No es país para héroes

Por: Foad Alejandro Castillo

Antenoche, en comunión con miles de hondureños, miraba el más que cuestionable programa de entrevistas del periodista de origen mexicano Fernando del Rincón, transmitido en la cadena de Noticias CNN en su versión para América Latina, esperando que, como alguien había anunciado previamente, David Romero Ellner, el artífice del destape del caso del drenaje sistemático del Instituto de Seguridad Social, presuntamente cometido por la cúpula del Partido Nacional, diese otro titular de ocho columnas de magnitud idónea para provocar la desaparición de la liturgia oficialista en el imaginario social, pero nada extraordinario pasó; el gobierno siguió incólume.

rincon romero

Después, al adentrarse la madrugada, encaminé mis recuerdos a la borrosa imagen de un viejecito que visiblemente enfermo, -pues moqueaba a granel-, solicitaba  debajo de un semáforo ubicado a inmediaciones de un centro comercial la caridad de los inmutables choferes de la misma forma que los televidentes de David Romero buscamos en él un gesto de heroísmo, delegando así la responsabilidad que tenemos de forjar una patria.

No es la primera vez que los hondureños añoramos un mesías que nos guíe en el laberinto de nuestra historia marcada por la eterna derrota. Han desfilado en el santoral hasta extranjeros, puesto que poco interesa la nacionalidad si hay alguien decidido a hacer de redentor y morir por todos nosotros en la cruz.

Constantemente se dice en paneles compuestos por miembros de sociedad civil y demás ralea elitista que el peor flagelo que padece la hondureñidad es la corrupción, sin embargo, yo no solamente discrepo con tal diagnóstico, dado que asevero que es la cobardía, sino que también aprecio una suerte de hipocresía extensiva a la mayoría de la población, porque en el fondo, muy en el fondo, nos da esperanzas de ganar la lotería en el desorden generado por una institucionalidad corrompida hasta el tuétano, ya que tradicionalmente apelamos al individualismo en detrimento de la solidaridad cuando aspiramos a la movilización ascendente o sencillamente a sobrevivir.

Sería un despropósito situarse en una posición de superioridad moral debido a que la indolencia o desidia es un patrimonio común. Por activa o por pasiva damos luz verde a esas bandas de ladrones que asaltan el poder como langostas en un maizal. Es así que sabedores de nuestras debilidades añoramos al superhombre nietzscheano, capaz de identificarse con un sistema de valores pletórico de justicia.

Me da la impresión que a diferencia de Silvio Rodríguez  los hondureños no encontraremos de nuevo un animal de galaxia dispuesto a bajar a la guerra. Con Morazán se rompió el molde al momento del fusilamiento en Costa Rica. No hay elegidos entre una multitud de seres comunes. Somos los verdaderos agentes del destino.

Compartir Artículo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *