Renán, Renán, Renancito

Columna Verdades Amargas 

Por: Magda Cálix

Como se reprende a un niño que se ha comportado inadecuadamente… “a un niño malcriado”, así se dirige al ingeniero y abogado don Renán Inestroza, una connotada y confiable parlamentaria de nuestro país: doña Doris Gutiérrez.  Fui maestra de don Renán en la noble Carrera de Derecho. Recuerdo cuando, en una ocasión, le dije: ing., está bajando mucho sus notas. Luego agregué divertida: le prometo que cuando usted sea diputado del Congreso Nacional, lo primero que haré será publicar sus calificaciones, tal cual lo están haciendo en este momento, con las que obtuvo don Manuel Zelaya. Como si fuera ayer viene a mi memoria la forma respetuosa que utilizó para replicarme: maestra no vuelve a ocurrir.

He estado faltando porque he tenido mucho trabajo. Procuraré no hacerlo en el futuro. En este instante mi memoria imprudente me susurra con frívola necedad: aclárale que ese día  estaba prolijamente vestido con saco azul marino, camisa azul claro y pantalón caqui. También rememoro  que esa noche calurosa, alcancé a verle sus calcetines y zapatos porque él estaba sentado con las piernas entrecruzadas. Las movía rítmicamente, al mismo tiempo que justificaba sus prolongadas ausencias estudiantiles. Las citadas prendas combinaban con su atuendo.

En mis reminiscencias docentes, se destaca que, después del anterior diálogo y en una especie de deferencia con el Ing. Inestroza, comencé a efectuar una pequeña recapitulación de los temas que se habían abordado durante su ausencia.  Mi memoria levanta una ceja en un ademán desafiante y me ordena que recuerde que esa calcinante noche, me dirigí al pizarrón y dibujé, con disimulada estética, un árbol con un frondoso tronco. En el centro del mismo escribí la palabra DERECHO. Luego extraje dos ramas y las nominé Derecho Público a una. A la otra la designé con el nombre de Derecho Privado. Enseguida comencé a explicar las diferencias entre uno y otro. Las teorías prevalecientes., etc.

Después de mi resumida disertación, le pregunté al Ing.-Abg. Inestroza: ¿Cuál es la diferencia entre Derecho Público y Privado? Sin titubeos él contestó: el primero representa al interés público o de toda la comunidad/colectividad y el segundo al interés particular. Es una de las teorías recuerdo que le dije. Luego hice alusión a otras. Posteriormente recalqué, dirigiéndome esta vez a todos los presentes: como el Derecho Público representa el interés de la colectividad, está sujeto al Principio Constitucional de Legalidad, es decir que SÓLO PUEDE HACERSE LO QUE ESTÁ PERMITIDO DE MANERA EXPRESA EN LA LEY. Además, les expliqué: dado el carácter jus-scriptum de este derecho, debe consignarse en forma escrita. En consecuencia y dada su naturaleza es obvio que, en este tipo de derecho, no se puede aplicar el viejo aforismo: “Lo que no está prohibido, está permitido”.

Con respecto al plebiscito y referéndum, recuerdo que él mismo expuso esta temática. Lo hizo ante sus excompañeros unos días después. En la actualidad, sostiene que la figura o ficción legal que debe aplicarse en el caso de la reelección o continuismo no es el plebiscito, porque ha habido un pronunciamiento anterior de un Poder del Estado (Judicial). En nuestra opinión hasta aquí la hermenéutica legal se ha efectuado correctamente. Sin embargo, al Ing.,-Abg., SE LE OLVIDÓ que la sentencia ad-hoc, emitida por la Corte Suprema de Justicia, adolece de nulidad absoluta. En consecuencia su efecto principal es el de la “inexistencia”, así como que debe ser expulsada, de inmediato, del mundo jurídico, PORQUE SIMPLEMENTE LO ESTÁ CONTAMINANDO. Por otra parte en este mismo principio (Art. 321 de la C.R.) se establece que todos los actos que los funcionarios públicos realicen, contraviniendo la norma en la cual se regula el mismo, son nulos y acarrean  responsabilidad para el infractor.

Estoy preocupada por usted, Renán, Renán, Renancito, como le dice doña Doris. Simplemente está padeciendo de muchos olvidos. Luego se enreda en un océano de vanas justificaciones políticas-legales. Ojalá no sea el principio de una vereda Alzhéimeriana. Lo cierto es que, en su caso, jamás podríamos afirmar que se trata de un “acomodo personal”, producido por ciertas exigencias  estomacales o una conducta motivada por el temor que produce, en ciertas personas, el acercamiento a la senectud desamparada (ya saben a quién me refiero).

Como su partido político perderá las próximas elecciones y se colocará en una prolongada llanura, nos preguntamos: Renán, Renán, Renancito, ¿cómo reaccionará después de este evento del cual ustedes niegan su acaecimiento. ¡Créame que los va a soterrar sempiterna e inmisericordemente! No le confieran mucho valor a lo  que, al respecto, les recomienda el exchofer infiltrado de Napolitano. ¡Dios ciega a quien quiere perder!

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