amplio volumen de la población se indigna y el ajuste a las conductas impuestas por  normas  jurídicas de obligado acatamiento, la organización social se altera  haciendo muy difícil su posterior reconstrucción.

 Un fortalecimiento desmedido de Fuerzas Militares en gobiernos  de visible  orientación dictatorial, antidemocrática y conservadora, con  marcada tendencia a la violencia represiva y  con un agresivo liberalismo económico, es tipificado como “régimen terrorista”  que usa como pretexto el combate a la inseguridad para avalar la militarización de la sociedad. 

La represión se presenta en gobiernos de claras tendencias dictatoriales donde sus secuelas sobre los ciudadanos y toda  la sociedad, son   efectos muy fáciles  de entender por sus  típicos manejos  en la caracterización del Estado terrorista.  Son métodos para reprimir al pueblo con  formas de perversión, que ocurren con el acaparamiento  de todas las instituciones  que conforman un gobierno  con  graves repercusiones en la convivencia social conocidas como «terrorismo de un Estado dictatorial «.

 Estas características previas al implantamiento del el terror y el miedo con intenciones planificadas,  son   concebidas con inocultables propósitos de dominación. El objetivo del terrorismos de estado, es planificado supuestamente para ”restablecer” los valores de autoridad y obediencia trastocados por lo que este tipo de  gobiernos autoritarios denominan “subversión”, con intenciones de someter al pueblo y a  integrantes de las organizaciones populares y políticas opositoras,  y a todos los  que se opongan a las antojadizas disposiciones de un gobierno dictatorial.

Ese proceso creciente de las prácticas ilegales promovidas desde el Estado, obviamente  es generado para la instauración de gobiernos antidemocráticos, donde el uso de la violencia institucionalizada es implementada sistemáticamente hasta convertirse en un verdadero Estado Terrorista en que la sociedad en su conjunto es vigilada en su vínculos comerciales sociales y privados.

 Ese proceso gradual caracterizado por campañas publicitarias plagadas de mentiras, casi siempre precede a la instauración de dictaduras  que se pre-valen del  «terrorismo de Estado» como medidas excepcionales a las que apelan regímenes de origen aparentemente democrático, que hacen más palpable su debilidad intrínseca y la carencia de firmeza en sus convicciones, mostrando el grado de crisis del modelo de un gobierno democrático. Es digno de hacer notar, que en cada país donde se produce esa notoria como paulatina degradación gubernamental, se dan los pasos previos y casi inexorables para la aparición de las otras fórmulas absolutamente negatorias de los derechos humanos fundamentales y de los principios de legalidad y juridicidad en que se debiera asentar toda estructura democrática.

.En nombre de la democracia, de la ley, de la justicia y de los derechos humanos, se proponen desde el propio Estado procedimientos, violatorios de los derechos humanos, métodos clandestinos que tienen como objetivo la ejecución de crímenes políticos y situaciones de crisis y enfrentamiento, mediante la aniquilación de sus componentes sociales,  es así, como  se entra sin ninguna sutileza en el reino del terrorismo.

Lo grave cuando se produce  esta  anormal situación en un país en que se manifiesta un terrorismo de Estado, no se limita a la violación de su propia normativa por parte de determinados sectores de poder dentro de los aparatos del Estado, sino que se constituye en una filosofía o doctrina política que señala la crisis evidente  de este anormal modelo social. 

El nacimiento de este tipo de política justificadora del terrorismo estatal, está profundamente ligada a la supervivencia de modelos económicos y sociales injustamente basados en el hambre y la explotación de amplias capas de la población, que se enuncia partiendo de supuestos que contradicen las bases fundamentales de un Estado democrático burgués, sosteniendo que el principio de sujeción a la ley, la publicidad de dichos actos y el control judicial de los mismos, incapacitan al Estado para la defensa de los intereses de la sociedad, por lo que justifican el uso y el abuso  imprescindible de medios «no convencionales» y violentos, para luchar contra el terrorismo y lo que premeditadamente llaman «subversión», que practican en supuesta aplicación  de la ley contra los que están–según ellos–al margen de la misma,  hay quienes se atreven a proponer que «a los subversivos hay que matarlos», sin que exista la pena de muerte, buscando la legitimación social del terrorismo de Estado.

 NOTA ACLARATORIA: Cualquier parecido «a lo que pudiera acontecer en el país» es pura coincidencia.

 

 

 

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