El armamentismo de países empobrecidos beneficia a las potencias

Carlos Zelaya Herrera

Por: Carlos Zelaya Herrera

 

Nuevamente las alarmas suenan en la región cuando en abril el gobierno de Rusia informó oficialmente el envío a Nicaragua de un 1er lote de 20 tanques de guerra T-72B, de un total de 50, a un costo de 80 millones de dólares, como parte del acuerdo binacional de cooperación técnico-militar.

La transacción, de innegable connotación geopolítica, resulta de la visita que en julio de 2014 realizó el presidente ruso, Vladimir Putin, recibido en Managua por el presidente Daniel Ortega, con un discurso de paz.

Estamos comprometidos en la lucha por la paz, contra la pobreza, el bienestar del pueblo y la lucha contra el narcotráfico, afirmó Ortega en aquella ocasión. Analistas del área advierten que Managua utiliza la excusa de atacar al narcotráfico para aumentar sus compras de armas, rompiendo el equilibrio de paz en Centroamérica.

En Costa Rica, la cancillería señaló que esta medida no significa una amenaza directa a su territorio, pero que los países de la región necesitan más educación, salud, tecnología, infraestructura, luchar contra el crimen organizado, tráfico de migrantes y drogas.

En Honduras, el Presidente de la Comisión de Defensa del Congreso Nacional, David Chávez, recomendó repotenciar la Fuerza Aérea Hondureña para equilibrar la carrera armamentista iniciada por Nicaragua. Las voces de alerta incluyen al ex jefe de las Fuerzas Armadas, Romeo Vásquez Velásquez, que subrayó la poca importancia prestada por el gobierno al armamentismo de Nicaragua.

POLICIA MILITAR

Otro jefe castrense, René Osorio Canales, aseguró que a la ruptura del balance militar en Centroamérica el gobierno de Estados Unidos no permite a Honduras repotenciar su equipo.

Analistas dicen que el lenguaje unionista se extingue de la diplomacia regional cuando cualquiera de sus miembros asume acciones unilaterales de esta naturaleza, que incomodan a países socios en instancias como la Conferencia de Ejércitos de Centroamérica y el Sistema de la Integración Centroamericana, entre otros. 

El tema trasciende el propio afán que compras de equipos bélicos debido a que tocan intereses geopolíticos regionales, continentales y globales, en los que potencias como Rusia, Estados Unidos y China son los principales actores en generar escenarios propios.

El armamentismo guarda connotaciones de control de recursos naturales y zonas territoriales; contener procesos de izquierda en América Latina; instalación de bases militares; envío de mensajes a decisiones soberanas, como la construcción del canal interoceánico de Nicaragua, financiado con 50 mil millones de dólares por China, para el caso.

En diciembre de 2015 y por 4to año consecutivo, el volumen de negocios de los 100 primeros fabricantes de armas del planeta se contrajo 1,5%; en 2014 alcanzó 401.000 mil millones de dólares, según el Instituto de Investigación de la Paz Internacional de Estocolmo, SIPRI, por sus siglas en inglés.

Las empresas asentadas en Estados Unidos y Europa del Oeste copan más del 80% del mercado mundial de armas. 36 empresas que representan el resto del mundo vieron subir sus ingresos un 25% el año pasado, merced a una explosión de casi un 50% de las ventas de la industria de Rusia, que figura con 19 constructores y sus filiales en el palmarés del SIPRI.

La superioridad armada únicamente beneficia a quienes las producen y venden; los países más empobrecidos del mundo, sean de África, Asia o América están en la fila de los principales clientes que aportan importantes recursos mientras sus pueblos decaen ante problemas de salud, magros ingresos, poca educación, inseguridad y violencia social

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