El desafío a la libertad

Por: Julio Raudales

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JULIO RAUDALESNubes oscuras se ciernen sobre el cielo hondureño. Poco a poco el panorama se ensombrece y la incertidumbre, mal endémico y gravitante en nuestro imaginario desde que somos nación, se posesiona de las mentes y actos de gente.

Pero, ¿Qué provoca tanta aprensión?, ¿Cómo hicimos para llegar a este punto en donde parece que nada ni nadie, salvo el omnímodo poder de la providencia o el “Departamento de Estado”, pudiesen enrumbar la marcha de los acontecimientos hacia un destino que igual no sabemos si es mejor o peor?

Lo mas terrible es la gobernanza de las instituciones. En lo público, los pactos sociales que la ley ampara se diluyen frente a la manipulación de  las élites que a diario buscan horadarlas para la satisfacción de sus mezquinos intereses.

Los políticos vuelven a la carga con su ambición sin escrúpulos y su afán de seguir disfrutando las mieles del poder a través de sus cargos. A falta año y medio para las elecciones generales, ya aceleran sus acciones que solo traen zozobra y provocan mas enfrentamientos entre la ciudadanía.

La última ocurrencia es validar una reelección a todas luces ilegal e inconstitucional con encuestas entre sus mismos afiliados, las cuales no tienen carácter vinculante y de las que además, ya se sabe de antemano sus resultados. La historia parece repetirse, esta vez como comedia para decirlo en términos marxistas.

Si ya la Constitución y las leyes establecen el mecanismo para consultar al pueblo y eso es lo que se deberia de hacer para que de una vez, con base al pronunciamiento popular, se tomen las decisiones que correspondan, ¿Cuál es el prurito de dividir mas a ésta ciudadanía que aun no se recupera del marasmo vivido hace unos años?

Pareciera que a nadie, o a muy pocos interesa la suerte de esos más de cinco millones de personas que se debaten entre la el terror de ser asesinados y la búsqueda de un mendrugo para saciar el hambre de su familia. Es como sí además de vidas y recursos, estuviéramos perdiendo la cordura.

Lo peor de todo es que en este tsunami de malabarismos, incorrecciones y desguisados, existe acuerdo en las dos fuerzas políticas principales. Más allá de los encuentros y despistes en que los miembros de ambos partidos incurren día a día en los medios de comunicación, pareciera haber un consenso en el atropello al estamento legal. Sea cual sea el resultado, ambos lo lamentarán en un futuro que parece mas cercano que tardío.

De acuerdo a la más reciente encuesta de Cid Gallup, el partido  Nacional, que es el mayoritario, recibió 34% de las preferencias, guarismo muy similar al resultado de las pasadas elecciones generales. Esto significa que una gran mayoría (66% de la poblacion con derecho a voto), debería ser escuchada, como debe suceder en toda democracia buena.

Sin embargo, parece que el desasosiego y las prisas por demoler la poca credibilidad pública que nos quedaba se han enseñoreado en las esferas políticas y hay que hacer cualquier cosa para retener o quitar el poder.

El gran problema de este circo, es que en el jolgorio debemos lidiar con la muerte de muchas personas, que se ven privadas de sus ingresos porque deben pagar impuestos y además no obtienen como contrapartida atención médica, ni buena educación, ni servicios adecuados, porque a sus majestades se les ocurre gastarse miles de millones en el jueguito electorero.

La primera forma de esclavitud es la que históricamente generan estados confiscatorios, pero el asunto se agrava cuando además de salteadores, son irresponsables. Esa pérdida de libertad es el comienzo del fin de las sociedades; el estigma de los pueblos condenados a la miseria; el vacio en el que debemos evitar caer.

Y el corolario de la historia comienza a escribirse cuando la conjura abarca el cierre de medios de comunicación y la persecución de opositores. Venezuela es botón de una muestra impresentable y abyecta. ¡Hagamos algo para evitarla!   

Parafraseando a Ghandi: No hay caminos para la libertad, la libertad es el camino.

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