Los 128 a prueba

Thelma Mejia

Por: Thelma Mejía

Tegucigalpa.- Hace cuatro años prometieron el oro y el cielo. Una de sus promesas fue luchar contra la corrupción y la impunidad en este país considerado entre las naciones con un alto índice de percepción de corrupción en el continente americano.

El segundo más corrupto de Centroamérica después de Nicaragua, de acuerdo a cifras oficiales.

Fue precisamente esa corrupción, en especial la del Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS), la que llevó a salir a las calles a miles de hondureños en las llamadas marchas de las antorchas del movimiento ciudadano de indignados, en una especie de hartazgo ante tanta impunidad y deshonestidad en Honduras.

Ese movimiento inspirado en hechos similares en Guatemala en donde la corrupción botó a un presidente, su vicepresidenta y casi medio gobierno salpicado por múltiples hechos corruptos, pujó hasta donde pudo por instalar en Honduras una Comisión Internacional contra la Impunidad (CICIH), similar a la del país de la eterna primavera, más no se pudo y surgió lo que ahora conocemos como la Misión de Apoyo contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (MACCIH) de la mano de la OEA.

La CICIH no tuvo el apoyo político de la mayoría de aquellos que hace cuatro años prometieron espejitos a los electores al mejor estilo de la conquista española. Pero sí ofrecieron—en el discurso público—el aplauso, el halago y la algarabía a la llegada de la MACCIH. Me refiero a nuestros diputados en el parlamento.

No hubo entre ellos quién o quiénes cuestionaran la llegada de la MACCIH, su creación fue vista como “la salvación” de Honduras y el compromiso de nuestra elite política por poner punto y final a la corrupción, aunque en el parlamento se siguiera aprobando leyes bajo concesiones cual viejas contratas bananeras hipotecando a las próximas dos generaciones de hondureños.

Pero de la algarabía con que nuestros parlamentarios recibieron a la MACCIH, ahora les asaltan “dudas patrióticas” al conocer que dentro de sus mandatos la MACCIH contempla la figura de la extradición de hondureños sindicados en hechos de corrupción. La incomodidad no se ha hecho esperar, en los pasillos del parlamento hondureño los rumores se intensifican y las posturas “soberanas” también.

Algunos parlamentarios han aceptado que existe nerviosismo entre muchos de sus compañeros por aprobar la figura de extradición por corrupción pues amerita una reforma constitucional para agregar ese tema a los ya existentes aprobados dentro de la extradición vigente que son narcotráfico, crimen organizado y terrorismo.

El fiscal general, Óscar Fernando Chinchilla, ha intentado despejar esas dudas parlamentarias al indicar que aprobar la extradición por corrupción no sería un problema en la práctica, puesto que ese delito es contemplado ya dentro de la figura de crimen organizado. De hecho, fue bajo esa figura que el ex presidente Callejas optó por entregarse a la justicia de Estados Unidos que había solicitado su extradición por el escándalo del Fifa-Gate ligado a la corrupción.

Pero esa tesis del fiscal general no termina de convencer a muchos parlamentarios, quienes deben ratificar la creación de la MACCIH pues ésta trasciende un gobierno, es decir, un período de cuatro años. Para que la MACCIH pueda actuar en su mandato es conveniente que sea ratificada pues no necesitará de cabildeos a cada rato en el congreso para lograr su extensión.

Si el parlamento no ratificara el convenio de la MACCIH, ésta funcionaría igual pero con grandes limitaciones pues no podrá hacer mucho en dos años que restan del actual gobierno, dado los tiempos y la complejidad de su mandato. La MACCIH podría fracasar y el responsable de ese fracaso no serían sus integrantes, sino las elites políticas representadas en el parlamento hondureño.

El fracaso de la MACCIH sería el fracaso de Honduras y evidenciaría que la voluntad política expresada por nuestras elites no fue sincera. Los diputados parece que también se incomodan porque la MACCIH gozará de inmunidad, un elemento esencial pues no es la primera vez en este país donde los testigos protegidos son objeto de atentados o abandonados a su suerte.

Los convenios internacionales otorgan inmunidad a este tipo de misiones por la delicadeza de su trabajo en países altamente peligrosos o altamente corruptos, figuras que aunque nos duelan calzan en Honduras. Pero los parlamentarios parecen estar dispuestos a estudiar hasta “las comas y los punto y coma” para ver como “dan pensamiento” a la ratificación de la MACCIH.

Mientras el presidente del congreso nacional, el diputado Mauricio Oliva, asegura que la ratificación de la MACCIH será sin cortapisas,  la comisión dictaminadora no parece pensar igual y en el pleno del hemiciclo afloran también las divergencias. La elite política parece estar temerosa de los alcances de la MACCIH, la algarabía inicial ha bajado de tono.
Al retorno de la semana santa y el inicio de las actividades parlamentarias en el congreso, hoy más que nunca, los 128 diputados y diputadas hondureñas estarán a prueba en su compromiso, en su discurso, en su ética y en su probidad.

Como aseguraron los integrantes de la MACCIH en su discurso de llegada al país, la corrupción es el crimen de nuestros tiempos en las Américas. El corrupto no solo roba al Estado. Le roba al pueblo y en un país como Honduras eso es horrendo. Los 128 están a prueba.

 

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