Honduras: ¿sigue esperando a Godot?

Edgar

Por Edgar Soriano Ortiz

La llamada “democracia” liberal-nacional como organización estatal de los denominados Estado nación “modernos” de la era post revolución francesa (1789) ha llevado a la humanidad por los senderos de la desigualdad y la instauración de verdaderas dictaduras de mercando, pese a que siempre se ha hablado de sus “beneficios”, aun en los primeros 70 años del siglo XX en que se comentaba en los distintos círculos políticos e intelectuales europeos y norteamericanos sobre los pasos para fortalecer una institucionalidad garante de igualdades.

En el caso de América latina y el Caribe, como de otras regiones del planeta, la desigualdad seguía siendo  una historia pétrea, la que el historiador Eric Hobsbwam conoció a partir de la década de 1970  y que le permitió profundizar en sus estudios vitales para comprender las naciones contemporáneas; así como su “corta historia del siglo XX” (1994).

Y, en tiempos neoliberales contemporáneos la desigualdad reviste de engaños mediáticos y represión institucionalizada, con la astucia del dinero y la incertidumbre de la exportación mediante formas de “esclavitud voluntaria” (J.P. Durand, 2011) y procesos organizados de extractivismo de recursos. La voz digna y practica luchadora de Berta Cáceres es desvirtuada en el escenario de la hipocresía embellecida por la prensa que engulle la dignidad para volverla una farsa completa, tanto aprendería Cervantes y Lope de Vega de tal gigantesco molino de historietas para crédulos e incrédulos.

Tal como lo ha planteado el polaco Zygmunt Buaman esa palabra “democracia” ha sido una perenne víctima del orden establecido, donde las mayorías poblacionales viven enajenadas por las “ficciones” mediáticas inmediatistas.   La metáfora de la eterna espera de Vladimir y Estragon personajes de la obra teatral “Esperando a Godot”(1952) del dramaturgo Samuel Becket puede aplicarse a la idea de esperar la llegada de la  construcción de una “democracia” que garantice los derechos inclusivos de la ciudadanía ante un verdadero déficit histórico, premiado por el autoritarismo y la desigualdad social.

La nación hondureña ha estado sujeta a relaciones socio-políticas marcadas por la violencia y el fraude en la elección de gobernantes. Las ansias de las clases medias, minoritarias por cierto,   por tener un “democracia liberal” ha sido un imposible frente a su mismo acomodamiento y  frente a la antañona lógica del caciquismo local. Además, que la corrupción y las componendas en el manejo de la institucionalidad convirtió las relaciones socio-políticas en formas  de padrinazgo donde interactúan todos los sectores sociales.

La gran pregunta es ¿llegará la democracia liberal a Honduras? La respuesta parece estar en la metafórica espera de Becket, sin conciencia filosófica, pero con imaginarios colectivos que seguirán su curso en la construcción de cultura de vivencias al seno de los cerros de historia represiva y repartos elitistas.

La carencia de significados frente a discursos políticos y el “conformismo” de las migajas a lo que se ven obligados por sus condiciones las mayorías poblacionales hondureñas –tal como los mendigos esperanzados pero agotados, Vladimir y Estragon- son la escena de una teatralidad marcada por la decadente relaciones socio-políticas excluyentes y carentes de soberanía, donde el fanatismo acelera el miedo y las vagas esperanzas…

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