La falta de psicología política es el agujero negro que devora a los partidos políticos

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Por: Daniel Eskibel

Los partidos políticos de hoy tienen problemas complejos. Y la ausencia de psicología política está en el núcleo mismo de esos problemas. Por allí asoma el agujero negro que los amenaza.

¿Agujero negro? Veamos…

Cuando una gran estrella agota su energía sucede algo impactante. La estrella colapsa bajo su propio peso, implosiona y se transforma en un agujero negro que atrae, absorbe y destruye todo lo que está a su alrededor.

El término ‘agujero negro’ fue popularizado por Stephen Hawking, una de las mentes más brillantes de nuestro tiempo. Pero en el otoño de 1967 ese fenómeno cósmico aún no tenía nombre.

John Archibald Wheeler, tenía 56 años y ya era uno de los más grandes físicos del siglo 20, a la par de científicos como Albert Einstein y Niels Bohr.

Aquel día, mientras daba una conferencia, John Wheeler seguía buscando un nombre para aquel fenómeno cósmico sobre el que se estaban haciendo desconcertantes descubrimientos. Por entonces Wheeler rumiaba el tema tendido en su cama, sumergido en la bañera, a bordo del coche y en cada momento libre que tenía. Y no encontraba las palabras precisas. Por eso, en medio de la conferencia, dijo que necesitaba una expresión breve que describiera mejor lo que llamaba ‘objeto completamente colapsado gravitatoriamente’.

-¿Qué tal ‘agujero negro’? -sugirió alguien del público.

Y así fue.

También los partidos políticos agotan su energía y colapsan

Los partidos políticos fueron grandes estrellas en el firmamento de los asuntos públicos. Brillaban con luz propia. Pero su reinado comenzó a menguar y su luz a debilitarse. Y comenzaron los problemas:

Sectores importantes de la población pierden confianza en los partidos, los gobiernos, los políticos y hasta en la política misma

Organizaciones de nuevo tipo, más horizontales y frescas, van ocupando espacios públicos relevantes

Liderazgos extra-partidarios irrumpen en la vida política, y a veces con inusitado éxito

Nuevas formas de comunicación desafían las fronteras partidarias

Modalidades diferentes de participación política desbordan los límites organizativos de los partidos

Aumenta la reticencia a participar en asambleas, mitines y reuniones políticas

Los mecanismos tradicionales de comunicación que han sido tan amados por los partidos políticos se ven ahora amenazados: periódicos en papel, radio, televisión

Amplios segmentos de la población se vuelcan hacia determinadas causas humanas con similar pasión a la que antes los involucraba en los partidos políticos

La tecnología cambia por completo la vida cotidiana en todo el planeta

Resultados electorales inesperados brotan como hongos por todas partes

Cada vez es más complejo el trabajo de investigación de la opinión pública

Y cada vez es más difícil comprender qué es lo que está sucediendo no solo en la política sino también en la sociedad en su conjunto

¿Acaso esta red de problemas constituye la fase terminal en la declinación de los partidos políticos?

No. De hecho en muchos lugares del mundo algunos partidos y algunos candidatos logran avances espectaculares que casi nadie logra entender.
Si ellos pueden superar este campo minado, ¿por qué no pueden hacerlo los demás?

Cuando la política y la psicología están divorciadas

Un factor crucial en todo este panorama es la psicología del ser humano.

Durante un largo tiempo los partidos políticos comprendieron la psicología de los ciudadanos. Sabían cómo era su estilo de vida, cómo se sentían, cómo pensaban, cómo actuaban, cómo preferían participar en política y cómo preferían informarse. Sabían cómo votaban y cómo se relacionaban entre sí y con los políticos.

Pero además los partidos sabían qué era lo que ignoraban acerca de los ciudadanos y de qué manera podían investigarlo. Y lo hacían.

Esa comprensión de la psicología popular era una pieza fundamental para convertirlos en las grandes estrellas que llegaban a ser.

Pero la política y la psicología se fueron divorciando.

La sociedad comenzó a cambiar de modo vertiginoso y los partidos políticos no le pudieron seguir el ritmo.

La vida de las personas cambió.

No solo en lo exterior, en lo visible, en lo comportamental.

Cambió también en lo interior, en la manera peculiar de pensar y sentir. Cambió en la manera de relacionarse y cambió, por supuesto, en la toma de decisiones políticas.

Y los partidos políticos continúan, en gran medida, trabajando con herramientas desarrolladas en la primera mitad del siglo pasado.

Ya sabes: no se puede cambiar lo que no se conoce.

Los resultados están a la vista de quien los quiera ver.

Psicología política es el nombre que falta

Muchos partidos políticos se preguntan en qué están fallando. ¿Por qué perdieron? ¿Por qué las personas prefieren a otros? Tienen buenas ideas y buena gente, y se esfuerzan mucho durante largo tiempo. Pero algo falta, hay una pieza cuya ausencia impide que se mueva el engranaje.

Psicología política es eso que falta.

Falta comprender cómo vive, piensa y siente la gente de hoy. Falta comprender cuales son las mejores vías de comunicación. Falta comprender cómo capturar la atención en un mundo fragmentado que nos bombardea incesantemente con estímulos. Falta comprender cómo construir la imagen de marca de un partido o de un candidato en tiempos tan fugaces. Falta comprender cómo comunicarse con más profundidad en estos tiempos masivamente solitarios. Falta comprender cómo liderar, cómo persuadir, cómo generar confianza, cómo impulsar, cómo escuchar y cómo hacer política en tiempos revueltos.

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